Humedales de Península Valdés (Chubut)


Coordenadas geográficas

42° 30″S; 62° 20″W (coordenadas del centro del sitio)

Área

Subsitio Golfo San José: 34.490 ha

Subsitio Golfo Nuevo: 8.205 ha

Total: 42.695 ha

Altitud

Nivel del mar.

Localización

El sitio se encuentra dentro del Área Natural Protegida Península Valdés (declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO), en la Provincia del Chubut, Patagonia, Argentina, y se divide en dos áreas separadas, cada una sobre la costa de los golfos que enmarcan la península: Subsitio Golfo San José y Subsitio Golfo Nuevo.

Fecha de designación como sitio Ramsar

20/07/2012

Otras designaciones

Área Natural Protegida (provincial), Patrimonio Natural de la Humanidad (UNESCO).

Características principales

El Subsitio Golfo San José, comprende un conjunto de playas arenosas encadenadas, ubicadas sobre las costas este y sur (playas Bengoa, Punta Conos, Fracasso, Larralde, Blancas, Iriarte, Isla de los Pájaros y Riacho San José) separadas entre sí por costas rocosas. Por otro lado, el Subsitio Golfo Nuevo, es una playa de arena (playa Colombo).

Estos sitios son humedales marino/costeros. Mayormente son playas con sustrato arenoso, separadas entre sí por acantilados y costas rocosas. Dado que las pendientes de dichas playas son muy leves y que la amplitud de mareas en estas latitudes es muy amplia, durante las bajamares quedan al descubierto extensos intermareales. Si bien existen variaciones en cada playa, en general, la extensión máxima de los intermareales (distancia entre líneas de bajamar y pleamar) varía entre 1 y 2 kilómetros.

La importancia de estos humedales se basa en su calidad como sustento trófico de diferentes especies de aves marinas (tanto residentes como migratorias) y de playeras migratorias, que hacen aquí su parada durante sus desplazamientos anuales.

Los sitios de parada son muy importantes durante un período del ciclo vital de las aves playeras, su desplazamiento migratorio entre la tundra ártica y la costa patagónica sur, de entre 25.000 y 35.000 km, dado que estas especies son estrictamente fieles a dichos humedales (en parámetros tanto geográficos como cronológicos) como así también son fieles al alimento que en los mismos obtienen. Mediante complejos procesos evolutivos, las mismas han desarrollado mecanismos fisiológicos que las hacen dependientes de un abanico estrecho de presas que capturan en cada localidad de parada. Por ello, estos ambientes, actúan como cuellos de botella de los que depende la supervivencia de las especies, entre las que se destacan los playeros rojizo (Calidris canutus rufa), de rabadilla blanca (Calidris fuscicollis), de rabadilla partida (C. bairdi) y blanco (C. alba), y la becasa de mar (Limosa haemastica) y el chorlo de doble collar (Charadrius falklandicus) y el ostrero americano Haematopus palliatus durnfordi (Bala, 2006, 2008).

En los intermareales se desarrollan comunidades de invertebrados bentónicos. En las playas arenosas, los organismos tienen hábito de vida infaunal destacándose ciertas especies de moluscos (almejas y caracoles), poliquetos y crustáceos (isópodos, anfípodos, decápodos y ostrácodos).

Dentro de todas las playas arenosas que se incluyen en el sistema Península Valdés, dos de ellas, Playa Fracasso y Riacho San José, se caracterizan por poseer una comunidad vegetal de plantas halófilas (marisma) situada en los niveles altos del intermareal (géneros Spartina, Sarcocornia y Distichlis). Las especies de estos géneros son consideradas bioingenieras por crear un tipo de ambiente diferente al preexistente al momento de su llegada o establecimiento. De este modo, generan hábitat y proveen alimento para numerosos animales que dan forma y estructura a la marisma local.

La importancia de las especies de fauna del sistema de playas debe ponderarse bajo dos diferentes aspectos. En primer lugar, el ensamble de especies de invertebrados bentónicos ofrece, por cantidad y calidad, una enorme y diferencial oferta de alimento a las aves playeras migratorias. En segundo lugar, debe mencionarse la avifauna. Más allá de las poblaciones de aves playeras antes mencionadas, las cuales simbolizan la esencia del valor de estos humedales, la avifauna está representada por otras especies, tanto migratorias como residentes. Destacamos, entre otras, el pingüino magallánico (Spheniscus magellanicus), dos especies de gaviotas (Larus dominicanus y L. maculipennis), gaviotines (Sterna spp.), ostreros (Haematophus ostralegus), flamencos (Phoenicopterus chilensis), patos (Lophonetta specularioides) y cisnes de cuello negro (Cygnus melanoryphus).

Estas costas son utilizadas también como área de uso por el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens), de elefantes marinos (Mirounga leonina). Asimismo, destacamos que las zonas marinas aledañas al sitio propuesto, son visitadas anualmente por la ballena franca austral (Eubalaena australis).

En la estepa patagónica se destaca la presencia de herbívoros como especies más conspicuas: guanaco (Lama guanicoe), mara (Dolichotis patagonum), ñandú (Rea americana) y martineta (Eudorina elegans).

Con respecto a los valores culturales e históricos, los registros más antiguos de ocupación humana en la Península Valdés muestran que hace unos 4800 años ya estaba habitada por poblaciones de cazadores-recolectores que vivían cerca de la costa y que se desplazaban continuamente a lo largo de ella y hacia zonas interiores en busca de agua dulce. Estos pobladores estarían genéticamente emparentados con los aborígenes Tehuelches o Patagones de tiempos prehispánicos. En las primeras prospecciones se han ubicado diversos sitios en las costas de los golfos San José y San Matías. En Península Valdés se destacan los siguientes puntos: Puntas Juan de la Piedra, Gales, Logaritmo y Tehuelches y Médanos Flecheros de 39 y de Punta Conos como áreas que has sido utilizada por los aborígenes. En los sitios costeros se hacía aprovechamiento de recursos terrestres y marinos: moluscos, crustáceos, peces, aves, lobos marinos y guanacos. En algunos sitios los materiales líticos asociados eran mayormente desechos de talla o instrumentos expeditivos; en otros, se recogieron además puntas de proyectil, bolas, placas grabadas, artefactos de molienda, tiestos de cerámica y otros.