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[Salta] El arte de aprender a vincularse

Las Mesas de Asociativismo y Economía Social representan un desafío para las organizaciones que las componen. Pequeñas cooperativas y grandes federaciones se sientan a la misma mesa a debatir, proponer y acordar acciones que las involucran para conformar la Comunidad Organizada. La historia de cómo se formó el Núcleo Promotor en Salta Capital sirve de ejemplo de cómo se pueden entramar asociaciones de distinto origen y coordinar proyectos por el bien común.


Las Mesas de Asociativismo y Economía Social representan un desafío para las organizaciones que las componen. Pequeñas cooperativas y grandes federaciones se sientan a la misma mesa a debatir, proponer y acordar acciones que las involucran para conformar la Comunidad Organizada. La historia de cómo se formó el Núcleo Promotor en Salta Capital sirve de ejemplo de cómo se pueden entramar asociaciones de distinto origen y coordinar proyectos por el bien común.

“Empecé a trabajar para ayudar en la organización de la Mesa después de una charla que dieron en Salta Mario Cafiero y Carlos Cleri, fue un impacto porque hasta ese momento no habíamos escuchado de algo así, nos pareció una idea fantástica, nosotros éramos una cooperativa que ni siquiera tenía regulada la situación legal y a partir de esa charla empezamos a trabajar para reunir a las organizaciones que conocíamos, que son chiquitas, pero tienen mucho trabajo territorial”, comenta Carlos Suárez, referente del Núcleo Promotor de la Mesa de Salta Capital e integrante de la cooperativa de trabajo La Compañera.

Durante esos primeros pasos, a las organizaciones que iniciaron el entramado salteño se fueron agregando otras que representaban a instituciones tradicionales como escuelas, bomberos, clubes. En esa etapa se logró reunir a 35 grupos asociativos que empezaron a plantear un esquema básico de las necesidades que podían atender en una ciudad de casi 800 mil habitantes y que tiene fuertes contrastes entre el esplendor colonial de algunos barrios hasta la dura realidad de ser la segunda ciudad con mayor índice de pobreza del país.

“Ese comienzo no fue fácil porque costó entender la lógica de la propuesta. Lo primero que surgía cuando contábamos el proyecto era la pregunta: “¿qué nos van a dar?”. Es lógico porque estamos azotados en Salta, con muchos problemas y, entonces, lo primero en lo que piensan los compañeros es de qué manera poder conseguir un poco de aire. También había desconfianza porque hubo muchas experiencias anteriores que intentaban reunir organizaciones y se quedaban en promesas”, relata Suárez.

El referente salteño sintetiza cómo se lograron superar esas desconfianzas: “De a poco fueron comprendiendo que la salida la teníamos que buscar entre todos y que nosotros teníamos que ser los protagonistas. Era pensar al revés, en lugar de la idea de ‘sacar’ algún beneficio al juntarnos, teníamos que pensar en ‘poner’ las ideas para salir adelante. Eso es muy difícil, porque hay una cultura del clientelismo que tiene mucho tiempo y cuesta aceptar una forma distinta. En esto nos ayudó mucho el delegado de INAES, Tane de Souza, todos lo conocemos y lo respetamos”.

Del conflicto al trabajo conjunto

Las 35 organizaciones iniciales tuvieron que ampliar su estrategia hacia otras asociaciones más grandes para ampliar su legitimidad como representantes de la Comunidad Organizada. La llegada de actores de mayor peso en el mundo asociativo local generó una nueva tensión.

“Habíamos empezado a tejer esta construcción colectiva, pero cuando empezaron a sumarse las organizaciones grandes con las que no teníamos vínculos, aparecieron diferencias porque estaba el temor de que esas asociaciones nos quitaran protagonismo y algunos decían: ‘va a pasar lo mismo de siempre’. Esa otra crisis la superamos porque se empezaron a generar vínculos entre los chicos y los monstruos, y pudimos comprobar que había espacio para hacer cosas juntos. Hay que entender que, de golpe, estábamos sentados junto con la CGT, el club Juventud Antoniana, el Credicoop; eran instituciones con las que jamás habíamos tenido contacto. Pero todas vienen de historias asociativas, después a lo mejor crecen y se despersonalizan, pero tienen una función social”, sostiene Suárez.

Con el consenso llegó la etapa de los proyectos. Reunidos por separado en mesas de solo 10 integrantes por disposiciones sanitarias a causa de la pandemia, los integrantes del Núcleo Promotor empezaron a trabajar en proyectos comunes que empiezan a tomar forma. “Ahora estamos organizando un proyecto que se llama ‘Todos Unidos Morfaremos’, que es un sistema de compras comunitarias que impulso un grupo de vecinos para acercar alimentos de pequeños productores a un buen precio, con el apoyo de Juventud Antoniana, que nos cede un espacio en sus instalaciones para que podamos entregar los productos. El Credicoop, además, nos faciltó la apertura de una cuenta para que podamos recibir las transferencias de los pagos. Es el principio de una idea más grande que es la de organizar un circuito de compras locales para favorecer a nuestros productores cooperativos”.

Entre otros temas prioritarios que analiza ese NP figuran también la asistencia a las comunidades originarias, que tienen una fuerte presencia en la capital salteña y forman parte del sector con mayores dificultades económicas; el fomento del cooperativismo para generar trabajo en un municipio con 14% de desempleo, y pensar más acciones para atender las necesidades de alimento, tanto en la producción como en la distribución de esos productos.

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