Mercado Territorial: Un circuito de consumo solidario

Mercado Territorial es una de las experiencias de intermediación solidaria pioneras en la organización de circuitos socioeconómicos cortos que vinculan a pequeños productores populares con consumidores, en un intercambio que supera lo meramente económico comercial al plantearse vínculos sociales más profundos en torno a los alimentos y la forma en que se relacionan con mejorar la vida de todes.


El jueves 18 de marzo, Laura Niño y Martín Garo, docentes de la Universidad de Quilmes (UNQUI) e integrantes del equipo de gestión de Mercado Territorial, ofrecieron una charla abierta a los integrantes de los 134 Núcleos Promotores de las Mesas, para reflexionar sobre estrategias alternativas de circuitos cortos de comercialización de alimentos y el fortalecimiento de la agricultura familiar y la economía social y solidaria. El encuentro fue convocado por la Red de Mesas del Asociativismo y la Economía Social, en el marco de la Propuesta de Proyecto Comunitario “Hacia la Soberanía Alimentaria”.
En el comienzo, Nelly Schmalko, coordinadora de la Red de Mesas del Asociativismo, quien también participó del grupo que organizó Mercado Territorial en 2015, destacó la diferencia entre el modelo tradicional de mercado y los circuitos cortos solidarios porque “son experiencias que no sólo aportan un cambio en lo organizativo sino que los vínculos entre productores y consumidores se basan en la confianza porque la garantía del sistema son las personas que se involucran y el consumo se vuelve un hecho político”.
Martín Garo consideró que las intermediaciones solidarias como Mercado Territorial “trabajan en un espacio multidimensional, acompañando procesos y entramados de la agricultura familiar y la Economía Social y Solidaria, no sólo facilitando la comercialización en los circuitos cortos sino también apoyando la asistencia técnica que se requiere para mejorar la oferta de productos”.
“Se trata de trabajar pensando cómo mejorar el acceso a los alimentos de los pequeños productores y, al mismo tiempo, llegar con precios justos a los consumidores de modo que haya un beneficio recíproco donde los productores reciben un pago justo por su trabajo y los consumidores acceden a alimentos sanos y sin pagar de más”, aseveró Laura Niño.

El mercado
“Se ha instalado la idea de que hay una única forma de mercado, pero no es así. Los mercados son tan antiguos como la humanidad, lo que ha cambiado es su grado de extensión y su forma de funcionamiento. El mercado se asume como un proceso de construcción social históricamente determinado, conformado por sujetos sociales que imponen pautas y valores específicos en la acción de intercambio. Es un sistema complejo de interrelación y de relaciones de fuerza entre los sujetos, individuales y colectivos que ocupan diferentes lugares en la estructura económico-social y que participan con distintos fines e intereses en un determinado circuito económico”, sostuvo Niño.
“Son espacios donde se cristalizan las relaciones de poder existentes en la sociedad y, por lo tanto, se constituyen en espacios de disputa. Pero en los mercados también se producen intercambios que no tiene que ver necesariamente con un fin económico comercial sino, por ejemplo, para recrear y fortalecer las relaciones sociales y culturales de una comunidad, el intercambio que se da en un mercado popular es muy distinto al de las grandes superficies comerciales orientadas exclusivamente al negocio”, agregó Niño.
A respecto, Garo planteó las consecuencias de la hegemonía del modelo actual de comercialización de los alimentos: “El mercado convencional en la actualidad está dominado por el concepto de que el alimento es una mercancía y en la búsqueda de lograr el mayor rédito el agronegocio apela al uso de contaminantes, agrotóxicos y otros productos que pueden dañar la salud, lo que comúnmente se llama comida basura, que viene de alimentos ultraprocesados . Por otra parte, es un modelo muy concentrado y deja al negocio alimentario en muy pocas manos. Hay siete empresas que concentran a nivel mundial la producción de semillas y paquetes tecnológicos, tienen un poder enorme para orientar los consumos y las prácticas agrícolas. Lo mismo pasa con la comercialización, en la Argentina hay siete empresas que ejercen el control mayoritario de la venta de alimentos, tienen apenas el 15 por ciento de las bocas de expendio, pero venden casi el 60 por ciento de los alimentos y por eso tienen la posibilidad de fijar precios, como estamos viendo hoy en el mercado de alimentos”.

Los circuitos socioeconómicos
Frente a este panorama, experiencias de comercialización como Mercado Territorial proponen una alternativa que Laura Niño describió en detalle: “Los mercados que surgen con la Economía Social y Solidaria buscan humanizar los intercambios, cambiar el estado actual de cosas y proponer una nueva ética; son mercados que generan trabajo digno porque se redistribuyen los excedentes de un modo diferente, pero además constituyen dispositivos de intercambios e innovación social que buscan dar respuesta al desafío de una alimentación accesible, saludable y sostenible en distintos ámbitos territoriales, locales o regionales”.
“Las tramas de relaciones, trabajos y flujos económicos que generan buscan al mismo tiempo satisfacerlas necesidades alimentarias de la población y mejorar las condiciones de acceso a los mercados de pequeños productores de la agricultura familiar cooperativa y pequeñas empresas locales de alimentos. Son circuitos que tienen uno o ningún intermediario entre la producción y el consumo; que, además de reducir la cadena de intermediación, logra construir vínculos y relaciones sociales de cercanía entre los distintos actores del sistema de abastecimiento y favorecen el desarrollo local y el reconocimiento entre productores y consumidores”, completó Niño.
Garo recordó que Mercado Territorial nació con la idea de vincular a los productores que no accedían al mercado convencional mediante una intervención solidaria que reemplazara al sistema de intermediarios que imponen precios de explotación a los productores. “Empezó en 2015 a partir de los vínculos que la UNQUI tenía con productores de la zona, primero con la venta de bolsones de frutas y hortalizas y, más adelante, incorporando otros productos de la Economía Social y Solidaria, de a poco se fue formando una red que hoy tiene 120 nodos que abastecen a unas 3 mil familias cada 15 días”, relató Garo.
“Todo este proceso fue un gran aprendizaje y vamos incorporando acciones como talleres, cocinas colectivas, foros de cine; todo esto en función de fortalecer la producción y distribución de alimentos. También hemos logrado articular trabajos en conjunto con otras organizaciones sociales en otro proyecto que se llama Alta Red, allí logramos apoyar y acompañar a productores que están más lejos, generando sistemas de distribución y comercialización en conjunto, lo que permite que esos alimentos lleguen al AMBA. En ese caso, hay un acuerdo para recargar un 8 por ciento el precio pactado para formar un fondo común que permita el funcionamiento de la red, esto es fundamental no solo para que la red continúe sino para poder generar nuevos contactos y ampliar la experiencia. Actualmente llegan al depósito que compartimos en el Mercado Central entre 1500 y 2000 bultos semanales, que representan unos 440 mil kilos de mercadería”, enumeró Garo.

El consumo es político
“Mercado Territorial es una red donde los productores, los consumidores y el equipo de trabajo que realiza la intermediación solidaria buscan una alternativa en la que además de los alimentos se da un intercambio donde circulan los saberes, sentidos, vínculos, que forman un mundo simbólico de la red. El consumo deja de ser una cuestión meramente comercial y toma una dimensión nueva que problematiza el consumo como práctica social, económica y política, porque comer es un acto político”, aseguró Niño.
“Los mercados de la Economía Social y Solidaria plantean una Relación social visible entre productores y consumidores, son más democráticos y participativos, generan trabajo digno y compromete a los actores a orientar el consumo hacia alimentos seguros, sanos y soberanos. Son espacios que confrontan con un mercado establecido que dificulta el acceso a alimentos saludables y genera problemas para que los productos de la economía social participen en el mercado por su escaso poder de negociación. Es una forma de poner en discusión a la cultura del supermercado, que forma precios y genera pobreza”, concluyó Niño.
Otro tema abordado fue la construcción social del precio, otra de las características que distinguen a la intermediación solidaria del mercado tradicional. “Es otro de los aspectos que fuimos construyendo y es de los más complejos. Desde un principio con los productores acordamos organizar asambleas en las que se toman en cuenta los insumos que se utilizan para la producción, el trabajo que se realiza y otros costos como el transporte; se hace un balance de todos esos componentes y se contempla también la participación de los nodos de consumo, porque también hay allí un trabajo de organización a tener en cuenta. Con todas esas variables, se concluyó que una distribución justa de los beneficios que contemplara el trabajo de todas las partes era un 60 por ciento del precio final para el productor, un 28 por ciento para la comercializadora solidaria y un 12 por ciento para los nodos, es un acuerdo consensuado que hasta ahora ha funcionado bien”, afirmó Garo .