[Intermesas] “Hay que sumar todas las redes posibles en la construcción de un nuevo paradigma alimentario”

El ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, Director Nacional de Agroecología y uno de los referentes que apoya el trabajo de las Mesas del Asociativismo y la Economía Social, brindó una charla en el marco del Proyecto Comunitario “Hacia la Soberanía Alimentaria” donde reflexionó sobre la agroecología como estrategia colectiva.


“El paradigma actual supone que la naturaleza está a expensas nuestra, pero nosotros somos parte de la naturaleza, cohabitamos, estamos en comunidad y debemos entender que esa comunidad es más que la suma de los individuos, que puede ofrecernos una vida mejor”, sostuvo Eduardo Cerdá, el primer funcionario encargado de Agroecología en la historia argentina. Desde hace tres décadas este ingeniero agrónomo nacido en La Plata se dedica a poner en marcha y difundir proyectos agroecológicos que demuestran que esa forma de cultivar no sólo es saludable y diversa sino que puede ser más rentable que los procesos de producción que toman a los alimentos como negocios, sin importar las consecuencias ambientales que producen.
Convocado por la Red de Mesas del Asociativismo y la Economía Social, como parte de la Propuesta de Proyecto Comunitario “Hacia la Soberanía Alimentaria”, Cerdá brindó una charla abierta a los integrantes de los 132 Núcleos Promotores de las Mesas en la que explicó el cambio profundo que significa la agroecología y la importancia de la comunidad organizada para defender formas de producción agrícola que pongan a la vida y la naturaleza por encima del interés individual. Aquí reproducimos los principales pasajes de la charla.

“Hay muchos tipos de agricultura. En los últimos 30 años predominó una que usa químicos y que algunos piensan que es la única forma de producir, pero hay montones de formas de hacer agricultura. La agroecología es una de esas formas, y además es una ciencia que se estudia en universidades como la de La Plata desde hace 20 años. Pero además de ciencia, es también un movimiento social impulsado por organizaciones como el Movimiento Campesino Indígena y muchas otras organizaciones populares. Aparte, la agroecología es acción porque hay grupos de productores en todo el país, hay municipios que la fomentan desde el RENAMA, hay leyes que la impulsan en varias provincias como La Pampa o Misiones y el Estado argentino la reconoce”.

“Creemos muchas veces que en la Argentina la forma de producir está basada en el negocio, los márgenes brutos, eligiendo por lo que da más renta. Se ha perdido de vista la complejidad, las interrerelaciones, todo se basa en la competencia y la adaptación del más fuerte. Ese es el sistema que domina y que ha provocado que se pierdan 100 mil productores a causa del monocultivo. Se aumentó el uso de agroquímicos, aumentando los costos, obsesionándonos con la competencia. Hemos perdido la diversidad, el 70% de lo que se produce es soja y maíz, solo dos cultivos”.
“El aumento en el uso de agroquímicos es por un desequilibrio en la forma de producir. Es consecuencia del monocultivo, la falta de rotaciones, que no se cuiden los cultivos que generan fertilidad. El uso de plaguicidas en la Argentina aumentó de 73 millones de litros en 1995, a 317 millones en 2012 y hoy está estimado en unos 500 millones de litros y esto sin que se haya duplicado la superficie cultivada”.
“La suba de los precios de los alimentos, como explicó el ministro Matías Kulfas, es porque el valor de los insumos está supeditado al del dólar. El negocio de los agroquímicos representa 2.800 millones de dólares, el 80 por ciento de esa cifra son productos que se importan, gran parte de la cuestión pasa por disminuir importaciones. Entonces, ¿qué hacemos?, ¿seguimos aumentando la cantidad de agroquímicos para producir? ¿dónde paramos? ¿en 700 millones de litros?, ¿en mil millones? Es necesario plantearnos un programa nacional de disminución del uso de agrotóxicos.

“Con el sistema actual, los suelos están perdiendo estructura, no drenan, se pierde entre un 30 y un 50 por ciento de fertilidad, que afecta la productividad. Se ha encontrado glifosato en las nubes, en Pergamino se detectaron 18 agrotóxicos en el agua, y eso pasa en muchos lugares. Incluso se puede verificar que esta forma de producir hace que los productos pierdan calidad como en el caso del algodón cuya fibra es más corta y perjudica su valor en el mercado. Esto afecta también a los productores vecinos que no usan estos métodos, en La Aurora, que es un campo agroecológico, hemos detectado la presencia de 10 agroquímicos, que llegan por los campos vecinos”.
“Hay que plantearse qué modelo queremos, si no podemos ver la calidad y el rendimiento desde otro lugar. La agroecología es socialmente justa porque busca que haya alimentos sanos a precios justos, reconoce los saberes locales, forma parte de la soberanía alimentaria, busca participar del mercado interno, pero también puede ser exportada, genera empleo y fortalece los vínculos familiares. Por otra parte, contra lo que muchos suponen, es económicamente rentable porque genera trabajo con costos más bajos y con rendimientos similares porque no usa agrotóxicos. Y la tercera característica es que es ecológicamente sustentable porque respeta la biodiversidad, no usa agrotóxicos, regenera los recursos naturales y es eficiente energéticamente. Todos esos pilares deben ser simultáneos y responder a una transformación espacial y temporal”.

“Hoy la agroecología plantea un escenario muy alentador. Hay muchos investigadores que aportan soluciones, que corroboran y evidencian las ventajas de estos cultivos y que analizan los problemas en los modelos de producción. Hay un número creciente de productores agroecológicos, municipios que la están fomentando y consumidores que entienden la importancia del alimento para sentirse bien y no sólo llenar la panza”.
Hay evidencia de que, contra lo que se cree, la agroecología puede mejorar los rendimientos y la rentabilidad. En el caso de La Aurora, la experiencia demostró que el rendimiento del cultivo de trigo en superficies similares a las de sus vecinos fue de 4.300 kilos contra 1.500 a 200 kilos de los campos cercanos. El costo también mostró una diferencia importante, al no usar agroquímicos, se gastaron 148 dólares contra los 417 dólares promedio de sus vecinos. Este caso es una de las 52 experiencias exitosas del mundo, seleccionadas por Naciones Unidas”.

“El microbioma humano comparte bacterias similares al vegetal, están vinculados. La alimentación sana incluye gran cantidad de fibras, minerales y vitaminas de frutas y verduras. El uso de pesticidas, herbicidas y fungicidas en la producción de alimentos tiene efectos drásticos en los microbiomas de las plantas en el suelo porque los agrotóxicos permanecen en lo que comemos, entonces contienen menos nutrientes”.
“Esto es muy importante, por ejemplo, para todo lo que se produce con el maíz, porque además de que lo comemos nosotros, también es el alimento de cerdos y pollos. Si se produce pensando exclusivamente en el rendimiento y no en la calidad del alimento el resultado es que los granos con los que nos alimentamos tienen menos minerales”.

“Otro tema es el desarrollo local. Hoy cualquier alimento tiene 30 por ciento de costo de flete. Los alimentos pierden frescura, se trasladan muchos kilómetros y kilómetros, incluso es una de las causas más frecuentes de accidentes. Es estratégico generar granjas integrales con agregado de valor en cada comunidad, para tener alimentos frescos de calidad ¿Cómo las construimos? ¿Con más producción? ¿Mejoramos la calidad? ¿Cuidamos nuestros suelos, producciones, regiones? ¿incentivamos la investigación? Estamos trabajando para fomentar ordenanzas que protejan la agroecología en nuestros municipios. Las Mesas pueden ayudar a construir comunidades sanas y solidarias”.
“El nuevo paradigma de la física cuántica y los nuevos modelos, completan la teoría evolutiva de cohabitar. Incorporan la cooperación, la solidaridad y las propiedades emergentes de los sistemas. El todo es más que las sumas de las partes, hay que incorporar la mirada sistémica, holística y multifuncional. Tengamos en cuenta aspectos del nuevo paradigma. Y tratar de hacer circular los bienes y no acumular, entender las relaciones, la empatía, la solidaridad, aprender a cohabitar. El todo es más que la suma de los individuos”.

“Las Mesas del Asociativismo pueden tener un rol muy importante. Debemos pensar y ayudar a gestionar en el territorio apoyando procesos de producción local de alimentos frescos sin conservantes, las ferias locales, fomentando ferias locales, organizando con la comunidad sistemas participativos de garantías, y ordenanzas de fomento a la agroecología”.
“Este cambio es como el del cigarrillo. Algunos recordarán que en los viejos colectivos los asientos venían con apoyabrazos que tenían ceniceros para que los fumadores pudieran apagar las colillas. Eso hoy sería impensable, todo el mundo tomó conciencia de lo perjudicial que es fumar. Un día nos daremos cuenta de que los agrotóxicos son inviables y que fueron parte de un determinado momento”.

“Hay que entender que cohabitamos, que somos parte de la naturaleza, no que la naturaleza está a expensas nuestro. Todos tenemos derechos a vivir en un ambiente saludable, con alimentos, agua y aire sin contaminar, tal como lo dice el artículo 41 de la Constitución Nacional. Sabemos que esta es una construcción en redes. Nos vamos entrelazando y fortaleciendo, las Mesas, el RENAMA, INTA, INAES, hay que sumar todas las redes posibles, redes y más redes”