Si el virus no discrimina, vos tampoco

Columna de la titular de INADI, Victoria Donda, sobre los últimos casos de discriminación.


Durante la pandemia del coronavirus, desde el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) actuamos en distintos casos de discriminación: dueños que buscaban especular con alquileres ante esta situación, personas de origen chino que denunciaron discriminación étnica, personas trans que necesitaban alimentos, antisemitismo en los medios, entre otros.

Pero está apareciendo con fuerza otro fenómeno que es la enorme cantidad de casos de discriminación hacia personas que están contagiadas del coronavirus, e incluso al personal médico y de enfermería que las atiende y asiste.

Esto nos puede llevar a dos tipos de salidas: una que ya conocemos y no debemos repetir; y otra que nos desafía a tener las políticas públicas necesarias, pero también del cuidado colectivo entre todxs.

Por un lado pienso en El cuento de la criada de Margaret Atwood, una historia de ficción que, según su propia autora, no se basa en un futuro lejano y distópico, sino en un pasado cercano de casos reales.

Los leprosarios fueron una forma de aislar a las personas que tenían lepra, una enfermedad temible pero que, paradójicamente, no se contagiaba por el contacto; los manicomios eran –y siguen siendo en muchos casos- lugares de aislamiento para personas con padecimientos mentales tampoco contagiosos; cuando apareció el SIDA, la llamada “peste rosa”, a quienes portaban el virus los aislaban, los discriminaban, los echaban de sus trabajos, y echaban también a los médicos que los atendían.

¿Vamos a repetir esa triste historia?

La pandemia que hasta hace poco veíamos como algo utópico, ya sucedió y está sucediendo. Depende de nosotras y nosotros curarla con individualismo o el sálvese quien pueda, o tomarla como una posibilidad para ser mejores. Esa es la segunda parte que quiero resaltar.

Así como nos llegaron denuncias de un consorcio de vecinos que estigmatizan a un paciente infectado de manera leve, vemos en la sociedad emotivos actos de solidaridad y empatía con el personal médico y otros/as trabajadores/as que hacen posible que la vida siga en medio del aislamiento. Por fin ese trabajo es puesto en valor tal cual se merece. Pero no podemos aplaudir a las 9 de la noche y discriminar a las 9 de la mañana. Tenemos que informarnos bien para que las emociones que afloren no sean irracionales ante esta emergencia y no dejarnos llevar por el miedo.

Como predicamos desde el Gobierno nacional, es momento de ser solidarixs y de entender que si no nos ocupamos de los adultos mayores todo puede terminar peor; que no vamos a solucionar nada estigmatizando a otras personas, sino al contrario; y sobre todo recordar que los verdaderos valores para enfrentar esta pandemia son esos mismos que fundaron el sistema de salud pública tan necesario para que si vos, tu hija o tu hijo se enferman, no se mueran.

Si el Co-vid no discrimina, vos no discrimines, porque de ésta salimos entre todxs.