“Lo que más valoro de mi recorrido profesional en el INTI es la libertad para pensar, proponer y hacer”

Mariana Carfagnini es la protagonista de una nueva emisión de “Tecnólogas que transforman”, el ciclo de videos que visibiliza los logros de las mujeres del INTI. Para aportar soluciones que disminuyan la propagación del COVID 19, la especialista en Sistemas de Calidad de fibras naturales participó de un proyecto financiado por la Agencia I+D+ i del MinCyT, por el cual se adquirió un equipo único en el país para ensayar elementos de protección respiratoria.


“Cuando estudiaba Ingeniería Química en la UBA y diseñaba intercambiadores, bombas o caños, en una carrera orientada al sector petrolero, no imaginaba que en unos años iba a estar trabajando en un galpón de esquila en medio de la Patagonia”, cuenta Mariana Carfagnini , especialista en Sistemas de Calidad de fibras naturales del instituto.

Luego de una pasantía de cinco meses en la refinería de Shell, una experiencia aspiracional para un estudiante de su carrera, Mariana sintió que había algo de lo corporativo del sector privado y de un ambiente con una marcada presencia masculina que no la motivaba.

En busca de nuevos rumbos, ingresó al Área de Calidad de Textiles del INTI, luego de que su jefa de trabajos prácticos en Química Orgánica, donde era ayudante, le comentara que en el instituto había una beca para acreditar su primer laboratorio. Desde allí comenzó a trabajar en la implementación de sistemas de calidad en el sector textil, especializándose posteriormente en la fibra de lana.

Con menos de 30 años y tan sólo cuatro en INTI, asumió la coordinación del Laboratorio Físico de Textiles con el propósito de transformarlo en una unidad técnica que ampliara su injerencia en el entramado productivo. “Fue un gran desafío. Comenzamos a trabajar junto a los programas nacionales de mejora de la calidad de la lana y de fibra de algodón del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, asistiendo a los productores de todo el país, y logramos montar un laboratorio para realizar ensayos en lana sucia, que es la lana recién esquilada”, cuenta la especialista en Calidad del DGQ de Alemania y del Instituto Nacional de la Calidad Industrial (INCALIN).

“En nuestro país tenemos gran cantidad de fibras naturales, tanto animales, como vegetales, que tienen grandes posibilidades de diferenciación para exportación y consumo local. Buscamos agregar valor a esos productos, aportando tecnología para la extracción de las fibras y la producción de hilados a escala industrial, semi industrial y artesanal. A la par, generamos estrategias para visibilizar los tejidos argentinos, para hacerlos propios, tal como sucede con los vinos”, explica.

Entre tantos proyectos nacionales e internacionales de apoyo al sector, destaca el aporte de tecnología a dos empresas de Catamarca para procesar la fibra de llama en el marco de un FONARSEC del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MinCyT). “Una de ellas adquirió una descerdadora. Fue un proceso productivo muy difícil de poner a punto, porque en el mundo no se industrializa la fibra de llama, que es un recurso local, y no existe en el mercado un equipo para procesarla, por lo que adaptamos un equipamiento diseñado para el cashmere. Fue una experiencia inédita que nos dio un importante avance en conocimiento”, cuenta Mariana.

Otro proyecto de relevancia fue entre el INTI y la Unión Europea, en el cual la experta del instituto coordinó la instalación de laboratorios para el análisis de fibra de algodón en Chaco y Santiago del Estero e impulsó el relevamiento de artesanos en Jujuy con el objetivo de crear una estrategia de comercialización de las fibras naturales argentinas, especialmente de camélidos (llamas y guanacos).

También impulsó la instalación de una Minimill (o mini hilandería) en Payún Matrú, Mendoza, a través de la participación en un proyecto FONARSEC que lideró el CONICET. Se trata de una planta de menor escala para la producción de hilados semi industriales, disponible para artesanos y pequeños productores que, con el aporte de tecnología del INTI, funciona incorporando criterios de sistemas de energía sustentables.

Ante la emergencia del COVID 19, Mariana, junto a sus compañeros de Textiles y colegas de diversas áreas del instituto, presentaron un proyecto a la convocatoria de la Agencia I+D+i del MinCyT para aportar soluciones. “Cuando empezó la pandemia, sentimos que desde el INTI teníamos que hacer algo. Nos propusimos generar una batería de ensayos para la certificación de los elementos de protección respiratoria, junto a la ANMAT, y logramos adquirir un equipo único en el país para medir la capacidad de filtrado en los barbijos N95. Previamente a su adquisición, dada la urgencia, desarrollamos un equipo y método interno que nos permitió realizar los ensayos a esos elementos de protección respiratoria que acercaban las empresas al INTI para acceder a la habilitación excepcional que daba la ANMAT. Por otro lado, si bien los tapabocas no se consideran productos médicos y, por lo tanto, no tienen que cumplir con la regulación de ANMAT, trabajamos en el comité de normalización que armó IRAM para emitir una norma de requisitos para estos elementos de uso comunitario”, relata la ingeniera Química.

Mariana señala que en el instituto encontró la posibilidad de hacer una construcción no lineal de su carrera, algo que, advierte, es poco frecuente en el sector privado: participar de ámbitos muy diversos con una mirada global para resolver los problemas, sea en una gran empresa textil, en un galpón de esquila de la Patagonia, en proyectos internacionales o para aportar soluciones en el contexto de la Pandemia. “Lo que más valoro fue la libertad para pensar, proponer y hacer”, expresa.

Al momento de reflexionar sobre lo que significa ser tecnóloga, sostiene que “más allá de la tecnología que se ve en un equipo o en un desarrollo, hay otra tecnología en el armado interno para llegar hasta ahí, en la vinculación, en el grupo de trabajo, en saber cómo y cuándo presentar una idea. Ser tecnóloga tiene que ver con esa cosa sutil que se arma, que nutre un modo de gestión no rígido ni lineal y que no se mide en indicadores de planillas Excel. Una tecnóloga sabe de eso”, afirma.

Mariana aporta una mirada que enriquece las diversas demandas que existen sobre la equiparación de derechos para las mujeres en las instituciones. “Nuestro desafío, además de seguir conquistando más espacios, pasa por promover una manera de gestión distinta, menos verticalista. No se trata solo de ampliar el reglamento para la mujer, sino de escribir otro reglamento. Para acceder a los lugares de decisión no hay que seguir esa estructura armada desde un modelo patriarcal, sino impulsar organizaciones que funcionen en red, en comunidad, y que pongan en valor otras cosas, como el desarrollo por proyectos y no por cargos jerárquicos o una jornada laboral más flexible. Hay muchísimo por hacer”, concluye.