De la cordillera de Chubut a la Antártida: el INTA sigue apostando a la producción en el continente blanco.
Paul Alexis Cárdenas y Roque Sepúlveda trabajan como personal de apoyo técnico en el Campo Experimental Trevelin de INTA Esquel. Este año viajaron a la Antártida para realizar tareas de mantenimiento en dos de los tres Módulos de Producción Hidropónica que la institución instaló en las bases Marambio y Esperanza, y que permite a las dotaciones consumir verdura fresca.
A partir de un convenio que se sostiene desde hace años con el Comando Conjunto Antártico, el INTA comenzó a promover la colaboración de agentes de diferentes estaciones experimentales en el mantenimiento de los módulos. Así, a comienzos de este año, Alexis Cárdenas y Roque Sepúlveda conocieron el continente blanco.
Y lo cuentan en primera persona: “Vinimos a realizar algunas tareas nuevas, ordenar, pintar y hacer mantenimiento general, sobre todo en el techo. En la base Esperanza reconstruimos algunas cosas que faltaban, reacomodamos parte de las instalaciones y realizamos trabajos de mantenimiento. También estuvimos trabajando en la base Marambio haciendo este tipo de tareas” enumera Cárdenas.

Por su parte, Roque Sepúlveda: “Vinimos a trabajar sobre los módulos antárticos de hidroponia en Base Esperanza y Base Marambio. Estuvimos haciendo relevamientos, colocando luces y realizando mantenimiento general.”
Ambos fueron seleccionados dentro de un grupo de personas que se habían postulado. Alexis señala: “Tuvimos dos intentos de ingreso a la Antártida: el primero fue a mediados de diciembre, pero el avión no pudo aterrizar por la nieve. El segundo intento fue a mediados de enero de 2026 y ahí sí pudimos llegar.”

Y con respecto de la experiencia destaca: “La verdad es que fue una experiencia espectacular. Tuvimos la posibilidad de recorrer tres bases: Petrel, donde estuvimos de paso; Esperanza, donde trabajamos en los módulos de producción de verduras; y Marambio. Es un lugar muy distinto a lo que uno imagina. Hay mucho frío y nieve, pero también hay espacios para actividades recreativas. Marambio es un poco más cerrado, mientras que en Esperanza el terreno es distinto, con piedra firme, glaciares cercanos y costa de mar. Es una experiencia inolvidable y estoy muy agradecido por la posibilidad de haber venido, porque no es fácil llegar a la Antártida.”
Un viaje inolvidable
“La experiencia fue realmente hermosa. Nosotros fuimos seleccionados entre un grupo de compañeros de distintas experimentales hace casi un año. Son lugares muy lindos y la gente nos recibió muy bien. Tanto en Marambio como en Esperanza nos trataron de manera excelente. Son experiencias únicas, lugares a los que difícilmente podríamos llegar si no fuera a través del trabajo en el INTA. La gente quedó muy conforme con nuestro trabajo y eso también se agradece mucho. Nos vamos muy contentos porque los módulos quedaron en muy buenas condiciones y pudimos trabajar muchas horas para dejar todo funcionando como se esperaba” finalizó Sepúlveda.

El balance del viaje fue muy positivo. “Creemos que cumplimos con todos los objetivos que teníamos. Además tuvimos una muy buena colaboración de las dotaciones en las bases. Desde los jefes de base hasta el personal de cocina, todos tuvieron una gran predisposición para ayudarnos. Nosotros llevábamos pocos materiales y muchas veces ellos nos proporcionaron lo que necesitábamos. Eso facilitó mucho el trabajo” señala Cárdenas.
Producir hortalizas en la Antártida
En cuanto a la producción, los módulos permiten cultivar rúcula, perejil, lechuga y otras verduras. Sobre esta realidad que se viene desarrollando desde hace varios años, Roque Sepúlveda asegura que “para las dotaciones esto es muy importante porque muchas veces los alimentos deben conservarse en cámaras de frío y no siempre hay verduras frescas. Para ellos tener una rúcula fresca para una pizza o una lechuga para una ensalada es algo espectacular. Están muy ansiosos esperando la producción. Nosotros dejamos preparada la solución nutritiva para las plantas y ya hay algunos brotes. El beneficio es muy grande para quienes viven en las bases. Además, ahora son las propias dotaciones quienes estarán a cargo del funcionamiento de los módulos, con el acompañamiento del equipo del proyecto, cuyo director es Jorge Birgi, del INTA Santa Cruz.
