Una colección que resguarda la biodiversidad vegetal de la Argentina

Inaugurado en 1899, el herbario del Instituto de Recursos Biológicos del INTA conserva más de 480.000 ejemplares de colecciones representativas de todas las regiones del país y de países limítrofes. Además, incluye muestras de la Antártida recolectadas en 1924.


Fundado el 24 de mayo de 1899, el herbario del Instituto de Recursos Biológicos del INTA cumple 120 años. Allí se conservan más de 480.000 muestras de plantas disecadas e identificadas de 40.000 especímenes representativos de todas las regiones del país y de países limítrofes. Además, incluye muestras de la Antártida recolectadas en 1924.

El Herbario del INTA preserva plantas con flores, coníferas, helechos, musgos, hongos, líquenes, hepáticas y algas de colecciones realizadas con ejemplares de la Argentina y de países vecinos y, en menor grado, de otras partes del mundo.

“Desde hace 120 años, se catalogan –con fecha y sitio de recolección– ejemplares representativos de la flora de una localidad y una región”, indicó Renée Fortunato, curadora del herbario del INTA, quien destacó: “Observar la evolución de las plantas es fundamental para entender el impacto de la actividad del hombre y del cambio climático en una zona determinada”.

El material vegetal almacenado sirve para estudios taxonómicos, florísticos, biogeográficos y moleculares. De acuerdo con Fortunato: “El herbario tiene resguardadas plantas de sitios adonde, en la actualidad, ya no es posible encontrarlas. Ese material guardado nos permite saber cómo era una región determinada a finales de 1800 y cómo estamos en la actualidad, en relación con algunas especies que se han vuelto invasoras, ya sea las nativas o las que llegaron desde otras regiones asociadas a la modificación antrópica y biótica”.

Creado como parte del Laboratorio de Botánica, su registro de colección más antiguo es a partir de 1895. Además, gracias a la propuesta de Floras Regionales realizada en 1960 por el ingeniero agrónomo Arturo Ragonese, es referente en Flora Argentina de las regiones Patagónica y Chaqueña.

Inaugurado legalmente en 1899, el herbario comenzó a guardar ejemplares desde 1895. “Este catálogo botánico nació por el interés de saber cuáles eran las plantas tóxicas, las malezas, las forestales, las medicinales, las aromáticas y cuáles servían para la alimentación”, manifestó Fortunato y agregó: “Siempre hubo mucho atractivo en conocer qué recursos biológico había, dónde estaban y cómo se podían usar”.

Gracias al conocimiento de las especies, es posible desarrollar propuestas de bioprospección. Esta técnica se enfoca en el estudio de la naturaleza para encontrar sustancias químicas con posibles usos industriales, alimentarios, cosméticos y farmacéuticos, entre otros.

Cómo conservar cada especie

Los especímenes se encuentran deshidratados, procesados para su conservación a través del tiempo, identificados y ordenados según el sistema de clasificación taxonómica de Dalla Torre & Harms, adaptado según las actuales propuestas sistemáticas.

“El herbario no solo es un registro, mediante el estudio de sus partes (raíz, tallo, hojas, flores, frutos, semillas) se describe la especie y, al dibujar la planta según los caracteres diferenciales, se facilita el reconocimiento”, señaló la curadora del herbario y agregó: “Para la correcta conservación de cada ejemplar es necesario pasar por el proceso de disecado, el cual es muestra patrón de la especie”.

Para el disecado de las plantas, se recolectan ramas con flor o fruto, o planta completa en el caso de las herbáceas, y se las colocan en carpetas o en bolsas. “Si se opta por el guardado en carpetas, se ponen los especímenes en hojas de papel de diario y se hace una primera prensión. Luego, al finalizar el día se prensan en hojas de papel absorbente (diario o similar) de 32 x 22 centímetros, las que se intercalan con cartón corrugado de igual tamaño”, detalló Fortunato y expresó: “Cada hoja, que contiene el espécimen, lleva un número que se registra en una libreta o catálogo de colección”.

En la libreta se registra, además del lugar de recolección, las características del sitio y de la planta en vivo, con qué otras plantas crecía, estado fenológico, color de la flor, tipo de fruto, tamaño y hábitat, entre otros datos de interés.

Herbarios en red

Además de la colección del Herbario del Instituto de Recursos Biológicos, conocido para los estudios taxonómicos de plantas con el acrónimo Internacional de BAB, en el INTA existen otras ‘bibliotecas vegetales’ como la de la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce, la de Bariloche, La Rioja y San Luis, asociadas a la región en donde están.

“En la actualidad, integramos a nuestra colección todo el material guardado en el INTA Anguil –La Pampa–. También incorporamos el herbario del exIFONA (Instituto Forestal Nacional) y, en breve, se sumará el de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires”, detalló la investigadora del INTA y agregó: “Todos los herbarios incorporados conservan su registro de pertenencia de origen en gabinetes separados”.

Fortunato y su equipo avanzan en el desarrollo de un portal web, que incluye una base de datos de todo lo que hay en el herbario, con imágenes de cada ejemplar. Se trata de un herbario digital asociado a cada espécimen que, cuando este publicado, podrá ser consultado por especialistas de todo el mundo.

“Los únicos materiales que no van a estar publicados serán aquellos sensibles por estar relacionados a grupos originarios o a especies nativas vinculadas a la evaluación y desarrollo científico-técnico y novedoso”, advirtió Fortunato.