Presidencia de la Nación

Hasta siempre, querida Hebe

Madres paridas por sus hijos e hijas: la trayectoria de Hebe de Bonafini condensa esa idea, que ella misma acuñó alguna vez para definir el pasaje hacia la lucha política que implica la desaparición y el asesinato de un hijo o hija en manos del terrorismo de Estado. En su caso, ese pasaje –casi inevitable, casi intempestivo- ocurrió con la desaparición de Jorge y Raúl en 1977, que pronto la encontró en la calle, con muchas otras madres que le dieron a la maternidad un sentido nuevo, colectivo y político.


Desde su rol de presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, remarcando siempre sus orígenes en el seno de una familia trabajadora, Hebe fue parida como militante y parió al mismo tiempo una concepción de la lucha por los derechos humanos particular: aquella que enlaza inexorablemente el reclamo de memoria, verdad y justicia con la resistencia al neoliberalismo en todas sus manifestaciones. “Resistir es combatir” fue una de las consignas que articularon con tanta precisión ese posicionamiento, fundamentalmente en los años de impunidad, que fueron además años de pobreza, desocupación y desigualdad crecientes en nuestro país.

Esta concepción implicó una forma de activismo político que no solamente se expresaba en las rondas de los jueves, sino que engendró también otros proyectos y experiencias, como la radio, el periódico, el instituto universitario, el centro cultural en la ex ESMA y el trabajo territorial.
A través de estas experiencias, Hebe y las Madres se vincularon con otros colectivos y otras generaciones, nuevamente paridas en esa lucha. Hebe concibió esa práctica en el plano internacional, involucrándose con causas contra la injusticia y la desigualdad en todo el mundo, al tiempo que llevaba la voz de las madres más allá de las fronteras.

Tanto ella como su familia sufrieron amenazas, hostigamiento y múltiples situaciones de violencia. Ante esa adversidad, Hebe no se corrió un centímetro de su modo de pensar y actuar. Quizás los ejemplos más vívidos de esta forma de concebir el mundo de Hebe se vean en las ocasiones en las que en carne propia sufrió la represión policial, al involucrarse en reclamos como las protestas estudiantiles en La Plata contra la reforma de la Ley de Educación Superior en 1996, cuando fue herida en la cabeza, o en la Plaza de Mayo durante las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que mostraban el agotamiento del modelo neoliberal y dejaron decenas de muertos en todo el país, víctimas de la violencia institucional.

La llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada y el viraje en la política de derechos humanos en particular y en la política social y económica de la Argentina en general acercaron a Hebe y a las Madres, junto con la mayoría de los organismos de derechos humanos, por primera vez al Estado nacional. Hebe se comprometió públicamente en el apoyo y la defensa de los gobiernos democráticos y populares en América Latina, haciendo hincapié en la importancia del fortalecimiento de los lazos regionales, desde una perspectiva profundamente antiimperialista.

Nunca dejó de luchar, nunca dejó la plaza ni la creatividad constante para pensar nuevos modos de hacer y compartir la política, siempre a través del debate, desde el organismo que presidió hasta sus últimos días. Su muerte deja un vacío intransmisible, pero deja también un legado imborrable que se vislumbra en sus compañeras las madres, en los y las jóvenes que se inspiran en ellas para participar en proyectos colectivos emancipatorios. Su pensamiento y su obra no se van a borrar jamás de la memoria de los argentinos y las argentinas, un poco paridos y paridas por ella, ahora que, como escribieron sus compañeras al comunicar la tristísima noticia de su muerte, Hebe cambió de casa.

Crédito foto: Daniel Vides- Fototeca ARGRA - Archivo Nacional de la Memoria

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