Presidencia de la Nación

El impacto de las becas de formación docente continua en la trayectoria profesional

Marcela de Fátima Ocampo es profesora de Francés por el IES “Lola Mora” y de Letras por la Universidad Nacional de Tucumán. En distintos momentos de su vida fue becaria del Ministerio de Educación de la Nación: primero como asistente de idioma en Francia y años después como becaria del Programa para Docentes Argentinos/as en Estados Unidos. En el Ministerio de Educación de Tucumán ha sido referente jurisdiccional y pedagógica del Programa de Becas Internacionales entre 2017 y 2023. Aquí comparte parte de su experiencia de movilidad internacional y cómo esta repercutió en su trabajo de gestión de políticas públicas.


"Cuando pienso en el Programa de Becas Internacionales del Ministerio de Educación de la Nación de mi país vienen a mi mente palabras tales como oportunidad, crecimiento, emoción y gratitud. Y en el acto rememoro cuando me tocó recibir la extraordinaria noticia de haber sido seleccionada para una beca.

La primera vez era muy joven y nunca había salido del país, así que todo era de ensueño. Debo confesar, además, que desde que recibí la noticia de la obtención de la Beca para Asistentes de Idioma Argentinos en Francia del Ministerio de Educación y de la Embajada de Francia por muchos días no pude dormir. Me estallaba el corazón de alegría. Como profesora de francés y exestudiante de la Escuela Normal en Lenguas Vivas de Tucumán, había estudiado francés desde 4° grado. Por ello, sentía que me había preparado toda la vida para ese viaje que, sin la beca, no habría podido realizar.

Disfruté y aproveché cada segundo de mi estadía en París. Recuerdo el encuentro multiétnico y multicultural con docentes de francés de los cinco continentes, la inmersión lingüística, la formación didáctica y metodológica para la enseñanza del francés como lengua extranjera, las largas caminatas por la ciudad, y el hecho de poder apreciar monumentos y museos de los que siempre había escuchado hablar. Esa experiencia transformó mi vida y a mi retorno impactó de lleno en mis clases, no solo en lo académico, sino en la posibilidad de proyectar a mis estudiantes al mundo y transmitirles la confianza de que podían soñar, crecer, volar, viajar... Si no hubiese realizado esa beca, probablemente habría sido una buena docente, pero la emoción, la gratitud y la felicidad que me brindó ese viaje indudablemente reforzó mi pasión por la enseñanza y cambió para siempre mi vida personal y profesional.

Muchos años después, el Programa de Becas Internacionales y el INFoD del Ministerio de Educación, junto con la Comisión Fulbright, lanzaron una convocatoria de becas de corta duración para docentes que permitía realizar seminarios en universidades estadounidenses. Los requisitos eran muchos y las instancias de evaluación exhaustivas, pero valía la pena afrontar el desafío y transformarlo en una nueva oportunidad.

Finalmente, obtuve la beca y pude compartir con docentes de diferentes provincias un viaje lleno de aprendizajes a la Universidad de California (UCLA), donde asistimos a cursos de Liderazgo y de Gestión e Innovación Educativa, visitamos escuelas y nos entrevistamos con maestros y “líderes” escolares. En esta segunda experiencia me centré en el sistema educativo y en la búsqueda de oportunidades para poner en diálogo pedagogías y prácticas áulicas desde otras lógicas y abordajes metodológicos. Ello me permitió pensar críticamente el concepto de innovación educativa, indagar sobre el funcionamiento de un sistema educativo, conocer otras formas de gestión institucional y entender sus problemáticas, en muchos aspectos similares y en otros muy distintas a las nuestras. Asimismo, fue una ocasión extraordinaria para apreciar el compromiso de la docencia argentina, reconocer el esfuerzo del Estado para sostener una educación pública, gratuita y de calidad para toda la ciudadanía -a pesar de los muchos avatares por los que atravesamos continuamente- y valorar las oportunidades en favor de la justicia social y educativa que tiene a disposición el estudiantado, llámense Becas Progresar, Bicentenario o Internacionales, Programa Conectar Igualdad o Canal Encuentro. Fue una experiencia extraordinaria, además, porque muchos docentes que viajamos pudimos reconocernos en esa mirada. Quizás por ello, cuando retornamos, constituimos una sólida comunidad de aprendizaje que promueve el intercambio de reflexiones con estudiantes, colegas y amigos. En Tucumán, además, produjimos diferentes eventos educativos: charlas, conversatorios, paneles, instancias de capacitación, dos libros, un informe con sugerencias sobre cómo retornar a clases tras la pandemia y, como corresponde, muchas reuniones sociales.

Durante varios años tuve el privilegio de ser referente del Programa de Becas Internacionales de mi provincia y reconozco en cada nuevo becario extranjero que llega a la jurisdicción y en cada estudiante o docente tucumano que parte hacia otro país a cumplir con su beca múltiples posibilidades de autoconocimiento y de aprendizaje que se multiplicarán en las aulas; avizoro en cada uno de ellos innumerables conexiones con el mundo y la creación de vínculos solidarios con otras realidades. Por esa razón, a través de mi trabajo de gestión propicié encuentros entre los que ya hicieron la experiencia y los que ansían concretarla; generé visitas a las escuelas y charlas motivacionales de los becarios con estudiantes del secundario y del nivel superior para que conozcan las convocatorias que se abren anualmente, para que imaginen destinos y forjen el propio mirando hacia el vasto horizonte, para que comprendan la necesidad de formarse con ahínco y de estar preparados para transformar los desafíos en oportunidades, para que sepan que, más allá de todas las dificultades, aquí y ahora es posible soñar.

Pero claro, también siempre esperé que su retorno sea tan importante como el viaje y que cuando volvieran, compartieran los aprendizajes adquiridos e impulsaran a estudiantes y a colegas a explorar sus propias posibilidades e intereses y los animaran a postular a una beca.

En resumen, agradezco inmensamente esta saludable costumbre argentina de invertir en becas educativas, que lleva ya treinta años forjando mejores destinos."

Te sugerimos leer la experiencia de María Elena, docente de nivel inicial de Santa Cruz que fue becaria en la misma universidad y, con otras colegas de otras provincias, escribió el libro "Miradas al Liderazgo y la Innovación UCLA".

Y una curiosidad: podés leer el relato de José, un biólogo de la Universidad Nacional de San Luis, quien también obtuvo becas del Ministerio del Ministerio de Educación en dos oportunidades.

Créditos: Fotografías del sitio web de UCLA.
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