El Ejército planifica sus operaciones para el día después de la Pandemia Covid-19

Las actividades propias de la Fuerza se iniciarían a partir del retorno de las condiciones de normalidad en el territorio nacional y ante la disminución de los efectos de la pandemia.


El día 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el brote del nuevo coronavirus COVID-19 como una pandemia. En los primeros días del mes de marzo de 2020, el Ministro de Defensa había asegurado que todas las capacidades de las Fuerzas Armadas estaban disponibles para ser utilizadas ante este nuevo desafío.

El día 13 de marzo, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas emitió una directiva dando los lineamientos generales, atento a las demandas de la operación de protección civil que días más tarde se denominó “General Manuel Belgrano”, diseñada a partir de la conformación de catorce Comandos Conjuntos de Zonas de Emergencia, de los cuales doce están bajo responsabilidad del Ejército Argentino.
Una de las características de una fuerza militar es su capacidad de alistamiento y la flexibilidad para adaptarse a un entorno hostil y variable. En este sentido, el desarrollo del año militar planificado para 2020 debió ser modificado bruscamente (afectando el funcionamiento normal del Ejército en distintas áreas, principalmente en educación, adiestramiento, logística, salud e Inspectoría) para dar inicio a las operaciones que permitieran prevenir o mitigar los efectos de la pandemia COVID-19 y, simultáneamente, adaptarse con todas sus organizaciones a las nuevas condiciones.

A las pocas semanas de haberse iniciado la Operación General Manuel Belgrano, el Jefe del Estado Mayor General del Ejército orientó a la Fuerza para el planeamiento y coordinación de las operaciones post COVID-19, que se iniciarían a partir del retorno de las condiciones de normalidad en el territorio nacional ante la disminución de los efectos de la pandemia. Para esto designó a la Inspectoría General de Ejército como “autoridad de coordinación” de las actividades que demandaría la recuperación de las capacidades militares degradadas en apoyo a la operación General Belgrano y por la reducción de actividades operacionales, de educación y de sostenimiento, producto de las medidas de prevención ante el virus. Asimismo se convocó a las direcciones generales y a los comandos de grandes unidades (alrededor de 20 organizaciones de la estructura de conducción superior de la Fuerza) para planificar en forma coordinada las tareas y necesidades particulares de cada una de las áreas.

Durante el trabajo de preparación realizado por la Inspectoría General con la participación de las áreas convocadas, se determinaron los supuestos de planeamiento y, a partir de ellos, se explicitaron aquellas funciones o tareas que no estaban siendo desarrolladas desde el 20 de marzo, las que podían ser reprogramadas para ejecutarse durante el segundo semestre y, finalmente, las que por su complejidad, momento de ejecución o tiempo disponible post pandemia, no podrían ser realizadas. Además, se expuso el nivel de afectación o compromiso de cada organismo con las actividades de la operación "General Belgrano" y se está trabajando en forma simultánea en las lecciones aprendidas.

En los primeros dos meses de planeamiento y coordinaciones con vistas a las operaciones posteriores al COVID-19, podemos ver que algunas áreas, reducidas en personal por diferentes motivos (en apoyo a las operaciones, pertenecer a grupos de riesgo, rotaciones de personal de primera línea, etc), no van a tener mayores dificultades para completar con un adecuado grado de eficiencia buena parte de los objetivos fijados. Existen otras áreas con mayor nivel de complejidad, tal es el caso de Educación, la Fuerza Operativa y la misma Inspectoría General del Ejército, que debieron adaptarse rápidamente al nuevo escenario, el cual impone situaciones muy distintas a las ideales.

El personal docente en el área académica y los instructores trabajan para tratar de alcanzar sus metas con niveles de excelencia acordes a las exigencias impuestas. No obstante, se aprecia que habría dificultades para alcanzar los objetivos que deben desarrollarse prioritariamente de modo presencial, tal es el caso de contenidos de educación e instrucción militar.

La Inspectoría General suspendió transitoriamente el Plan Anual de Inspecciones a fines de marzo, completó las auditorias que estaban en proceso y continuó con las inspecciones a los Servicios Administrativos Financieros por modo indirecto (no presencial) y el seguimiento de las observaciones registradas en años anteriores, de acuerdo al Plan Anual. En forma simultánea, se ha supervisado de modo presencial o a través de facilidades digitales, los “procedimientos de contratación por emergencia COVID-19” que están realizando distintos organismos de la Fuerza. Actualmente, como “autoridad de coordinación” de las operaciones Post COVID-19, se estudian diferentes alternativas para reformular el Plan Anual de Inspecciones y de Auditorias con actividades aptas y factibles de desarrollar en el segundo semestre.

La Fuerza Operativa se encuentra abocada con prioridad al desarrollo de acciones relacionadas con la operación General Belgrano y sus elementos remanentes, según regiones, desarrollan mínimas actividades de adiestramiento y las funciones administrativas previstas para el año militar. Por los expuesto, se aprecia que habrá una degradación temporal de sus capacidades como consecuencia de la inactividad en el adiestramiento operacional, en la aptitud física del combatiente y por la pérdida natural de efectivos en las organizaciones, al no ser posible la incorporación de soldados.

El presupuesto es uno de los factores determinantes, tanto durante la ejecución de las operaciones como al momento de iniciar la recuperación de capacidades, ya que afectará las actividades de educación, adiestramiento operacional y de sostenimiento, mantenimiento y recuperación de los medios empleados.

Las lecciones aprendidas y el crecimiento experimentado desde el punto de vista de las personas y del material en el área de informática, uso de redes, comunicaciones, sanidad y transporte, entre otras, es superlativo y fundamentan la necesidad de adquisición y de mejora continua, al ritmo de evolución de la tecnología, con la finalidad de ser eficientes en la respuesta a brindar.

El análisis de la evolución de la pandemia en el país está mostrando que hay regiones del territorio nacional que paulatinamente están volviendo a tener ciertas condiciones de normalidad en el desarrollo de las actividades, manteniendo las medidas de prevención. Esta realidad nos orienta inicialmente a establecer medidas para la recuperación de las capacidades de la Fuerza en forma diferenciada por provincia o región, según las actividades autorizadas a desarrollar en las mimas por las autoridades políticas.

Asimismo, cuando se inició el planeamiento de las operaciones post COVID-19, se establecieron como factores determinantes la “flexibilidad” para adaptarse a la evolución de la pandemia y la “coherencia en la determinación y coordinación” de todas las acciones a ejecutar. Asimismo, este planeamiento contempla el inicio de la recuperación de capacidades en forma simultánea con la continuidad de las “operaciones en desarrollo” y de las acciones de apoyo a la Operación General Manuel Belgrano, principalmente en CABA y conurbano bonaerense.

Lo expuesto hasta aquí, nos permite inicialmente extraer algunas conclusiones:

La fortaleza del Ejército Argentino continúa siendo la calidad y las cualidades personales y profesionales de sus SOLDADOS sin distinción de jerarquías. Su compromiso, abnegación y patriotismo se ponen de manifiesto en todas las acciones que se desarrollan durante la pandemia COVID-19 y, ese mismo esfuerzo y orgullo profesional se volcará seguramente en la etapa de recuperación de las capacidades de la Fuerza con posterioridad a la pandemia.

Las “operaciones futuras” son parte integrante de las actividades de planeamiento para el servicio de estado mayor, y se realiza en forma simultánea con el planeamiento y ejecución de las “operaciones en desarrollo” tal cual sucede en estos tiempos.

Los efectos de la pandemia degradarán temporalmente las capacidades de la Fuerza, con distinto grado de incidencia según las áreas y funciones específicas y, en otros casos, no permitirá alcanzar las metas programadas o la realización de actividades consideradas necesarias y complementarias de otras. Por el contrario, las urgencias de la pandemia han impuesto e impondrán un desarrollo positivo más vertiginoso en determinadas áreas.

El planeamiento de las operaciones post COVID-19, ordenadas por el Jefe del Estado Mayor General del Ejército, permitirá coordinar las acciones de las diversas áreas, cada una con un nivel de complejidad particular, para alcanzar en el segundo semestre los objetivos que sean factibles, con una aceptable eficiencia.