El arte como problema
En la Casa Victoria Ocampo, representantes de distintos sectores del arte debatieron en torno a la legitimación, el mercado y los “lugares del arte” en un encuentro que puso en tensión las formas de definir qué es y qué no es arte.
El título de la charla —”Es arte porque yo lo digo”— operó como disparador del conversatorio que tuvo lugar ayer en la Casa Victoria Ocampo, en el marco de la exhibición “Colección Esteban Tedesco: el valor de lo contemporáneo”, y del que participaron Diana Wechsler (curadora e historiadora del arte), Esteban Tedesco (coleccionista), Dafne Cejas (galerista) y Manuel Quaranta (filósofo y crítico de arte), moderados por Claribel Terré Morell, directora de la revista cultural Be Cult, organizadora del evento.
A poco de comenzar, Esteban Tedesco disparó: “Yo siempre digo que para mí el arte es la cosa más inútil que hay: es caro, es totalmente inútil, pero la única referencia que queda a lo largo de la historia. No solo las artes visuales, también la literatura, la música, la arquitectura, todo eso es arte. Es importante porque siempre es lo que está pasando, siempre es contemporáneo y con el paso del tiempo deja de serlo”.
Entonces, ¿quién dice qué es el arte? ¿A qué “yo” refiere la afirmación? ¿Al artista, al galerista, al coleccionista? ¿Quién legitima cuándo una obra es “arte”? ¿Quién legitima cuándo una obra es “arte”? ¿En el momento en que se crea, se vende, se exhibe o cuando el artista es conocido? Y luego, ¿el arte es un capricho?, ¿una noción que trae consigo el peso de la historia? “La palabra arte -intervino Diana Wechsler- es una noción histórica, es una palabra situada, una palabra que tiene consigo un peso histórico y cultural”, y agregó: “El arte es un problema, el problema que nos convoca en este momento”.

“Un artista, por mejor que sea —aportó Terré Morell— necesita un galerista, necesita un curador y necesita un coleccionista. Los curadores, en los últimos tiempos, son más importantes incluso que el artista. La figura del curador parece haber desplazado al crítico de arte. Es un tema que también requiere un debate”, comentario que retomó Manuel Quaranta para señalar: “no endilgaría toda la responsabilidad a la curaduría, creo que hay un contexto histórico en el cual la reflexión en general está en retroceso, más que la crítica solamente”.
En relación con la cuestión de la legitimación de la obra, Dafne Cejas remarcó el rol del galerista: “Aprendimos a valorar los distintos modos de los artistas, los más jóvenes, los que tienen gran trayectoria, los colectivos. Como galeristas la cuestión es cómo mantenemos, cómo construimos ese valor. Hoy en día, por ejemplo, podría ser un factor de legitimación los seguidores o los likes en Instagram”.
Por su parte, Wechsler remarcó que, además de los espacios de producción, de circulación, de legitimación del arte, “hay otros lugares del arte, por ejemplo, los lugares de la emergencia, del arte apareciendo en donde no lo esperamos, del arte señalando, generando una mirada sobre hechos que permiten ver otras capas no visibles y empezar a pensar desde esa incertidumbre”.
El reconocimiento del artista en el país de origen, su trascendencia en el mundo, los mecanismos posibles para generar un proceso de transnacionalización, el mercado del arte, la cotización, la relación del coleccionista con sus obras, las distintas búsquedas que se perciben en quien compra una obra de arte, los públicos y sus reacciones fueron algunos de los temas que sobrevolaron el conversatorio. Y, en relación con los públicos y esa suerte de “esperanza” de “entender la obra de arte”, dijo Quaranta: “No sería deseable resolver este misterio que circula en relación con el arte, porque supondría que puedo llegar a una comprensión completa o cabal de la obra. Si no entiendo, la obra sigue conmigo, me lleva, me trae, me interroga”.

Dando un giro a la conversación, intervino Wechsler: “No voy a negar el peso del mercado, que por supuesto lo tiene, pero enfatizaría, además, el tema de los lugares del arte: una obra que se vende en millones de dólares no necesariamente es valiosa en términos de lo que significa como producción simbólica, de ser un dispositivo que pueda instalar un problema en el lugar en donde está. Hay obra inmaterial, hay artistas que mueren y no hay obra física. Hay una cuestión de ideas que hay que poner a la par y desactivar el lugar tan central que a veces se le da al mercado”.
Anécdotas —como la banana pegada sobre la pared de Maurizio Cattelan, vendida en 6,2 millones de dólares en Nueva York, o la señora de la limpieza que se llevó un saco que era parte de una obra al lugar de objetos perdidos—, recomendaciones de documentales y libros formaron parte del diálogo con un público evidentemente interesado en explorar la pregunta: ¿quién define qué es el arte?
La actividad formó parte de los encuentros que —bajo el título “A Fondo”— lleva adelante Be Cult, con el propósito de generar encuentros presenciales en instituciones culturales para debatir problemáticas actuales del arte y poner en diálogo a distintos actores del sector: artistas, curadores, coleccionistas, galeristas, críticos y especialistas.
La muestra “Colección Esteban Tedesco: el valor de lo contemporáneo” se puede visitar en la Casa Victoria Ocampo (Rufino de Elizalde 2831), hasta el 20 de abril, de lunes a viernes de 11 a 19, con entrada gratuita.