Cuando el deporte fomenta la integración social de jóvenes privados de libertad

El programa “Un cambio de vida a través del fútbol” se implementa en el Complejo Federal de Jóvenes Adultos de Marcos Paz y en el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza. Unos 40 jóvenes son los beneficiarios. El responsable del proyecto es Alejandro Guaglianone, DT y ex detenido.


En la búsqueda de distintas formas de reinserción social apareció el fútbol. Y en ese camino se cruzó Alejandro Guaglianone, director técnico, ex futbolista, ex detenido y responsable del programa “Un cambio de vida a través del fútbol”, que se implementa en el Complejo Federal de Jóvenes Adultos de Marcos Paz y en el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza y alcanza a unos 40 jóvenes privados de la libertad.

“El programa consiste en que los chicos tengan un cambio en sus vidas, y que encuentren una dedicación dentro del fútbol y desarrollen las habilidades para conseguir un trabajo”, cuenta Guaglianone, para quien los resultados de los partidos que juegan son “anecdóticos, lo importante es lo que aprenden a partir de compartir estos espacios y que se den cuenta que hay otra vida más allá de esto”.

En el último encuentro, el plantel de fútbol mayor del Club Atlético Trocha, de Mercedes, visitó el Complejo Federal de Jóvenes Adultos de Marcos Paz para jugar un amistoso con la selección de fútbol de esa unidad.

Este tipo de eventos, organizados por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, el Servicio Penitenciario Federal y los responsables de “Un cambio de vida a través del fútbol”, tiene como objetivo fomentar la integración social de los jóvenes privados de la libertad a través del deporte. Es una herramienta que estimula la disciplina, el compañerismo y el trabajo en equipo. Al final de los partidos, que son en canchas de fútbol de salón –cinco jugadores- y canchas de 9, se realiza un tercer tiempo.

“Yo estuve ahí”

“El programa surgió hace varios años. Lo escribí yo, y lo hice desde adentro, cuando estuve detenido. Ahí surgió. Soy técnico de fútbol, y mientras estuve privado de la libertad, tuve la posibilidad de hacer salidas laborales para dirigir a un equipo, al Deportivo Roca de Río Negro, en el Federal A”, cuenta Guaglianone.

El técnico explica que fue el primer técnico en Sudamérica con salidas laborales. “Al principio eran solo para entrenar y volvía. Luego me dieron permiso para los partidos de local, y después para los de visitante. Después de eso fui convocado para volver a poner el proyecto en marcha, más ampliamente, ya desde afuera hacia adentro. Eso es clave, los pibes saben que yo sé de qué hablo. Yo estuve ahí”, expresa.

“Tuve propuestas para dirigir y dije que no, porque esto es lo más lindo que me puede pasar: trabajar en el proyecto que yo generé. Así que nos pusimos a trabajar a full hace dos años”, agregó Gugaglianone.

El acceso al programa es voluntario, pero tiene algunos requisitos: hay que estar estudiando y trabajando para conseguir un lugar en el equipo. Y empezar a tomar compromiso con el equipo y el programa, porque el programa y el equipo lo toman con sus integrantes.

“Tenemos trabajando con nosotros a psicólogos, abogados, asistentes sociales, muchas veces les conseguimos trabajo a los chicos que salen en libertad. Les hacemos un seguimiento: una vez que el chico sale, siempre hay alguien ocupado en ir una vez por semana, para ver cómo está, va al trabajo que consiguió”, resume el DT. Y muestra orgulloso los números: “Los pibes que pasan por el equipo, no reinciden. Ese es nuestro mayor orgullo”.

La clave del proyecto

¿Qué les da el fútbol a los reclusos? Guaglianone tiene la respuesta: “Primero, no sentirte que estás detenido. Los que dicen ‘cuando esté en libertad, cambia’ se equivocan. El cambio se tiene que dar desde que está adentro”.

“Si tuviera que resumir el espíritu del programa en una frase, sería ‘una oportunidad en la vida’. Es eso. Y por eso tenemos más objetivos. Por ejemplo, acabamos de conseguir un viejo anhelo: La selección está viviendo en un pabellón, bien acondicionado, arreglado”, resume.

Es la primera unidad en Sudamérica que tiene un pabellón de conducta, donde está alojada una selección y los chicos viven juntos. “Pero tenés que ganarte estar ahí y sostenerlo”, admite Guaglianone.