Cooperativa La Compañera

Esta es la historia de un grupo de militantes de una localidad salteña cercana a la capital provincial. Su nombre Atocha, o más conocida como la República Lírica de Atocha.


Atocha, eran tierras de un poeta salteño llamado José Solís Pizarro quien soñaba que Atocha fuera la patria espiritual de los poetas del norte. Hoy esas personalidades les dan los nombres a las calles del pueblo. Ahí, un grupo de militantes sociales, a quienes los atravesaba la lucha por una justicia social, un reparto más equitativo de la riqueza, un concepto de solidaridad para con el más vulnerable y, algo muy particular, que hacían bollos, panes, tortillas, pastelitos.

Un día decidieron juntarse para un objetivo común en esto último también. Sin dejar de lado el trabajo social, cada uno aportó algo y decidieron unir fuerza de trabajo. Así comenzaron a hacer tapas para empanadas como nave insignia sin diversificarse con muchos productos. Corría fines de 2019 y comenzaron a tener un interesante crecimiento. Empezaron a llegar pedidos de grandes comercios pero ellos no estaban organizados impositivamente para hacer frente a ello. Es así como comenzaron a estudiar alternativas. Hablaron con gente vinculada a la economía social que les habló de las cooperativas y los valores de estas.

“Cuando Leo Duva -que fue la primera persona que contactamos y quien nos dio una gran mano- nos hablaba de lo que son las cooperativas y sus valores, parecía que nos estuviera describiendo, éramos nosotros. No dudamos y comenzamos a hacer lo necesario para presentar todo en el INAES. Antes de iniciar los trámites, nos agarra la pandemia” cuenta Carlos Suárez, el presidente de la Cooperativa La Compañera Ltda. Que desde hace algo más de un mes cuanta con la matricula 58464.

Con gran entusiasmo, los seis socios de La Compañera notaron la diferencia de ingresar al plano de la formalidad y las puertas que se les abren al formar parte del INAES. Tal es así que pronto formaron parte de la mesa del asociativismo de Salta e inmediatamente tuvieron un crecimiento exponencial.

“Cuando comenzamos vendíamos 35 docenas de tapas de empanadas semanales. Hoy estamos en las 10.000 docenas por mes y seguimos creciendo. Es que son de muy buena calidad y las vendemos a menos del 50% de lo que están en el mercado. Ahora nos está quedando chico el lugar, porque seguimos produciendo desde la sala de mi casa. Por eso nos presentamos en el Banco de Proyectos del INAES para ampliar la infraestructura y adquirir una cámara frigorífica para poder vender más cantidad y expandirnos” cuenta su presidente.

No sólo lograron que se regule el precio de los productos en la zona donde venden, sino que además se les ocurrió una buena idea para seguir colaborando con los vecinos de Atocha y la economía social del lugar. El propio presidente de la Cooperativa La Compañera explica la iniciativa: “En la pandemia veíamos que a mucha gente se le estaba haciendo difícil adquirir la comida. Nosotros tenemos precios más bajos en algunos productos por comprar al por mayor y a gran escala, por lo que hacíamos compras mayores y les trasladamos esos precios a los vecinos. Entonces hicimos bolsones con muchísima mercadería (harina, huevos, verdura, fideos, fruta, arroz, varias cosas más y obviamente las tapas para empanadas y para tartas nuestras que iban de regalo) todo eso a $500.

Una experiencia más que, por sí sola, explica la importancia de las cooperativas en una comunidad y lo distinto que es cuando quienes producen lo hacen pensando en sus vecinos, ya sean estos del mismo pueblo, ciudad, provincia o país.