Presidencia de la Nación

Atahualpa Yupanqui, voz de la tierra

La Secretaría de Cultura recuerda a Don Ata, una de las figuras más trascendentes de nuestra música, a 34 años de su muerte.

El 23 de mayo de 1992 fallecía en Nîmes, Francia, Atahualpa Yupanqui, uno de los exponentes más destacados de la música popular argentina y latinoamericana. Cantautor, guitarrista, poeta y escritor, su obra renovó el folclore nacional y se convirtió en una expresión artística profundamente ligada a la identidad, la memoria y las raíces culturales del país.

Nacido el 31 de enero de 1908 en Campo de la Cruz, partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires, bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero Aramburu, Don Ata creció entre tradiciones criollas, indígenas y campesinas que marcarían toda su producción artística. Hijo de un trabajador ferroviario de ascendencia quechua y vasca y de una madre criolla, pasó parte de su infancia en Tucumán, provincia que inspiraría algunas de sus composiciones más recordadas.

Desde muy joven comenzó a estudiar música y encontró en la guitarra un lenguaje propio. A los 19 años compuso Camino del indio, una obra temprana que ya mostraba su interés por retratar la vida de los pueblos originarios y del trabajador rural. Con el tiempo, canciones como El arriero, Piedra y camino, Luna tucumana y Los ejes de mi carreta pasarían a formar parte del repertorio esencial de la música argentina.

Su seudónimo artístico surgió de su admiración por las culturas originarias. “Atahualpa” y “Yupanqui” remiten a antiguos soberanos incas y, según diversas interpretaciones, evocan la idea de “aquel que viene de lejanas tierras para contar algo”. Ese espíritu narrador acompañó toda su obra, marcada por la observación del paisaje, el silencio, la vida rural y las injusticias sociales.

A lo largo de su vida recorrió gran parte de la Argentina y América Latina. Trabajó en distintos oficios, convivió con comunidades campesinas y recogió relatos, ritmos y costumbres que luego transformó en canciones y textos. Su mirada poética convirtió al folclore en una expresión universal sin perder su raíz popular.

Además de su faceta musical, Yupanqui desarrolló una intensa labor literaria. Publicó libros de poemas, relatos y reflexiones como El payador perseguido, Aires indios y Cerro Bayo, obras que ampliaron su reconocimiento como uno de los grandes escritores vinculados a la cultura popular argentina.

En varias ocasiones debió exiliarse en Uruguay y posteriormente en Europa. En Francia encontró una gran recepción artística gracias al apoyo de Édith Piaf, quien lo invitó a presentarse en París en 1950. A partir de entonces inició una proyección internacional que lo llevó a recorrer escenarios de Europa, Asia y América, convirtiéndose en uno de los mayores difusores de la música argentina en el mundo.

Durante las décadas siguientes su influencia alcanzó a generaciones enteras de músicos y cantores populares. Artistas como Mercedes Sosa, Jorge Cafrune y Facundo Cabral interpretaron sus composiciones y ayudaron a expandir su legado en toda América Latina.

En 1985 recibió el Premio Konex de Brillante como la figura más importante de la música popular argentina de la década y años antes había sido distinguido por el Ministerio de Cultura de Francia con la Orden de las Artes y las Letras.

Atahualpa Yupanqui murió a los 84 años en la ciudad francesa de Nîmes. Por expreso deseo suyo, sus restos fueron trasladados a Cerro Colorado, Córdoba, lugar donde había construido su refugio creativo y donde descansan bajo un roble europeo.

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