Ascensiones militares en la cordillera de Cuyo

Las diferentes unidades que integran la VIIIva Brigada de Montaña realizaron las primeras ascensiones estivales del año en los cerros de la región de Cuyo.


Los planes de capacitación del personal militar que revista en las unidades militares desplegadas al pie de la cordillera de los Andes incluyen distintas empresas andinísticas, tales como ascensiones a los cerros y volcanes más altos de nuestro país, que son esenciales para mantener la aptitud de las tropas de Montaña.

Las actividades estivales se iniciaron con una cordada del Regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 15, integrada por oficiales, suboficiales y soldados voluntarios, a cargo de un instructor militar de andinismo.

La expedición duró 4 días en la zona de Vallecitos, reserva natural del Cordón del Plata, donde el personal logró alcanzar 3 cumbres: los cerros Stepanek, Adolfo Calle y San Bernardo, de 4180, 4270 y 4150 m.s.n.m. respectivamente.

Por su parte, una patrulla del Regimiento de Infantería de Montaña 22 hizo cumbre en el cerro Pircas, de 4000 m.s.n.m., ubicado a 70 kilómetros de la ciudad de San Juan. Comenzaron con una marcha montada hasta la base del cerro, donde se instaló el campamento base, y posteriormente se ejecutó una marcha de aproximación a pie y ascensión al cerro, cuya cumbre fue alcanzada por la totalidad de la patrulla.

La expedición militar 2020 al Aconcagua se realizó en conjunto con diferentes unidades de la VIIIva Brigada de Montaña, y fueron 34 los efectivos que llegaron a la cumbre después de 14 días de ascenso.

Participaron de ella el Liceo Militar General Espejo, Regimiento de Infantería de Montaña 11, Regimiento de Infantería de Montaña 16, Regimiento de Infantería de Montaña 22, Compañía de Cazadores de Montaña 8, Regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 15, Grupo de Artillería de Montaña 8, Batallón de Ingenieros de Montaña 8, Compañía de Comunicaciones de Montaña 8, Compañía de Inteligencia de Montaña 8 y Hospital Militar Regional Mendoza, que integraron las cordadas de ataque y la patrulla de rescate.

Por otro lado, el Batallón de Ingenieros de Montaña 8 inauguró su temporada andina estival con los ascensos a los cerros Punta Negra y Banderita Norte y la habilitación del Refugio Militar Real de la Cruz.
En primera instancia, se efectuó la apertura de la temporada estival en el Refugio Militar, lo cual posibilitó incrementar la capacitación del personal en técnicas andinas.
Esta construcción se encuentra en el Alto Valle de Tunuyán, entre la Cordillera de Los Piuquenes, a 4.045 m.s.n.m., y el Cordón del Portillo, a 4.380 m.s.n.m., y está estratégicamente ubicada al pie de un arroyo y al reparo de los fuertes vientos.

Además, dos cordadas del Batallón de Ingenieros de Montaña 8 hicieron cumbre en los cerros Punta Negra, a 4.312 m.s.n.m., en el Valle de Uco, y Banderita Norte, a 4.200 m.s.n.m., en el distrito de Las Cuevas.

Brindaron el apoyo necesario a esta expedición 17 efectivos pertenecientes a la Sección Aviación de Ejército de Montaña 8, Compañía de Comunicaciones de Montaña 8, Hospital Militar Regional Mendoza y personal de refugieros de la Compañía de Cazadores de Montaña 8.

También, el Grupo de Artillería de Montaña 8 realizó ascensiones a los cerros Durazno (4450 m.s.n.m.), Penitentes (4351 m.s.n.m.), Banderita Norte (4200 m.s.n.m.) y Puquios (4000 m.s.n.m.).

En forma simultánea a las actividades detalladas, una cordada de 21 integrantes del Regimiento de Infantería de Montaña 11 ascendió e hizo cumbre en el Cerro Santa Elena, a 5200 m.s.n.m., ubicado en las inmediaciones del Cristo Redentor.

Por último, el Regimiento de Infantería de Montaña 16 tiene la responsabilidad de formar y capacitar al personal en actividades de rescate y apoyo a las expediciones que realiza la brigada durante la temporada estival.

Estas ascensiones pusieron de manifiesto el espíritu de cuerpo y la fuerza de voluntad de los integrantes de la VIIIva Brigada de Montaña para lograr los objetivos previstos; permitieron acrecentar los conocimientos del personal en el ambiente geográfico particular de alta montaña; fomentaron la camaradería y el conocimiento mutuo de los integrantes de las expediciones; generaron innumerables lazos con otras organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que están presentes en nuestra cordillera, y permitieron contribuir al espíritu montañés reflejado en el indeleble lema de “La montaña nos une”.