AMIA a 25 años del atentado


El 18 de julio es el vigésimo quinto aniversario del repudiable atentado a la Asociación Mutual Israelita (AMIA). El ataque terrorista provocó la muerte de 85 personas y cientos de heridos.

Desde el Ministerio de Educación Cultura Ciencia y Tecnología de la Nación se trabaja para promover una sociedad respetuosa de la diversidad cultural y religiosa. En el Portal educ.ar se presenta un conjunto de recursos para trabajar en las escuelas el Día de la Conmemoración y Recuerdo de las víctimas de la AMIA, con propuestas de aprendizaje y videos. A través de ellos, docentes y estudiantes podrán reflexionar sobre los valores de la convivencia.

La propuesta didáctica incluye el trabajo con material visual y escrito para que los estudiantes dialoguen acerca de cómo pensar la vida en común en un país caracterizado por la integración y convivencia de numerosos contingentes migratorios, apoyado en principios de respeto a la justicia y rechazo a la impunidad y a toda forma de discriminación.

Con las distintas propuestas se trata de mantener y recrear la memoria, en busca de verdad y para que el atentado no quede en el olvido. Comprender la importancia de la paz desde las aulas hará que todos tengamos un mejor espacio en el que vivir y convivir.

¿Qué sucedió el 18 de julio de 1994?

La mañana del 18 de julio de 1994, la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, la AMIA, sufrió un atentado terrorista. El edificio de la calle Pasteur 633, en el barrio de Once de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue literalmente destruido tras la explosión de una bomba. El atentado, que tuvo lugar a las 9.53 hs, dejó un saldo de 85 víctimas y más de 300 heridos. A 25 años sigue sin haber justicia.

La AMIA es una institución centenaria fundada en 1894. En sus comienzos, sus esfuerzos se concentraron en la creación de un cementerio para poder cumplir así con las leyes y costumbres milenarias que rigen la historia y las tradiciones de la comunidad, vinculadas con el momento del fallecimiento de un ser querido.

Con la llegada de los sucesivos contingentes migratorios, las actividades de la AMIA crecieron y se diversificaron. A partir de 1920, con el aumento de la población judía del país y su progresiva integración a la sociedad, la institución se convirtió en el espacio de articulación y participación de los judíos de la Argentina. La pujanza de su desarrollo quedó reflejada cuando abrió sus puertas, en 1945, su histórica casa de Pasteur 633.

La inauguración del nuevo edificio, emplazado en el mismo lugar que el anterior, se realizó el 26 de mayo de 1999, cinco años después del atentado. Bajo el lema “Por la justicia y por la vida”, la institución reabrió oficialmente sus puertas a las 9.53, el mismo horario en que explotó la bomba.

Muro de la Memoria

La obra “Muro de la Memoria” del artista Martín Ron se apoya sobre las dos vigas que quedaron sobre la medianera después del atentado. Fue inaugurada en julio de 2018.

“Recordar se vuelve un deber imperioso porque invocar a quienes hoy no están es la única manera posible de traerlos al tiempo presente”, señaló Elio Kapszuk, curador de la obra. “En tiempos de impunidad, el ejercicio de la memoria tanto individual como colectiva, debe estar directamente asociado al reclamo de justicia. Y esta dimensión está reflejada también en este mural”, indicó.

Las proporciones del Mural permiten verlo por completo desde el exterior del edificio. Ron quiso que su obra tuviera en el centro la demanda de justicia: “La escalera conecta: está apoyada en la tierra y se dirige hacia arriba, hacia el cielo, está rodeada de un reclamo colectivo -de las familias, de las víctimas y de la sociedad. Creo que pudimos plasmar la idea de recordar como un ejercicio necesario”.

Martín Ron nació en Caseros, Provincia de Buenos Aires, el 13 de marzo de 1981. Se identifica con el movimiento del arte urbano. Está entre los diez mejores muralistas del mundo. Participó de numerosas intervenciones en estaciones de subte de Buenos Aires y pintó murales en diferentes ciudades, Londres, Tallin, Penang, Bristol, Miami, Tenerife, Bremen y Glauchau.

Sus obras se caracterizan por el estilo hiperrealista, usa colores fuertes, texturas y elementos de la vida cotidiana. El “Muro de la Memoria” buscó hacer visibles las marcas del viejo edificio que permanecieron en pie tras la destrucción y resignificarlas con elementos del arte urbano. Según sus palabras “el arte puede estar al servicio de la comunidad para transformar los barrios y mantener viva su memoria”.