Desde Cuyo, celebramos los 70 años del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
Todo aniversario es una invitación a celebrar y siete décadas de trabajo ininterrumpido para impulsar el desarrollo agropecuario y agroalimentario argentino, son un motivo por demás válido para hacerlo. Este artículo resume el contexto que dio origen al INTA e incluye una breve referencia a la historia de cada Estación Experimental del Centro Regional Mendoza-San Juan.
El 4 de diciembre se conmemora el 70 aniversario del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Nuestra historia institucional está plenamente relacionada al desarrollo del sector agroalimentario del país.
El INTA fue creado en 1956 por medio del Decreto Ley 21.680/56 con la finalidad de «impulsar, vigorizar y coordinar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar, con los beneficios de estas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural».
En forma previa a este hito fundacional, sucesivos gobiernos destinaron recursos para poder organizar la investigación agropecuaria desde una mirada regional. Por ejemplo, ya la ley 3727 de Ministerios, de octubre de 1898, durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, establecía bases para una política de Estado que se ocupaba del agro en tanto motor productivo del país. Así, preveía un Ministerio de Agricultura con incidencia sobre la “legislación rural y agrícola, la gestión de avances de estudios científicos que incluían exploraciones relativas al progreso de la ganadería y la agricultura, el diseño de la educación rural”, etc.

“Desde esta estructura fueron creadas las primeras Estaciones Experimentales y Agronomías que estaban dirigidas por ingenieros agrónomos formados en universidades nacionales. Estos agentes cumplían un rol fundamental: articular el conocimiento del escenario productivo del área de influencia de dicha agencia con la investigación y la extensión rural”. (López, Silvana, 2016)
Antecedentes de un INTA con fuerte presencia territorial
En la década de 1940 se desencadenó un proceso de reestructuración del entonces Ministerio de Agricultura y los cambios efectuados se hicieron evidentes hacia el final de ese periodo. Con la aprobación de la ley 13 2549 de Organización de las Investigaciones Agropecuarias del 15 de septiembre de 1948 se buscó favorecer a estas últimas con la creación de espacios específicos para su desarrollo. Esta ley, por ejemplo, significó un avance respecto a una visión federal de la investigación para la ruralidad. En tal sentido, proponía el “desarrollo de Centros Nacionales de Investigación Agropecuaria, fundamental en cada una de las regiones naturales típicas del país (patagónica, andina, pampeana, etcétera)”, (…) “con la necesaria autonomía administrativa que asegure el desarrollo de planes permanentes y la posibilidad de incorporar personal científico”. (López, Silvana, 2016)
De esta ley, también, derivó la construcción de Estaciones Experimentales Agrícolas en los territorios, con las Subestaciones y Laboratorios Regionales que el Ministerio consideró necesarias.
La creación del INTA, hace 70 años, tiene una relación directa con el “Informe preliminar acerca de la situación económica argentina”, también conocido como Informe Prebisch, en alusión a su autor. Raúl Prebisch era en ese momento el secretario ejecutivo de la CEPAL, el organismo dependiente de la ONU cuya función principal era ofrecer lineamientos para que los países subdesarrollados alcanzaran niveles competitivos y de esa forma llegar al ansiado desarrollo. Este informe fue publicado en 1955, en el marco de un contexto socioeconómico caracterizado por el aumento de la demanda interna de alimentos y la necesidad de mejorar la balanza comercial internacional de las materias primas argentinas.

De este modo, la creación del INTA se fundamenta en tres razones:
-La existencia de un análisis global de la economía argentina, basado en el informe de Raúl Prebisch, en el que se recomienda un programa intensivo de tecnificación del campo. Para llevarlo a cabo era necesaria la creación de un organismo estatal que reuniera la investigación y la transferencia tecnológica y se encargara de promover las innovaciones en el sector a nivel nacional.
-La existencia en el país de un núcleo fundador de investigadores y de extensionistas en condiciones de concebir y formar parte de ese nuevo organismo, conjuntamente con una fuerte predisposición al cambio institucional.
-Una efectiva decisión del gobierno traducida en hechos. (Durlach, Augusto, 2005)
Así comenzó la historia del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, un organismo caracterizado por su autarquía, desde los inicios y por reunir, bajo la misma órbita estatal, acciones estratégicas de investigación y de extensión; rasgo, este último, que lo vuelven único en el panorama latinoamericano.
El INTA de hoy
Como organismo de investigación de vanguardia en el desarrollo agro-tecnológico de alcance mundial, proyectamos acciones para alcanzar competitividad, sostenibilidad social, económica y ambiental, con sentido nacional.
Nuestros esfuerzos se orientan a la innovación como motor del desarrollo, atendiendo a las particularidades socioproductivas de cada región, en las que tomamos decisiones escuchando la voz y el voto de las entidades que nuclean a productores, gobiernos y universidades propias de cada sitio. Somos un organismo que integra capacidades para fomentar la cooperación interinstitucional, generar conocimientos y tecnologías, y ponerlos al servicio del sector a través de sistemas de extensión, información y comunicación.
A lo largo de nuestra historia, no solo facilitamos el cambio tecnológico para el progreso de la familia rural sino que también fuimos promoviendo la innovación para el desarrollo nacional, regional y territorial. El compromiso central con la innovación y el desarrollo ha llevado al INTA, a consolidar un fuerte entramado institucional y social a lo largo y ancho del territorio argentino, consustanciándose en política de Estado.

Las 5 Estaciones Experimentales Agropecuarias existentes en nuestra región tienen una historia diversa, ya que algunas fueron creadas después de haber comenzado a funcionar el INTA y otras lo anteceden. Tal es el caso de la EEA Mendoza, que fue creada en 1948, luego de que el Estado adquiriera un terreno, en Luján de Cuyo, perteneciente a la familia Guiñazú. Desde su origen, dependió del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación. Recién después de la creación del INTA, en 1956, la Estación pasó a depender de este organismo.
La EEA La Consulta también es anterior a 1956. Ya en 1946 se describen actividades desarrolladas en un Campo Experimental que luego pasó a llamarse “Subestación Experimental La Consulta”, igualmente dependiente del Ministerio de Agricultura. El INTA toma posesión de esta Subestación en 1958.
La EEA Junín posee una historia similar a la de La Consulta, ya que ambas, mientras dependían directamente del Ministerio de Agricultura nacional, funcionaban como subestaciones de la EEA Mendoza. El emplazamiento de esta unidad de investigación en Junín se hizo en el mismo predio donde el Estado contaba con una importante colección de variedades de olivo, iniciada en 1948 bajo responsabilidad de la Corporación Nacional de Olivicultura. En el año 1956, con la creación del INTA, la unidad de Junín pasa a ser reconocida como una de sus dependencias, considerada por años una Subestación, hasta que a comienzos de la década de 1990, toma el estatus de Estación Experimental.
En el sur de Mendoza, la EEA Rama Caída tiene una historia que se remonta a los ferrocarriles ingleses. La empresa Buenos Aires al Pacífico montó allí, en 1925, un vivero de plantas frutales certificadas, para estimular el aumento de producciones locales de valor comercial y el consecuente transporte de las materias primas en el tren. En 1947, durante el gobierno de Perón, el ferrocarril fue nacionalizado, así como sus dependencias. El rebautizado Vivero Nacional de Rama Caída continuó activo, hasta ser transferido en 1958 al INTA, transformándose en una Estación Experimental.
El trabajo del INTA en San Juan comienza después de su creación, con la instalación, en 1958, de una Agencia de Extensión Rural con sede en la ciudad de San Juan, dependiente del Centro Regional Cuyo. Dos años más tarde, en 1960, el INTA creó formalmente la Estación Experimental Agropecuaria San Juan, tras comprar un terreno en Villa Aberastain, departamento Pocito. Esta Estación cuenta además con un campo anexo en el departamento San Martín, donde en la actualidad se asienta una importante colección de olivos reconocida por el Consejo Oleícola Internacional. Dicho banco de germoplasma tuvo su origen en la década del ‘40 quedando bajo tutela de la Corporación Nacional de Olivicultura, del Ministerio de Agricultura. Luego de la creación del INTA, esas instalaciones le fueron transferidas como Campo Anexo San Martín, donde el INTA continuó incorporando variedades y profundizando su estudio.
En la actualidad contamos, como dijimos anteriormente, con 5 Estaciones Experimentales Agropecuarias, de las que dependen 19 Agencias de Extensión Rural, que cubren el territorio de Mendoza y San Juan. Algunos ejes estratégicos definidos a nivel institucional, en torno a los cuales orientamos esfuerzos son:
-Gestión eficiente del recurso hídrico en contexto de cambio climático. Energías alternativas.
-Productividad de la mano de obra. Mecanización.
-Gestión territorial-ambiental. Zonificación agroclimática. Ordenamiento territorial. Transición urbana-rural. Cinturones verdes.
-Sanidad. Plagas y enfermedades. Inocuidad.
-Diversificación de la matriz productiva. Agregado de valor y agroindustria. Disminución de brechas productivas. Valorización de la intensificación sostenible.
-Calidad. Buenas prácticas. Alimentos funcionales y nutracéuticos.
-Producción animal. Sostenibilidad de los ecosistemas naturales. Interfaz oasis-secano. Sistemas intensivos bajo riego.
-Innovación tecnológica y tecnologías disruptivas a futuro.
-AgTech: agricultura de precisión: big data, SIG, teledetección, geomática, robótica, etc.
