Fusariosis del trigo: la ventana crítica para anticiparse al “golpe blanco”
Desde el INTA Paraná destacan el manejo preventivo y el uso de información técnica para gestionar el riesgo de una enfermedad que puede afectar tanto el rendimiento como la calidad comercial del grano. Conocer el momento de floración y las condiciones ambientales permite identificar una ventana crítica.
La fusariosis del trigo, también conocida como “golpe blanco”, es una enfermedad cuya gestión depende de la interacción entre el patógeno, un hospedante susceptible, un ambiente húmedo y, fundamentalmente, el factor tiempo.
Por eso, desde el INTA Paraná destacan la importancia del manejo preventivo y de contar con información técnica para gestionar el riesgo. En esta enfermedad, conocer cuándo se produce la floración y cómo evolucionan las condiciones ambientales resulta clave para anticiparse.
Las pérdidas económicas están asociadas tanto a la reducción del rendimiento como a la calidad del grano producido. “La calidad e inocuidad de los granos se ven afectadas por la degradación del almidón y otras proteínas, como por la contaminación con diversas toxinas, entre ellas Deoxynivalenol (DON), micotoxina producida por el hongo Fusarium graminearum, perjudicial para la salud tanto si el destino es el consumo humano o animal”, informó la fitopatóloga, Ing. Agr. Lorena Schutt (INTA).
Prevenir y anticiparse
Dentro de los mecanismos preventivos, el monitoreo climático constituye un primer eslabón para la toma de decisiones.
La ventana crítica
En trigo, la vulnerabilidad máxima se concentra desde las primeras anteras expuestas hasta el inicio del llenado. Para el productor, identificar este período permite transformar una amenaza de difícil percepción a campo en una oportunidad concreta de manejo.
Herramientas digitales. La estimación de la fecha de antesis es un dato central. Herramientas como Cronotrigo © AR permiten predecirla a partir de la localidad, el cultivar y la fecha de siembra: Modelos Cronos | Facultad de Agronomía - UBA
“Lo desarrolló la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, y nos permite estimar con cierta precisión –teniendo en cuenta la localidad, el cultivar y la fecha de siembra, la fecha de floración–, la antesis”, explicó Schutt.
Modelo de Mochini. Una vez definida la fecha de floración, el modelo de Mochini, desarrollado en el área de Agrometeorología, permite estimar el riesgo de ocurrencia de la enfermedad y constituye otra herramienta para el seguimiento.
El modelo puede consultarse en Agrometeorología INTA.
Conocer este margen transforma una amenaza difícil de visualizar en una ventana de acción concreta. En fusariosis, contar con información en ese momento permite tomar decisiones de manejo con mayor fundamento.
A diferencia de la lógica curativa que suele aplicarse con las royas y las manchas, el control de Fusarium es estrictamente preventivo y probabilístico.
En cuanto al control químico, los triazoles o mezcla de triazoles y o con benzimidazoles (Grupos 3, 3+3 o 3+1) serían los más recomendados, no recomendándose bajo ningún punto de vista, las estrobirulinas (Grupo 11) y o mezclas que la contengan luego de la floración por el efecto de estas en la producción de deoxinalenol (DON).
El aporte de la genética
La genética moderna no ofrece blindajes totales, sino diferentes mecanismos de resistencia. La Ing. Schutt destaca “que no tenemos en el mercado cultivares con resistencia total, sino con comportamientos diferenciales, algunos caracterizados como moderadamente resistentes, moderadamente susceptibles y susceptibles”.
En trigo, informó la profesional en mejoramiento, se han identificado cinco diferentes mecanismos activos de resistencia genética a esta enfermedad:
- Resistencia a la infección inicial: se relaciona con el porcentaje de espigas con síntomas a nivel de lote, medido como incidencia.
- Resistencia a la dispersión de la infección dentro de la espiga: corresponde a la proporción de la espiga que presenta síntomas, evaluada como severidad.
- Resistencia a la infección del grano: se evalúa mediante el porcentaje de granos fusariosos, determinado en gabinete.
- Tolerancia: es la capacidad de mantener el peso de los granos o el rendimiento ante infecciones ocasionadas por la enfermedad. Se evalúa mediante ensayos que comparan el rendimiento obtenido a campo bajo condiciones de infección, naturales o inducidas, y en ausencia de la infección.
- Resistencia a la acumulación de micotoxina deoxynivalenol: se evalúa cuantificando el contenido de micotoxinas en el grano mediante diferentes métodos, como pruebas inmunoenzimáticas —ensayos Elisa— o técnicas cromatográficas. Debido al alto costo de los análisis, es el tipo de resistencia menos estudiada.
Estas características son independientes entre sí y permiten comprender por qué el comportamiento de un cultivar frente a la enfermedad no puede evaluarse únicamente a partir de los síntomas visibles.
Inocuidad y valor comercial
El impacto de la fusariosis va más allá de la pérdida de rendimiento. Existen infecciones que conservan su peso y no son eliminadas durante la cosecha, pero pueden mantener niveles elevados de micotoxinas.
El deoxinivalenol (DON) es una micotoxina termoestable que afecta la salud humana y animal y puede generar castigos, descuentos o dificultades en la comercialización, según los niveles detectados y las condiciones de recepción del grano, fundamentalmente si el destino es la exportación.
“Es crucial entender que estas resistencias son independientes. Hay cultivares que muestran mucha infección visual, pero niveles relativamente bajos de micotoxina, y otros que parecen tener niveles intermedios de daño, pero presentan concentraciones relativamente altas de DON. Esto ocurre porque algunos genotipos tienen la capacidad de 'detoxificar' la micotoxina que otros no tienen (resistencia). Esta es una línea de trabajo de importancia para la inocuidad alimentaria, que se está abordando de a poco, tratando de realizar vinculaciones con otros equipos de investigación para lograr mayores resultados”, informó Lorena Schutt.
Atención durante la cosecha
Si bien Schutt recomienda ajustar la ventilación de la cosechadora para “soplar” los granos livianos e infectados, advierte que se trata de una medida a veces insuficiente. Muchos granos dañados conservan un peso específico similar al sano, por lo que pueden permanecer en la tolva y mantener niveles de DON no aptos para la alimentación.
Por eso, la prevención y el seguimiento durante el cultivo adquieren especial importancia: una vez cosechado el grano, las posibilidades de reducir el problema son más limitadas.
Información para decidir
Desde 2015, la EEA Paraná trabaja en la evaluación del comportamiento de materiales de trigo frente a la fusariosis. Anualmente se evalúan entre 350 y 600 líneas experimentales pertenecientes al Programa de Mejoramiento de INTA y viveros del CIMMyT, frente a testigos de máxima susceptibilidad.
Este trabajo permite generar información sobre el comportamiento de los materiales frente a la enfermedad, identificar fuentes de resistencia y aportar elementos para la toma de decisiones productivas.
En una enfermedad donde no hay soluciones mágicas, la información técnica es una herramienta fundamental para gestionar el riesgo y contribuir a la sostenibilidad del sistema triguero.
Más información: Ing. Agr. Lorena Schutt.



