A 43 años de los combates de Monte Longdon, Dos Hermanas y Harriet
En la noche del 11 de junio, se completaba el cerco británico sobre Puerto Argentino y comenzaban los combates para dominar el acceso a la capital de las islas Malvinas.
Una vez que las tropas británicas consolidaron la cabeza de playa en San Carlos, la guerra habría de decidirse en el combate terrestre. Los tres componentes de las Fuerzas Armadas (terrestre, aéreo y naval) tuvieron un accionar destacado, cuya preponderancia fue variando con el correr de los días.
En los últimos días de mayo, después del desembarco en San Carlos, los británicos comenzaron a avanzar. Primero, se dirigieron a las posiciones argentinas en Darwin, a fin de eliminar la amenaza en el flanco derecho de su avance hacia Puerto Argentino y también buscando una victoria que tuviera impacto psicológico en ambos bandos. Las primeras acciones argentinas tomaron por sorpresa a los británicos por la ferocidad de los soldados sobre el terreno. Necesitaban desactivar la Fuerza de Tareas “Mercedes” y, a su vez, infundir confianza en sus tropas.

El combate de Darwin y Pradera del Ganso fue un anticipo de lo que vendría para ambos contendientes: una confrontación marcada por la valentía y la crudeza. Tras la caída de las posiciones argentinas, los británicos pudieron iniciar su avance hacia la capital isleña. Extensas jornadas de marcha y eventos como Top Malo House, Fitz Roy y Bahía Agradable mostraban la decisión de nuestras tropas e infligían serios daños a las fuerzas británicas.

El acceso a Puerto Argentino estaba dominado por dos líneas de alturas sucesivas. Las tropas que mantenían la defensa se encontraban en sus posiciones hacía más de un mes. No solo el fuego de artillería enemigo ejercía presión sobre la primera línea, sino también el clima frío, el terreno húmedo, la incertidumbre y el inevitable cansancio. Asimismo, el inicio de las acciones afectó indefectiblemente la logística, que es lo que permite mantener el bienestar de las tropas.

El 8 de junio comenzó el avance decidido sobre las posiciones argentinas, exponiendo a nuestras tropas a lo que puede interpretarse como una operación de cerco, en la cual se avanza desde varias direcciones, y se deja al defensor sin posibilidad clara de repliegue para reorganizarse ni apoyo de otra fuerza de considerable magnitud. En Harriet, las posiciones argentinas fueron hostigadas y, en reiteradas oportunidades, lograron rechazar los avances británicos.
El 10 de junio se ejecutaron fuegos de artillería sobre posiciones de artillería inglesas. El ataque inglés era inminente.

Durante las últimas horas del 11 de junio, iniciaron las acciones de lo que luego la historia militar llamó la batalla de Puerto Argentino. Las tropas británicas avanzaban contra las posiciones argentinas del Regimiento de Infantería 4, en los montes Harriet y Dos Hermanas, del Regimiento de Infantería 6, en Dos Hermanas, y del Regimiento de Infantería 7, en Monte Longdon. Estos combates, con innumerables muestras de valor y patriotismo, se extendieron hasta el día siguiente. La simultaneidad de los ataques impidió el apoyo de las unidades aledañas.

En esa cruenta madrugada del 12 de junio, se decidía la campaña en los combates terrestres. El sostenido avance inglés se encontró con la valentía de nuestros hombres, la puntería de las ametralladoras y la eficacia de los cañones argentinos.
A las 6:30, el comandante de la Agrupación Puerto Argentino ordenó el repliegue de las tropas argentinas hacía Wireless Ridge y la ejecución de fuego de artillería sobre las alturas de Monte Longdon, una vez que se retiraran.

En la media mañana del 12 de junio, la primera línea argentina se extendió hacia el norte, sobre la línea de Monte Tumbledown hasta Wireless Ridge, con el Batallón de Infantería de Marina 5, de la Armada Argentina, la compañía “B” del Regimiento de Infantería 6, una compañía del Regimiento de Infantería 3, el Escuadrón de Caballería 10, una sección remanente del Regimiento de Infantería 4 y dos compañías disminuidas del Regimiento de Infantería 7.

Fotografías gentileza Gonzalo Lauda