Vlasta Lah: la primera directora del cine sonoro argentino
A 111 años de su nacimiento, la Secretaría de Cultura recuerda a esta pionera del séptimo arte en nuestro país, quien se convirtió en la primera realizadora al dirigir “Las furias” en 1960.
Nacida el 13 de enero de 1913 en Pula, en el entonces Imperio Austrohúngaro, Vlasta Giulia Lah Rocchi, conocida artísticamente como Vlasta Lah, se convirtió en una figura pionera en la historia del cine argentino. Su trayectoria, subestimada en su época y olvidada durante décadas, abrió un camino que siguieron otras realizadoras como María Luisa Bemberg, María Herminia Avellaneda, Lucía Puenzo o Lucrecia Martel, entre muchas más.
Vlasta llegó a Buenos Aires el 7 de agosto de 1938 junto a su esposo, el también cineasta Catrano Catrani. Ambos comenzaron a trabajar en los prestigiosos Estudios San Miguel, donde Lah se desempeñó como asistente de dirección en numerosas películas durante los años cuarenta y cincuenta. En 1960, Lah hizo historia al convertirse en la primera mujer en dirigir un largometraje de ficción sonoro en Argentina con la película Las furias.

La investigación
La recuperación de su figura tiene mucho que ver con la investigación que hicieron Candela Vey y Martín Miguel Pereira que decantó en el libro Por ser mujer. La biografía de Vlasta Lah (2023, Ediciones del Camino), que cuenta con testimonios del hijo de Lah, Víctor Catrani, y con prólogos de la historiadora Paula Félix-Didier y del crítico y divulgador de cine Fernando Martín Peña.
“En 2015, estudiando la carrera Artes Combinadas en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), tuve que realizar un trabajo de investigación de tema libre y, como me formé también en dirección cinematográfica, comencé a hacer un relevamiento de las mujeres directoras del cine argentino. El encontrarme con tan solo un puñado de realizadoras en el período mudo y luego un salto de casi cuarenta años hasta la aparición de Vlasta Lah, en la década del sesenta, llamó por completo mi atención. Pero en ese momento no había casi información sobre Vlasta, entonces con Tino Pereira comenzamos a investigarla con la intención de hacer un documental, pero claro, la información era escasa y contradictoria”, explica Vey.
Durante la pesquisa, que incluyó la búsqueda de familiares por redes sociales y mucho trabajo de archivo en plena pandemia, pudieron determinar que Vlasta y su hermana mayor Neva se habían anotado paralelamente en las escuelas de cine y de actuación en la Academia de Santa Cecilia en Italia a comienzos de la década del treinta. “Querían ser actrices, pero luego Vlasta se pasó a la dirección cinematográfica donde conoció a Catrano Catrani, un alumno dos años más avanzado que ella que además era ayudante de las prácticas de rodaje del profesor y director italiano Alessandro Blasetti. En 1935, Vlasta, Neva y Catrano formaron la primera camada del Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma con el nombre que lo conocemos hoy, una de las escuelas de cine más prestigiosas y antiguas del mundo. Tenemos constancia tanto que los tres trabajaron de extras en las películas de Blasetti como que realizaron cortometrajes en 16 y 35 milímetros que hemos mostrado en el Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires el año pasado”, suma la investigadora.
Vlasta y Neva eran dos mujeres independientes y extranjeras que se habían mudado, primero a Trieste donde modelaban para varios estudios fotográficos y luego a Roma, para estudiar cine, una situación mal vista en Italia en el período de entreguerras. “Tenemos constancia de que Neva fue perseguida por el partido fascista, que la obligó a dejar los estudios. Por otro lado, Catrano Catrani trabajó para el Instituto Luce, instituto de propaganda del régimen mussoliniano, como encargado de la Unidad Cinematográfica que filmaba la Guerra Civil española del lado de los falangistas. Pero al ver las imágenes del horror tras la lente de la cámara, Catrano desertó, volvió a Roma y se mudó con Vlasta”, amplía Vey.
En ese contexto difícil y con la creciente amenaza de una nueva guerra, en 1938 Vlasta quedó embarazada. Ella y Catrano se casaron y al poco tiempo migraron hacia la Argentina con un contrato que les consiguió un distribuidor de las películas del Luce en el extranjero, que los puso en contacto con Miguel Machinandiarena, dueño de los Estudios San Miguel.

De asistente a directora
Llegaron al país en septiembre de 1938, con Vlasta embarazada de ocho meses y Catrano como uno de los tantos extranjeros experimentados que venían no sólo a insertarse en el medio cinematográfico local sino también a profesionalizarlo. “Al poco tiempo él se convirtió en director de los Estudios San Miguel y Vlasta comenzó en uno de los escalones más bajos, el de pizarrera para luego llegar a ser asistente de dirección. Mientras Catrano dirigía su primer largometraje en 1942, Vlasta iniciaba su carrera ascendente asistiendo a los principales directores dentro del estudio, además de colaborar en todas las películas de su marido. Hasta la fecha tenemos constancia de que Vlasta Lah realizó unas veinte películas como asistente”, certifica Vey.
Con un cine argentino pujante, Vlasta asistió a los principales directores clásicos de nuestra cinematografía: Ernesto Arancibia, Mario Soffici, Luis Saslavsky, Jorge Jantus, Luis Mottura, Luis Moglia Barth, Carlos Schlieper, Antonio Momplet, Enrique Cahen Salaberry, Julio Saraceni, el mismo Catrani y a los directores que hacían sus debuts cinematográficos, como es el caso de Hugo del Carril, Homero Manzi y Ralph Pappier. “Cuando entrevistamos al hijo, nos contó que muchos directores la buscaban porque podía resolver ciertas cosas que ellos, al no tener una formación profesional, no se animaban. Por lo tanto, muchas de las escenas del cine clásico argentino pudieron estar dirigidas por Vlasta Lah”, detalla Vey.

Para 1960 el viejo sistema de estudios estaba en declive. Lah tuvo entonces más independencia para elegir el tema y el equipo, en gran parte mujeres, de su primera película, que fue producida por Lumiton y la productora de su esposo. Debutó como directora con Las furias, una adaptación de la exitosa pieza teatral de Enrique Suárez de Deza y protagonizada por grandes actrices de la época como Mecha Ortiz, Olga Zubarry, Aída Luz, Alba Mujica y Elsa Daniel. La trama se centraba en la convivencia de cuatro mujeres unidas por el mismo hombre.
Tal vez, por la expectativa que generó el elenco, la crítica no tuvo buenas consideraciones con Las furias. Sin embargo, en 2022, fue elegida entre las 100 mejores películas del cine argentino, en una encuesta realizada por la editorial Taipei con apoyo del INCAA.
Dos años más tarde, dirigió su segundo y último largometraje, Las modelos, que también tenía historias protagonizadas por mujeres.

¿Fue Vlasta también la primera mujer directora en Latinoamérica? “Fue la primera directora de un largometraje sonoro de ficción en argentina sin lugar a dudas o, por lo menos, hasta que otra realizadora olvidada surja de las sombras. Por otro lado, en la década del sesenta en Latinoamérica no hay registro de que otra mujer directora haya hecho largometrajes sonoros de ficción. Eso no significa que no existiesen, el problema es que no hay registro, no hay fuentes. Los casos de las documentalistas y/o cortometrajistas que surgieron de las escuelas de cine de La Plata y del Litoral durante la segunda mitad de la década del cincuenta nos advierte una deuda que hay que saldar: la historia de las mujeres en el cine todavía no fue escrita”, señala Vey.
“A partir de nuestra investigación sobre Vlasta Lah pudimos descubrir que tanto asistentes de dirección como guionistas, productoras y hasta actrices quisieron dirigir una película, pero no pudieron. Esto no significa que no hayan realizado algo por su cuenta. En el caso de Vlasta Lah hay constancia de que en 1943 realizó un cortometraje con un equipo de mujeres quedándose después de hora del trabajo en los Estudios San Miguel”, argumenta.
Vlasta Lah falleció el 12 de julio de 1978 en Buenos Aires, dejando un legado que, aunque subestimado en su época, sigue siendo una fuente de inspiración para las nuevas generaciones de cineastas.