Recursos


Los océanos son una muy importante fuente de bienes naturales de valor para el desarrollo de la sociedad, a los que se los denominan “recursos marinos”.

En sus aguas habitan cerca de 180.000 especies animales, incluidas alrededor de 16.000 variedades de peces y más de 10.000 especies de plantas.

De esta manera, el océano no sólo ofrece la riqueza de peces, moluscos, crustáceos y otras especies animales comestibles, sino también sus algas marinas, aprovechables tanto para la alimentación como para usos terapéuticos e industriales.

Adicionalmente, las plataformas continentales se presentan como muy importantes reservorios de petróleo y de gas. Una variedad de elementos químicos y compuestos de amplia utilización industrial pueden además ser obtenidos tanto del fondo y subsuelo del mar, como de sus propias aguas.

El aprovechamiento del potencial energético del mar constituye otro de los recursos que aparece destinado a un próximo e intenso desarrollo. La enorme energía disponible en el movimiento de las aguas (olas y corrientes de mareas), y la posibilidad de convertirla en electricidad con mínimos impactos sobre el ambiente, abren un promisorio panorama.

Desde épocas muy tempranas, ciertas comunidades costeras conocieron y utilizaron algunos de estos recursos marinos para satisfacer sus necesidades, en particular las de alimentación. Los avances del conocimiento y la tecnología ampliaron enormemente las posibilidades de explotación de nuevos y mayores recursos.

Paralelamente, el aumento y desarrollo de la población mundial incrementaron en forma incesante su demanda. A fines del siglo pasado se evidenció una disminución importante de las reservas de algunos de los recursos explotados en tierra, tales como el petróleo y el gas natural. Esta circunstancia aumenta, sin lugar a dudas, la relevancia de los ambientes marinos, como fuente de recursos esenciales.

La constante presión sobre los recursos – con riesgos ciertos de agotamiento-, así como los impactos que su explotación y uso provocan en el ambiente, han encendido señales de alerta en la sociedad global.

Las últimas décadas han sido ricas en la producción de nuevos conceptos y miradas sobre el uso de los recursos. La explotación sustentable y armónica, la precaución como actitud frente a consecuencias desconocidas o la preservación ambiental como condición indispensable de cualquier proyecto de explotación, son algunos de estos nuevos conceptos que han comenzado a cambiar positivamente la visión y normativa para el aprovechamiento racional de los recursos naturales.