Esta línea de acción buscó aumentar la capacidad de adaptación de pequeños productores familiares a la variabilidad climática a través de obras de captación y almacenamiento de agua para el desarrollo de prácticas agrícolas.

Basándose en la generación de canales participativos, propugnó la adopción de tecnologías como las perforaciones (pozos) para la obtención de agua subterránea, la readecuación de techos y cisternas o aljibes asociadas como reservorios para la captación de agua de lluvia, represas para ganado mayor y menor, y un sistema de agua multipropósito que utiliza el agua de lluvia a través de una represa, complementando y mezclando el agua colectada con agua subterránea.

Las actividades han estado siempre acompañadas por un eje de capacitación continua, basada en la metodología de la formación de formadores y del “aprender haciendo”. El formato se basó en una metodología participativa y priorizando el enfoque territorial “desde abajo”, considerando las necesidades del territorio y de la población beneficiaria.

En cuanto a la optimización agrícola, se trabajó en la toma de medidas para la protección de los cultivos, en la incorporación de recursos forrajeros para la conservación de suelos y de mejoras en las instalaciones para el establecimiento de sistemas silvopastoriles principalmente.

La planificación forrajera, propuesta como herramienta técnica y metodológica para el manejo productivo de las capacidades de carga y para la sustentabilidad de los agroecosistemas, sirve para diagnosticar las perspectivas climáticas de cada estación, así como la capacidad de respuesta de las diferentes especies forrajeras y los pastizales naturales frente a los cambios climáticos.