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Factores de riesgo


El cáncer se produce por una multiplicidad de factores. En muchos casos no existe una única causa identificable, sino la combinación de condiciones genéticas, ambientales, infecciosas y vinculadas con los hábitos de vida. Conocer estos factores permite fortalecer las estrategias de prevención, promover conductas saludables y favorecer la detección temprana de determinados tipos de tumores.

La presencia de uno o más factores de riesgo no significa necesariamente que una persona desarrollará cáncer. Sin embargo, identificar estos factores permite reconocer situaciones que pueden requerir mayor cuidado, consultas con el equipo de salud o medidas específicas de prevención.

Factores genéticos

Algunas personas pueden presentar una mayor predisposición genética a desarrollar cáncer debido a sus antecedentes familiares. Esto no implica necesariamente que vayan a desarrollar la enfermedad, ya que el cáncer suele originarse por la interacción de múltiples factores. El componente hereditario explica sólo una proporción menor del total de casos, estimada entre el 5% y el 10%.

Factores ambientales y ocupacionales

La exposición a determinados agentes presentes en el ambiente o en algunos ámbitos laborales puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer. Estas exposiciones pueden producirse a través del aire, el agua, los alimentos, el suelo o en espacios de trabajo donde existan sustancias, mezclas o procesos cancerígenos.

Determinados grupos de trabajadores pueden estar expuestos a niveles mayores de agentes cancerígenos. Un ejemplo ampliamente documentado es la exposición ocupacional al asbesto o amianto. Muchos de estos riesgos pueden reducirse mediante medidas adecuadas de prevención, control y protección en los lugares de trabajo y en el ambiente.

Factores infecciosos

Ciertas infecciones ocasionadas por virus y bacterias se asocian con un mayor riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer. Entre ellas se encuentran la infección persistente por Virus del Papiloma Humano, asociada principalmente al cáncer de cuello uterino y a otros tumores; los virus de la hepatitis B y C, relacionados con el cáncer hepático; el Virus de Epstein-Barr, vinculado con algunos linfomas y otros tumores; el VIH, que incrementa el riesgo de determinados cánceres en el contexto de inmunosupresión; y la infección por Helicobacter pylori, asociada al cáncer gástrico y al linfoma MALT.

Algunas de estas infecciones pueden prevenirse mediante vacunación, diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado y otras medidas de prevención. En el caso del cáncer de cuello uterino, la detección de lesiones precursoras permite intervenir antes del desarrollo de la enfermedad.

Radiaciones

La exposición a radiación ultravioleta proveniente del sol es uno de los principales factores de riesgo para el cáncer de piel, especialmente cuando ocurre sin los cuidados adecuados. Las camas solares también emiten radiación ultravioleta y son consideradas cancerígenas.

Por otra parte, algunos estudios médicos como radiografías, mamografías y tomografías, utilizan radiaciones ionizantes. Estos estudios son herramientas importantes para el diagnóstico y seguimiento de múltiples enfermedades, pero deben estar adecuadamente indicados y realizados por profesionales de la salud, con el objetivo de evitar exposiciones innecesarias. La ecografía y la resonancia magnética no utilizan radiación ionizante.

Hábitos y estilos de vida

Los hábitos y estilos de vida cumplen un rol importante en la prevención del cáncer. La inactividad física, el consumo de tabaco, el consumo de alcohol, el sobrepeso, la obesidad y una alimentación poco saludable se asocian con mayor riesgo de distintos tipos de tumores.

Mantener un peso corporal saludable, realizar actividad física en forma regular, sostener una alimentación equilibrada, evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol son medidas que contribuyen a disminuir el riesgo de desarrollar cáncer y otras enfermedades crónicas.

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