Solo en la Antártida…

El 26 de febrero, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, entregó un reconocimiento presidencial al sargento ayudante Díaz, quien, como miembro de la Campaña Antártica 2017 en la Base Carlini, sobrevivió a la intemperie durante casi 24 horas.


El 26 de agosto de 2017, una patrulla salió de la Base Antártica Carlini hacia el glaciar Yamana para buscar una carga que había lanzado un avión Twin Otter de la Fuerza Aérea Argentina.

Cuando regresaban, una sorpresiva tormenta de viento blanco los atrapó.

Fue entonces cuando el sargento ayudante Fabián Díaz, que iba en la última moto, cayó al pisar un desnivel en el hielo. Sin percatarse del accidente, la patrulla siguió, y también su moto de nieve ya que por el frío se le había congelado el cable del acelerador.

Cuenta el sargento ayudante Díaz: “Cuando caigo trato de atrapar la moto, de alcanzarla; pero con el acelerador pegado me fue imposible y se pierde en la cortina de nieve y viento, en ese viento blanco que no permitía ver nada”.

-¿Y cuándo se dio cuenta el resto de la patrulla de su caída?
-En la patrulla íbamos casi pegados con las motos y mirándonos constantemente. Así que se dieron cuenta enseguida. Frenaron las tres motos; empezaron a buscarme, pero al alejarse caminando de las motos se dieron cuenta que también corrían el riesgo de perderse.

-Capaz que estaban separados por 10 metros y no se podían ver…
-Exactamente; yo les gritaba y ellos también a mí. Pero el viento y la nieve nos tapaban las voces. El jefe de patrulla tiró bengalas pero ni eso lograba atravesar esa cortina blanca que no permitía ver a más de 1 metro.

-Además está el peligro de las grietas…
-Y aparte eso… Así que había que estar atento a todo. No quería avanzar mucho porque me podía desorientar, no sabía si podía pisar una grieta cubierta por nieve polvo y quedar enterrado, entonces ese desconocimiento del terreno me impedía avanzar. Estaba pisando seguro en el lugar donde estaba, que era hielo bien duro y firme.

-Si no me equivoco, 26 de agosto estamos en plena noche polar, o sea que todo lo que podía ver era blanco y negro. La nieve y la noche cerrada.
-Sí, en ese momento, para las 15:30/16:00, ya era noche cerrada.

El sargento ayudante Fabián Díaz con la placa de reconocimiento que le entregara el ministro de Defensa.

-Estas tormentas suelen ser largas ¿no? ¿Cuánto duró la que lo alcanzó a usted?
-Sí, pueden durar mucho. La mía duró hasta el día después; el temporal empezó aproximadamente a las 14:00 y se extendió hasta las 08:00 del día siguiente. Una noche entera con temperaturas inferiores a los -30°C.

-O sea: sin moto, sin carpa, tan solo con el equipo que llevaba puesto. ¿Cómo hizo para sobrevivir?
-Intenté hacer lo que aprendimos en el Curso Conjunto Antártico y los cursos de montaña. Quise hacer una cueva de nieve, pero estaba sobre el hielo. Quise juntar nieve para hacer una pared que me resguardara, pero era nieve polvo que se volaba con el viento. Entonces junté un poco de nieve para hacer un banco y me senté de espaldas al viento, con las piernas estiradas, sabiendo que ya no me iba a poder parar.

-¿Por qué con las piernas estiradas?
-Porque era la forma de estar más cómodo; sabía que si encogía las rodillas o me ponía en posición fetal sería peor porque iba a quedar duro y me costaría mucho más estirar las piernas. Y esa fue la decisión más acertada, porque al transcurrir la noche, cuando empecé a sentir más frío, sobre todo en los dedos de los pies, podía moverlos y reactivar la circulación.

Sabía que si me dormía, seguramente no me despertaría. Entonces constantemente me hablaba a mí mismo para no dormirme.

-Ya nos explicó cómo hizo para sobrevivir físicamente a la tormenta. Pero, ¿cómo hizo para sobrevivir psicológicamente? Porque el ruido del viento blanco es insoportable, además no hay nada en qué entretener la vista, todo es el blanco de la nieve y el negro de la noche.
-Apliqué mis conocimientos para afrontar esa situación. Busqué algo que me diera valor para sobrevivir a lo que estaba pasando. Empecé a rezar, recé mucho toda la noche, cantaba, hablaba con mi familia. Y lo hacía todo en voz alta porque no quería escuchar el ruido del viento. Y también descubrí que al hacerlo en voz alta me ayudaba a calefaccionar mi cara. En los momentos en que me quedaba callado sentía que me venía el sueño y me obligaba a reactivarme.

-Varias veces me mencionó que hablaba con su familia ¿Qué les decía?
-(Emocionado) Cuesta recordar esto… Hablaba con mi esposa, con mis hijos (tres nenas y un varón) y con mis padres. Y… uno habla, habla cosas… Les decís que “todo va a salir bien”, que “los va a volver a ver”… Fue una situación muy difícil que no puedo recordar sin emocionarme.

-Así logró sobrevivir la noche ¿Cómo siguió cuando terminó la tormenta?
-Cuando pasó la tormenta pude orientarme, estaba de espaldas a la base. Quise pararme pero tenía las piernas entumecidas, comencé a frotarme las piernas para reactivar la circulación hasta que me pude parar.

Ahí empecé a ver todo en fotos… Tenía al frente el mar inmenso, divino, a la izquierda el glaciar Yamana de donde veníamos y a mi espalda la base. Pero el aire estaba tan limpio que parecían postales.

Me orienté y empecé a caminar hacia el cerro Tres Hermanos que es donde está la base Carlini.

Estaba a 6/7 kilómetros, empecé a caminar y a caer en pozos llenos de nieve polvo que me enterraban hasta la cintura. Finalmente, después de aproximadamente 2 horas, llegué a la base.

Solo tenía dos uñas negras en la mano derecha y mucho frío en los pies. El médico en la base constantemente me preguntaba cómo estaba. No entendía que le decía que estaba bien.

Por suerte mis compañeros y mis superiores me apoyaron constantemente; no permitieron que me cayera, que me encerrara en mí mismo. Me ofrecieron volver al continente, pero fue tanto el apoyo, el cariño que sentí ahí, que decidí quedarme hasta finalizar la campaña.

La entrega del reconocimiento al sargento ayudante Díaz se hizo en el marco de las celebraciones por el Día de la Antártida Argentina.

-Muchas veces uno piensa que está al borde, que ya no puede más, pero experiencias como la suya demuestran que el límite está mucho más allá de lo que creemos…
-Sí, hay momentos duros, hay momentos en que uno debe ser fuerte, pensar en la familia, en lo que uno deja atrás. Estar en la Antártida es algo lindo, hermoso, pero a la vez es algo riesgoso. Estás corriendo riesgos permanentemente, a lo mejor vas al comedor y un pedazo de hielo te hace resbalar y te doblás un tobillo o te golpeás y todo es mucho más difícil.

Estar en la Antártida es un cambio absoluto; por eso en el Curso Conjunto Antártico tenemos constantemente a la psicóloga ocupándose de nosotros todo el año; nos llama para entrevistas individuales o grupales, o nos hace diversas pruebas en papel, preguntas, dibujos cartas.

-¿Fue su primera invernada?
-Sí.

-¿Iría otra vez?
-Sí.

-Cada base tiene su particularidad: Esperanza se puede ir con la familia; San Martín es la primera base operada por el Ejército; Belgrano 2 es la más cercana al Polo Sur; etc. Si pudiera elegir, ¿a qué base le gustaría ir?
-Me gustan todas las bases, pero si tengo que elegir una sería Belgrano 2, por lo que pasa allí. Esa base está tan al sur que hay meses que son todo noche, las auroras australes, etc.

Ya el sargento ayudante Díaz debe partir hacia su San Juan natal, donde lo esperan su esposa y sus cuatro hijos. Allí, además, cumple sus tareas como suboficial en el Regimiento de Infantería de Montaña 22.

Se pierde entre los pasajeros que caminan por la terminal, sin saber ellos que están al lado de un soldado que sobrevivió solo, aislado y a la intemperie en la inmensidad del desierto blanco.

Escuchá la entrevista que le hizo FMSoldados al sargento ayudante Díaz: