Nuestros Héroes de Malvinas: teniente Luis Carlos Martella

Durante la noche del 11 de junio de 1982 y pre­ce­di­do por un intenso fuego de preparación de artillería terrestre y naval, las fuerzas inglesas atacan la posición de la Compañía C del Regimiento de Infantería 4 que ocupa en Monte Dos Hermanas en nuestras islas Malvinas. En esta acción, el teniente Mar­te­lla junto a otros hombres, mantienen la posición demorando el ataque enemigo, para dar tiempo al resto de las propias tropas para iniciar el repliegue. El teniente Martella muere en combate cumpliendo su juramento de fidelidad a la bandera.


Luis Carlos Martella nació el 16 de septiembre de 1957 en Buenos Aires, hijo del general de división retirado Santiago Luis Martella. Egresó del Colegio Militar como subteniente del arma de Infantería el 12 de octubre de 1978 , ocupando los primeros puestos de la promoción 109 de ese instituto de formación militar.

Por la profesión de su padre, Luis tuvo que mudarse varias veces, en Buenos Aires vivió en Olivos, Palermo, Villa Devoto y Belgrano, tambien lo hizo en la provincia de Mendoza, tuvo una fugaz estadía en Indianápolis (EEUU) y dos años en la provincia de Córdoba.

Fue en la escuela secundaria donde desarrolló una de sus mayores pasiones de su vida: la lectura. Todo era bienvenido, libros, historietas, cuadernos, nada se le pasaba. Algunos de los autores más nombrados en su hogar eran Julio Verne, Ray Bradbury y Emilio Salgari.

Al margen de la lectura, entre su nuevo grupo de conocidos que hizo en su estadía en Córdoba, se encontraba una persona que sería muy importante en su corta vida, María Inés Lucena. Pese a que en 1972 dejaron de verse por otro viaje familiar, con los años María se convertiría en “Marty”, la madre de sus dos hijos, con la que compartía (entre otras cosas) su pasión por el Campeonato Argentino Abierto de Polo en Palermo.

Llegó 1982 y fue ascendido a teniente, sumado a su traslado de Misiones a Buenos Aires. Cuando estalló el conflicto de Malvinas, fue destinado desde Campo de Mayo al Regimiento de Infantería 4 en Monte Caseros, Corrientes. Fue jefe de la Sección Apoyo de la Compañía C, aunque él deseaba ir hacia el sur, lo habian destacado en una unidad del norte. Quería firmemente estar y defender las Malvinas. Finalmente, el Regimiento de Infantería 4 fue movilizado al sur, en principio para cuidar las fronteras, pero luego se decidió reforzar en número las tropas presentes en el archipiélago. Desembarcó en las islas el 26 de abril y su primer posición de combate fue en el monte Kent. Luego lo trasladaron a Dos Hermanas como jefe de la sección morteros.

“Al comenzar la noche del 11 de junio de 1982 y precedida por una intensa preparación de fuego de artillería y naval, las fuerzas inglesas atacaron la posición de la Compañía C del Regimiento de Infantería 4 que ocupaba en Monte Dos Hermanas. El fuego de la artillería era muy intenso, pero la niebla facilitaba la acción. Saltando de cubierta a cubierta en las pausas de la artillería, siguieron avanzando hasta que varios impactos de una ráfaga de ametralladora alcanzaron el pecho de Martella. La misión que se impuso de permitir el repliegue de sus hombres, se había cumplido con el costo de su propia vida. Y allí quedó hundido en el barro, su sangre y su gloria”. Martella cumplió con su deber en las Islas Malvinas y murió con honor a los 24 años, dos días antes de la finalización del conflicto armado.

Antes de ese suceso, el ahora póstumo teniente se tomó el tiempo de escribirle una emotiva carta a su hijo, Santiago, de apenas un año de edad en ese entonces. En ella detalla las razones por las que no pudo pasar con él su primer cumpleaños y cómo debe conseguir todo lo que le queda por delante en su vida: “Con sacrificio y trabajo duro y constante”.

“Para él, ser militar no era una carrera, era una vocación. Defender a la Patria no era un trabajo, era un deber. Más adepto a los libros que al deporte, hincha de Independiente por mandato familiar y simpatizante del coronel Suárez, sus convicciones, valores y su amor por la familia y la Patria decantaron en lo que fue su vocación”. Así lo describe su primer hijo, ya que después nació María Constanza.

En el cementerio de Darwin quedaron sus restos. En Buenos Aires, además de su familia, quedó un ascenso post mortem a teniente primero, un busto de honor en la plaza del Regimiento de Infantería Mecanizado 4 de Monte Caseros y un monolito en la Escuela de Infantería. Y, por supuesto, quedó inalterable al paso del tiempo ese cuaderno de tapa forrada de azul, dentro del cual guardaba etiquetas de cigarrillos, servilletas y dos recortes: uno del día del Paracaidista y otro del día del Ejército. Una de las últimas frases pertenecía al escritor español Baltasar Gracián. Curiosamente, no figura ningún autor, ni siquiera dice anónimo. Nada más aparecen encomilladas estas once palabras: “Solo es cobarde aquel que permite que el miedo lo domine”.