Industria espacial argentina, con perspectiva de género

Desde CONAE homenajeamos a las mujeres en su día, con el testimonio de dos profesionales de nuestra institución que cuentan los desafíos de haber llevado adelante sus carreras en áreas que históricamente fueron dominadas por hombres.


El sector espacial en la Argentina, reconocido en la región y en el mundo por sus innovadores desarrollos tecnológicos, convoca cada año a una mayor cantidad de profesionales de diversos campos del conocimiento. Al igual que en otras áreas de la ciencia, muchos espacios de formación y de trabajo que fueron ocupados por hombres, hoy comienzan a recibir la llegada de mujeres, quienes reclaman políticas de igualdad para desarrollar sus carreras.

En el Día Internacional de la Mujer, entrevistamos a dos profesionales mujeres de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), en el ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación. Anabella Ferral y Mariana Horlent se desempeñan en diferentes espacios vinculados con la industria espacial, que van del ámbito de la investigación hasta la educación. Ellas cuentan cómo llevaron adelante sus carreras y qué piensan en relación al género y la ciencia.

Un quiebre en la vida profesional

“Nací en la ciudad de Córdoba. Cuando era niña, cerca de mi casa había una laguna donde juntaba muestras de agua para hacer experimentos con un juego de química que me habían regalado mi mamá y mi papá, ambos docentes. A los 10 años ya había decidido ser científica. Después estudié Ciencias Químicas en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y me interesé en el área de físico química. Empecé a colaborar en un laboratorio y, apenas terminé la carrera, obtuve una beca de la UNC y luego del CONICET para realizar un doctorado”, comentó Anabella Ferral, Secretaria de Asuntos Académicos, Científicos y Tecnológicos del Instituto de Altos Estudios Espaciales “Mario Gulich” (IG).


Anabella Ferral. Foto Comunicación IG

La carrera avanzó sin mayores dificultades hasta que llegó el momento de ser mamá. Entonces entró en crisis: “El doctorado requería 45 horas semanales; vivía en la facultad”, recordó. La situación se complicó cuando tuvo que viajar por trabajo al Instituto Balseiro, en Bariloche, y alejarse por 20 días de su bebé mientras aún era lactante. “Sentía que no podía ser buena madre y científica al mismo tiempo”. Finalmente terminó el doctorado y abandonó la carrera científica.

La maternidad no sólo provocó un quiebre en la vida profesional de Anabella. “Tuve compañeras de doctorado que dejaron sus carreras científicas cuando fueron madres, pese a haber tenido los mejores promedios”, dijo.

Durante tres años Ferral se dedicó a la actividad privada, hasta que apareció una convocatoria del IG para la Maestría en Aplicaciones Espaciales de Alerta y Respuesta Temprana a Emergencias. Su hijo aún era pequeño y ella dudaba sobre si podría retomar su carrera científica, pero decidió arriesgar y contó con el apoyo de su familia, en particular de su marido, ya que requería tiempo completo. “Al mes de entrar a la maestría quedé embarazada de mi segundo hijo. De nuevo llegaron las inseguridades, pero Marcelo Scavuzzo en ese momento el director de la Maestría, me alentó a seguir la carrera.

“Esta vez, la experiencia de lo vivido antes con mi primer hijo me ayudó a equilibrar mejor la familia y el trabajo. Lo viví distinto, sabiendo que no iba a dejar de estudiar por ser madre, dijo, y agregó: Hice toda la Maestría con fascinación por volver a tener contacto con el ambiente científico y académico. Para la tesis evalué con información satelital el efecto de un sistema de aireación artificial del embalse San Roque instalado para combatir la contaminación por algas”.

En 2015 Anabella accedió al cargo de directora de la Maestría en Aplicaciones de Información Espacial (MAIE) en el Instituto Gulich. También volvió a realizar investigaciones vinculadas con calidad de agua y en 2017 ingresó a la carrera de CONICET. Actualmente se desempeña como profesora del Doctorado en Geomática y Sistemas Espaciales del IG y es investigadora del CONICET con lugar de trabajo en dicho instituto.

En estos años Ferral notó un cambio positivo en materia de género: “Cuando ingresé al IG sólo había cuatro mujeres que trabajaban allí y con la Maestría ese número comenzó a subir. Hoy, para la elección de ingresantes a la Maestría en Aplicaciones de Información Espacial se cumple un cupo de 50% para mujeres, además de otros criterios como la participación federal y la variedad de profesiones. Además me sorprende gratamente los roles que ocupan en la CONAE mujeres como Sandra Torrusio, Laura Frulla, Carolina Tauro y Josefina Pérès, entre otras, en posiciones de toma de decisiones importantes”.

“Hoy mis hijos Francisco y Tiziano tienen 10 y 16 años. El más grande me ha dicho frases como ´me encanta que te guste tu trabajo´. Me gusta escuchar eso”, finalizó.

El cambio necesario

Mariana Horlent, Subgerenta de Servicios al Usuario de la CONAE, siempre se sintió atraída por la ecología y el funcionamiento de los sistemas naturales, y a la hora de elegir su carrera se inclinó por una profesión que le permitiera aplicar los conocimientos científicos en el territorio. Estudió Ingeniera Forestal en la Universidad Nacional de La Plata, con el objetivo de intervenir en la gestión de los recursos naturales, y luego se trasladó a la localidad de Orán, provincia de Salta, para trabajar en el área de gestión y certificación forestal, que la llevó a dar sus primeros pasos en el ámbito de la cartografía y el uso de imágenes satelitales. A partir de ahí su actividad se orientó hacia la teledetección y los sistemas de información geográfica para trabajar en áreas diversas que van desde el manejo de bosques nativos, los inventarios forestales y la planificación del uso del suelo hasta proyectos urbanísticos.


Mariana Horlent.

En 2007 ingresó al grupo de trabajo que dirigía Sandra Torrusio en la Universidad Católica de La Plata, en el marco de un convenio con la CONAE, y en 2008 se trasladó junto a ese mismo equipo al ámbito de la agencia espacial nacional, para dedicarse al análisis y el procesamiento de imágenes satelitales, la infraestructura de datos espaciales y la vinculación con los usuarios. Torrusio es actualmente Gerenta de Vinculación Tecnológica de la CONAE.

En los ámbitos laborales donde me desenvolví, en general hubo cierta horizontalidad en relación a la cuestión de género y el desempeño profesional. Sin embargo, luego del ingreso de nuestro equipo de trabajo (cinco mujeres y un varón) a la CONAE, era común que nos dijeran cosas como `Qué bueno chicas. Ustedes nos alegran la vista´. Era un piropo con voluntad de halagarnos, pero a mí me resultaba realmente degradante”, indicó.

“A partir de 2015, con la movilización de "Ni una menos", se produjo un quiebre muy importante en la forma de percibir y visibilizar las cuestiones de género. Muchas de nosotras nos dimos cuenta que no estábamos solas en ese malestar, en esa incomodidad, en esa imposibilidad de vivir nuestra vida a pleno, sólo por el hecho de haber nacido mujeres. Terminamos de entender que nuestro destino puede ser otro que el que nos impone esta sociedad eminentemente machista.”

“En este sentido, condicionadas por el pensamiento dominante, muchas veces nos autoexcluimos de ciertos aspectos de la práctica profesional porque son lugares que están "naturalmente destinados a los hombres" en los que sabemos que todo nos va a costar el doble y donde vamos a tener que demostrar que, "a pesar de ser mujeres", somos capaces. Por suerte eso está empezando a cambiar”.

En relación a la maternidad, señaló: “Creo que la vida privada está demasiado escindida del ámbito laboral. Tener hijos parece ser una cuestión eminentemente privada que interfiere con el trabajo, más que como un aspecto esencial de la sociedad. En ese sentido las madres y los padres se encuentran ante situaciones complejas frente al cuidado de los hijos, y en general son las mujeres quienes dejan un poco más de lado el aspecto laboral, aunque no sólo ese, para ocuparse de sus hijos. Si bien se ven cambios en estas conductas en los individuos, y el movimiento feminista creo que dio un empuje muy grande a todo esto, todavía nos falta un abordaje amplio y un reconocimiento institucional de esta problemática que permita definir políticas y herramientas que nos conduzcan hacia una mayor armonización de todos los aspectos de nuestra vida.