Expedición Aconcagua 2020

La VIIIva Brigada de Montaña alcanzó la cumbre del pico más alto del continente como parte de su capacitación en temporada estival.


La Compañía de Cazadores de Montaña 8, en una marcha de catorce días, condujo a las unidades que conforman la VIIIva Brigada hasta la ansiada cumbre del “techo de América”. Se trata de una de las expediciones más desafiantes que tiene la particularidad de alcanzar los 6.962 metros sobre el nivel del mar.

En total, 34 hombres llegaron a la cumbre trabajando con cierto grado de aislamiento y en condiciones desfavorables (altura, bajas temperaturas y grandes desniveles). “Es la primera vez que el personal va a intentar el cerro Aconcagua, con excepción de la patrulla de rescate”, explicó el jefe de la Compañía de Montaña 8, mayor Franco Ponce, en una entrevista radial días antes de la cumbre. El mayor agregó que es un “desafío” para todo el personal, puesto que la condición para integrar la expedición, excepto para los guías y personal a cargo necesario, era no tener experiencia previa en el cerro Aconcagua.

En esta expedición, participaron elementos dependientes del Comando de la VIIIva Brigada de Montaña: Liceo Militar General Espejo, Regimiento de Infantería de Montaña 11, Regimiento de Infantería de Montaña 16, Regimiento de Infantería de Montaña 22, Compañía de Cazadores de Montaña 8, Regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 15, Grupo de Artillería de Montaña 8, Batallón de Ingenieros de Montaña 8, Compañía de Comunicaciones de Montaña 8, Compañía de Inteligencia de Montaña 8 y Hospital Militar Regional Mendoza, que integraron las cordadas de ataque y la patrulla de rescate.

Para esta misión fue indispensable el apoyo de 17 efectivos pertenecientes a la Sección Aviación de Ejército de Montaña 8, la Compañía de Comunicaciones de Montaña 8, personal de refugieros de la Compañía de Cazadores de Montaña 8 y Hospital Militar Regional Mendoza. El personal del hospital militar aportó un grupo de médicos cardiólogos para realizar estudios científicos.

Por las variaciones climáticas y la altitud de la montaña, la cordada tuvo su necesario proceso de aclimatación inicial de cinco días en Puente del Inca (2750 msnm). Allí se realizaron actividades previas, tales como revista de equipo, marchas intermedias y ascensiones menores.

El siguiente tramo de la expedición consistió en una marcha de tres días hacia la zona de Confluencia y luego a la zona de Plaza de Mulas (4300 msnm). Desde allí, se continuó con la aclimatación, a la vez que se ejecutó el porteo de material hacia el campamento intermedio “Canadá”, a 4930 msnm.

Posteriormente, se efectuó el desplazamiento hacia Nido de Cóndores (5400 msnm), Berlín (5500 msnm) y finalmente el ataque a la cumbre.

Con este tipo de expediciones, la Fuerza busca capacitar al personal de cuadros de la Gran Unidad de Combate de Montaña para desempeñarse como guías en futuras ascensiones al Aconcagua, y para la organización, dirección y control de una empresa andinística en cerros de alturas superiores a los 6000 metros.

Otro de los objetivos es facilitar en los cuadros más jóvenes la obtención de la Aptitud de Tropas de Montaña, que es la capacitación más importante que desarrollan los integrantes de las unidades de la especialidad de montaña del Ejército y tiene como símbolo el Cóndor de nuestra cordillera.

Dicha aptitud puede obtenerse en dos niveles: el “Cóndor Plateado” y el “Cóndor Dorado”, e impone cumplir con exigencias como realizar ascensiones a cerros de más de 4000 msnm y reconocimientos de hitos en la frontera, adquirir la categoría de esquiador y escalador militar, y tener un largo tiempo de permanencia en destinos de montaña.

En definitiva, alcanzar la cumbre más alta del continente constituye un logro personal de cada uno de los integrantes de la cordada, un escalón importante en la preparación militar y una experiencia invaluable, ya que nadie puede prepararse para defender lo que no conoce.