Dora Barrancos: "En todo lugar del país se puede tornar evidente la lucha de miles y miles de mujeres por más derechos"

Aunque el tiempo es un bien escaso en su propia agenda, y especialmente en tiempos de pandemia -en donde organismos, organizaciones y otras entidades la requieren para brindar charlas y capacitaciones-, Dora Barrancos, de ella hablamos, llega cinco minutos antes a la “cita” virtual. Esa responsabilidad, ese esfuerzo extra colocado al servicio de poder responder a tiempo -en este caso al llamado del Observatorio de Políticas de Género de la Sindicatura General de la Nación-, resulta una breve carta de presentación.


Dora Barrancos

Dora posee un currículum extenso, difícil de resumir en pocas líneas, es licenciada en Sociología, doctora en Historia, profesora titular de la UBA doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Plata e investigadora principal del CONICET, organismo del que formó parte de su directorio entre 2010 y 2019.

Actualmente es asesora Ad Honorem del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, en materia de género. Dedicó gran parte de su vida a estudiar feminismo, en todas las formas posibles, desde una perspectiva revisionista y también actual. Analizando todos los conflictos y las revoluciones privadas llevadas a cabo por las mujeres. Promoviendo y también involucrándose en la lucha por más derechos políticos femeninos. Una lucha a la que cada vez con más visibilidad se suman mujeres a lo largo y a lo ancho de todo el país.

¿Cúal es tu análisis sobre la imagen y la participación que tienen las mujeres hoy en los lugares de poder o de toma de decisión en el gobierno?

En esta nueva gobernanza sabemos que hay un 37% de mujeres ocupando cargos sensibles o de alta dirección, algunas en ministerios y otras en una serie de direcciones de organismos muy importantes. Esto es muy conmovedor, es para celebrarlo. No es ninguna infidencia decir que cuando impulsábamos la constitución del gabinete, muchas mujeres participantes de nuestra fuerza política hicimos muchas gestiones para que se cumpliera un pacto fundamental. El pacto muchas veces dicho públicamente de que efectivamente íbamos camino a la paridad. Hay una notable malla de articulaciones de discursos, propuestas y de militancia. Hubo una enorme militancia de mujeres y de identificaciones diversas. Y logramos que altos cargos de organismos de gran decisión gubernamental, aquellos que expresan en gran medida las políticas gubernamentales, estuvieran en manos de mujeres. Y que hubiera también mucha participación de mujeres en directorios. Por ejemplo, es la primera vez que la AFIP y el INTA tienen una mujer al frente. Es la primera vez que se designa como figura central en la AFI a una mujer. Y también es la primera vez que nada menos que el sistema penitenciario federal tiene a una mujer al frente. Y todas son figuras de enorme valor profesional, humano y demás.

Estamos absolutamente arrobadas por estos pasos que han sido dados en materia de ir haciendo una composición efectivamente de cargos altos distribuidos de manera paritaria entre varones y mujeres. A mí me da muchísima alegría. Estoy muy segura de que cuando hay un pequeño traspié, hubo algunas manifestaciones del propio presidente en las que ha reaccionado respecto de la sobre nutrida presencia de varones sin ninguna expresión femenina en algunas reuniones de importancia estratégica para las propias negociaciones del Estado, para una recomposición de las relaciones con las diferentes fuerzas sociales. Estoy muy contenta con estos avances existentes, en materia de ir caminando hacia formas paritarias de representación.

También se creó el Ministerio de las Mujeres. ¿Se trata de la expresión más visible en este cambio de época?

Sí. El Ministerio es una circunstancia inexorable a ser mencionada porque en definitiva fue una de las agitaciones hechas por uno de las contingentes femeninos integrantes del Frente de que se constituyera un Ministerio específico. Esto ha ocurrido y tiene toda la marca de la inclusión, que es la gran promesa que tiene esta nueva época política. Esto de llamarse Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, es una conceptuación que habla muy alto respecto de los empeños para la unidad de todas las partes sexo genéricas de nuestra sociedad.

Me encanta la fórmula de cierta caracterización que tiene el Ministerio actualmente. Son equipos muy jóvenes, de mucha convicción, hay cuadros y personas muy comprometidas. Hay que conmemorar que es la primera vez que una persona trans ocupa un cargo tan importante en un Ministerio. Lo mismo está ocurriendo con el Ministerio símil en la provincia de Buenos Aires.

Antes de la pandemia estuve recorriendo varias provincias por los mismos motivos: la Ley Micaela, instalación de equipos, instalación de áreas gubernamentales mucho más vigorosas en materia de derechos de las mujeres y de la diversidad. Y quiero decirles que también tenemos que celebrar que en provincias y en municipios hay evidencias de pasos gigantes en materia de inclusión de la perspectiva, inclusión de personas trans y no solamente la perspectiva de derechos ampliados fundamentales para el estado de ciudadanía plena.

Hay evidencias de que en municipios muy pequeños del país hay una resonancia, las mujeres y las personas de identidad sexo genérica diversa tienen un lugar central en la perspectiva de la acción política del Estado Nacional, los estados provinciales y de muchos municipios.

¿Estos avances que observa en el interior del país, donde uno a priori puede presumir sobre la existencia de sociedades mucho más patriarcales, están en sintonía con los que que se registran en el AMBA?

No hay una evidencia empírica de que por ejemplo áreas tan desarrolladas como nuestra Ciudad de Buenos Aires y municipios del conurbano y demás, estén mucho más avanzados en materia de mentalidad antipatriarcales. En todo lugar hay reservas duras y graníticas patriarcales. Esto me gusta decirlo porque a veces hay una impresión un poco liviana, superficial y supraideológica respecto de lugares donde el progresismo en esta materia tiene un desarrollo que ya es irrevocable o de lugares en donde la teluria patriarcal es de consistencia tan irrevocable. Eso no es verdad. En todo lugar del país se puede tornar evidente la lucha de miles y miles de mujeres por más derechos. He llegado a lugares recónditos en donde hay manifestaciones orgánicas de un colectivo, por ejemplo, de personas trans. Es cierto que en algunas provincias hay fallos que a veces son muy dolorosos. Pero también hay fallos dolorosos en algunos lugares en donde parece que solo es encontrable una fragua de sentidos efectivamente hacedores del derecho tal como han estado marcando nuestros cambios. Argentina es uno de los países que más ha cambiado en materia formal de derechos. Pensemos en la Ley de Identidad de Género, que es una ley maestra, magistral. Es el más importante bien de exportación que ha tenido la Argentina, porque esa Ley de Identidad de Género tiene emulaciones hoy en Europa. Hay algunos países de América Latina en los que hay lamentablemente en este momento algunas ondas muy regresivas que están impidiendo la posibilidad de tener la identidad de género.

Pero yo creo que esta ha sido una marca importantísima de la sociedad argentina hasta determinado momento. Y ahora retomamos con muchos bríos porque hay evidencias en todo y cualquier lugar de nuestro país acerca de vertebración y procura de derechos. No es solamente propio de las grandes urbes.

¿Se puede considerar que los varones son, de alguna manera, también rehenes del sistema patriarcal?

Sí, hay que pensar que, el patriarcado al inventarse como sistema, inventó a Frankenstein, en cuanto al acogotamiento, el enlazamiento, la coacción que ha significado el modelo masculino para los varones. Alguien me dirá que mucho más han sufrido las esclavas, y es verdad. Pero lo que quiero decir, y siempre lo sostendré, es que en la dialéctica del amo y del esclavo, quien indignifica la situación es el amo. Y por lo tanto es el que carga con toda la posición de residuo y de depósito, de lo más envilecido. Entonces el drama de la existencia humana es que haya amos. La posición de la esclavitud si no hay insurgencia se torna indigna, pero evidentemente quien domina es el actor abyecto de la historia.

Siempre me han preguntado si el movimiento feminista tiene que ser sólo de mujeres. Primero, es todo un problema, porque estamos en una condición de mujeres, pero también hay que pensar en la inestabilidad, y de que no hay una óntica femenina, no hay una óntica de retablo que está guardada en un placard y dice que este es el ser femenino. De la misma manera que no hay una óntica masculina, un ser masculino. Son condiciones de posibilidad de alta estabilidad. Y de alta estabilidad política. Estamos personas femeninas y estamos personas masculinas. Hay que pensar que esto está muy en movimiento. Por eso no tiene sentido esta especie de reserva que hacen algunas membresías feministas hiperradicalizadas en un montaje que no existe, el montaje de exclusivamente de mujeres cis, varones cis. Siempre bromeo con lo mismo, ¿qué quiere decir eso? Que las personas están en una deriva y este es un pensamiento muy arraigado.

Yo siempre insisto en provocar mucho a los varones para convencerlos de la dura consistencia que han sido obligados a tener, y que los han hecho abandonar inclusive la expresión de las sensibilidades y emociones. Otra de las cuestiones mitológicas y que provienen de nervaduras patriarcales, aunque parezcan solicitadas por alta racionalidad, es esto de que para hacer ciencia es muy interesante la participación de las mujeres porque agregan emotividad. Es un presupuesto tan absurdo y ridículo. La diferencia está en que un hombre en el manual, folletín y en su guía inexorable no se puede manifestar públicamente. Ahora felizmente se están sacando esos lazos. Pero yo creo que el día que este sortilegio de Frankenstein se agote por completo será una maravillosa oportunidad.

A mi no me gusta pensar en términos de obstáculos, me incomodan los pesimismos preventivos. El pesimismo preventivo es la caducidad de la acción humana, porque es inmovilizante. Las feministas, y en general las otredades tenemos un gran culto a la inconsistencia del esencialismo y sobre todo las diatribas con lo biológico. Asimismo, lo biológico es un punto y conviene tener en cuenta que todo lo bio es absolutamente no infinito. Ahí no es un problema de optimismo o pesimismo sino de cordura y elemental sensatez. Hoy estamos muy sorprendidas, sorprendidos y sorprendides por la audacia inquisitorial que tienen les niñes.

El problema lo tenemos los padres que no sabemos qué contestar a sus preguntas, pero ellos son mucho más abiertos.

Tienen conclusiones de una inclusividad extraordinaria. Por eso estoy convencida de que las sociedades van a cambiar mucho. Estoy segurísima de que a veces sí, en una suerte de regresión del optimismo, con respecto a que puede haber una caducidad del mundo patriarcal. Estos días me preguntaron respecto de la formación del mundo capitalista y el mundo repatriarcalizado, y he dicho que es muy probable que el patriarcado se extinga mucho antes que el orden capitalista. Esto es una conjetura.

Por supuesto, insistimos en que hay cavernas, hay granitos, has durezas, pero lo que ocurre es que inmediatamente aparece una argamasa que conteste. Insisto en los hogares suceden estos pequeños incendios, que sobretodo provocan las generaciones más jóvenes. Es notable cómo se han derretido completamente en esas edades los modos tan articulados, consistentes y armados de los sexos genéricos. Por eso sería tan fácil integrar en la currícula escolar, no es nada difícil.

La acción de determinados grupos hiperadicalizados, ¿no conspiran para que haya una mayor comprensión de parte de los más jóvenes en términos de feminismo?

Puede ser. Hay algunos ambientes, sobretodo de adolescentes, de una expresión muy radicalizada, que suena intolerante, que suena a una sobre condensación del prejuicio en tanto pensar que todo varón ya es una amenaza. No puedo desconocer que esta situación se da en algunos ambientes, ahora hay que tener mucha astucia para entrar con otra inteligibilidad, hay que darse una estrategia.

Por eso es muy importante el papel que tiene la docencia. No es bueno contender con una agitación polarizada. Ahí lo que tiene que haber es una intervención de arbitraje que sea condescendiente y que pueda captar el espíritu de esa proforma de enjuiciamiento. Yo creo que este es el camino, hacerles comprender que hay una circunstancia estructural que condiciona a los varones. La comprensión más profunda de cómo se ha constituido el orden relacional ayuda mucho a comprender de otra manera al otro varón. Más allá de toda esta tentativa de articular nuevo sentido a la relación entre varones y mujeres.

Yo creo mucho en la idea más trabajada de la inteligibilidad, yo le apuesto mucho a los cursos nocionales de conocimiento. En ese punto soy un poco iluminista, creo todavía como una especie de luz decimonónica que es importante el camino de la educación y el conocimiento. No de una educación restrictiva sino de poder estar a mano, de que poder absorber y comprometerse va con el conocimiento .

El conocimiento es un resorte fundamental para la liberación. Gramsci era un apostador a que conocer más era producir estallidos. Hay mucha gente que causa daño por ceguera cognitiva, pero tengo mucha expectativa también en las nuevas generaciones, ellas quieren saber, interrogan, están muy inquietas por eso, están en la perspectiva de asir, de absorber. Y este es un gran cometido.

¿Qué representa la posición de un presidente que resignifica este discurso y esta lucha por más igualdad?

El presidente es el primer gran alumno que hemos conquistado. Es un alumno extraordinario, de gran sensibilidad y de gran autoimpugnación respecto del default que puede tener algún tipo de actuación, en relación a que esto no se puede repetir y demás. Es un alumno formidable, es algo de íntima convicción. Después están los problemas que tenemos todos los humanos, pero es formidable y da lecciones de sensibilidad. Este es también uno de los aspectos centrales del cambio actitudinal de la gobernanza, que tiene un empeño notable en que haya consecuencias acerca de esa convicción.

En virtud de esto que dice de la administración de Alberto Fernández, ¿cree que llegó el momento para comenzar a debatir en serio sobre la legalización del aborto? ¿Es optimista consumada o pesimista preventiva en este sentido?

Soy una optimista consumada y yo creo que el presidente y su equipo más cercano, tuvo una precaución notable, cuando decidió no enviar la ley el 8 de marzo, en esos días en que justamente se tramitó la necesidad de la cuarentena y el confinamiento. Me parece que fue un movimiento muy importante el de él, porque no quería dar motivo para que se pensara que había sido artera la circunstancia del envío de tamaño proyecto, o de que había habido algo de oportunismo respecto de la imposibilidad de movilizaciones, o de que había habido una circunstancia subalterna en esto de mandar un proyecto de esa gravitación.

Espero ahora que este temporal pase que el proyecto del poder Ejecutivo vaya al Congreso. En lo personal me he omitido absolutamente de conocer los detalles y esto es un cálculo estratégico. No he querido asomarme, no he querido saber porque me parece que una palabra de más, una opinión que estuviera en el medio de todo ese trajín que va a representar la discusión del proyecto, me parece que no es necesario abonar con ninguna circunstancia que pudiera significar un desbalance, una suerte de obstáculo, porque una opinión que una pueda emitir, o bien las opiniones de todes nosotres, podría llegar a significar alguna circunstancia que no fuera conveniente para el trámite que debe tener el proyecto.

Sé que ha estado en tan buenas manos y no tengo la menor duda de que el espíritu general del proyecto está representando todo lo que pensamos y sentimos en una enorme absorción.

Apelando a todo tu trabajo de abordaje institucional en términos de perspectiva de género, ¿que es lo que cree que hoy se puede hacer para evolucionar desde estos ámbitos?

En cada institución, sobre todo en las del Estado, debemos tener una enorme responsabilidad respeto de este tipo de medidas. Entiendo que el observatorio tiene todos los protocolos y los dispositivos necesarios. Hay algo fundamental, que es garantizar sobre todo a la masa de empleadas y las trabajadoras especialmente, que va a haber una muy responsable estructura, en relación al principio de confidencialidad, me refiero sobre todo a los marcos de actuación de protocolo.

El principio de confidencialidad es algo fundamental, lo digo a propósito de una buena experiencia que tengo en materia de lo que han sido las derivas de haber establecido protocolos en universidades, en el Conicet y demás. Tiene que haber mucha garantía de seriedad y responsabilidad, porque los protocolos han sido pensado para evitar las violencias de género. Es muy importante que se sostenga la evidencia de que es un grupo de mucha responsabilidad, que quienes están ahí tienen mucha seriedad y que hay mucha solidez en materia de confidencialidad porque eso da mucho respaldo.

Asegurarse responsabilidad en la acción. La celeridad es otro de los principios fundamentales. Una de las cuestiones que agrava la situación de víctimas, es la falta de actuación en tiempo. Esta es una grave lesión. Si aparece una denuncia, tiene que haber un trámite inmediato. Tiene que haber mucho servicio para atender en tiempo y forma. Entonces, el principio de confidencialidad es un principio esencial, y el otro gran compromiso es la celeridad. El tercero es la evidencia de que habrá un tratamiento absolutamente adherido a formas de derecho y que no habrá arbitrariedades.

Yo he visto algunos protocolos que han actuado con estos tres principios y que les ha ido muy bien. Tengo mucha convicción de que hay que construir nuevas bases para erradicar al patriarcado y hay que hacer una nueva pedagogía con los varones. Hay sanciones que son muy interesantes desde el punto de vista de una repedagogía y de reaprendizaje. Tengo mucha expectativa en que el observatorio, además, tenga el impulso y la convicción de propiciar investigaciones.