Diálogo con Hilda Herrera


En el marco de la convocatoria para las nuevas audiciones de admisión de Pianistas Argentinos, Hilda Herrera compartió las características del programa, el creciente interés de los jóvenes por el piano, y los pilares de su vida y de su arte. La docencia, la inspiración, la música, el piano, y la pasión, en primera persona.

En primera persona

“Nací en Capilla del Monte, Córdoba, en un pueblo que amo mucho. Mi formación pianística musical fue en mi pueblo; luego iba a rendir a la ciudad de Córdoba. Tenía cinco años cuando empecé a estudiar piano. Fui muy autodidacta; estudié muchísimo para poder dar clases. Trabajé muchos años como profesora de Historia de la música. Mi trabajo como pianista recién empezó de mujer grande; no se me conocía como pianista sino como compositora”.

“Desde muy niña quería tocar el piano. No sé por qué, porque no hay antecedentes de pianistas en mi familia, no sé de dónde vino, son misterios de la vida. Mi madre cantaba tangos y lo hacía muy bien. El chispazo, a los 12 o 13 años, fue escuchar a Los Hermanos Ábalos. Cuando escuché el primer disco de los Ábalos con piano, dije: “esto es lo que necesito hacer”. Pero no tenía quién me enseñara. Fue una cosa totalmente autodidacta, lo hice sola, escuchando a los grandes. Tuve la suerte de conocer a Yupanqui. Conocí mucho su postura frente a la música nuestra; como guitarrista, como sabio hombre conocedor de todo el país... Me abrió mucho el panorama de lo que era la música nuestra en serio. Así que... No sé por qué soy pianista pero no podría vivir sin tocar el piano”.

El piano

“Siempre quise trabajar la música argentina en el piano. Creí siempre en una proyección de la música folclórica en el piano y sobre todo de un rescate de todas las formas y ritmos del país. Generalmente el repertorio se circunscribía -y se circunscribe, a la región del norte. Y a mí me interesa toda la música del país. Es increíble, pero el repertorio de otras regiones es más apto para el piano, es decir, da muchas más posibilidades, como la música sureña o la música de Cuyo. Hay todo un bagaje de músicas que era muy importante rescatar, porque lo más importante es poder transmitir a los jóvenes la música nuestra de todas las regiones”.

“Siempre creí que cada región, cada pueblo, tiene un lenguaje musical que le da una identidad. Cada pueblo tiene que mantener su identidad a través de sus artes y su expresión. No es que sea una tradicionalista; pienso que hay que cuidar lo que se tiene”.

La música

“Nunca hice diferencias entre el tango y el folclore. Con la misma pasión con que hago los tangos hago la música de las regiones, y con la misma desesperación hago la música clásica, porque no la dejo nunca. Nunca fui una pianista dedicada a la música clásica. Además, tengo una contra: las manos muy chiquitas. Me costó mucho. Soy una gran admiradora de la gran música.

Escucho música clásica solamente, todo el tiempo. No porque sea grande y la otra pequeña, para mí no hay diferencia. Eso de que la música culta es la clásica y entonces la inculta es la popular... Estoy totalmente en desacuerdo con esas definiciones, porque podes encontrar tanto arte en una pequeñísima canción como en una sinfonía enorme. Y a veces no tan enorme ni tan extraordinaria como puede ser una música pequeñita. Así que me gusta tocar todo lo que tenga que ver con el piano”.

La docencia

“Tengo formación docente, soy maestra y profesora. Siempre me gustó la docencia; creo que soy docente de vocación. Dicté Historia de la música 25 años, en la escuela secundaria, en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE). Soy una persona sumamente apasionada por lo que hago. Y sobre todo porque quiero mucho a la música nuestra, y es desesperación porque otro se contagie de eso. Pienso que de ahí viene la parte de docente. Aprendo de la gente; con mi cantidad de años encima, sigo aprendiendo”.

Pianistas Argentinos, el programa

“El proyecto es sencillo: formar gente que venga con una formación pianística importante, que haya estudiado bastante música, porque no enseño a tocar el piano ni enseño música, sino que está orientado a esa carencia que hay en los conservatorios. Tienen que saber escribir música y estar capacitados para hacer sus propios arreglos. Los que no pueden, interpretan los arreglos de sus compañeros. Es un trabajo de equipo. Dura tres años, pero hay quienes se engancharon con la idea y trabajan conmigo desde hace mucho.

Estoy de vuelta de la vida y necesito justamente de los jóvenes, que sigan por este camino porque hay mucho por hacer por la música nuestra, que es tan rica”.

“En estos 16 años que llevo trabajando con Cultura me he ido sorprendiendo crecientemente porque cada vez hay más interés en la gente joven, y están surgiendo además muchas mujeres. Antes el piano solo era muy privativo de los hombres”.


Momentos inolvidables junto al piano

“Son muchos, incontables... Recuerdo que estaba tocando en un pueblito, en Alemania, un pueblito de 200 personas perdido en la montaña, no recuerdo el nombre. Mucho frío, un pueblo muy alto. Tocaba en una especie de galpón, donde antes solían meter a los animales. El loco del dueño había comprado un piano de cola y había convertido eso en una sala de conciertos, en ese pequeñísimo pueblo. Me invitaron a tocar ahí. Por supuesto que de alemán no hablo absolutamente nada. Termino de tocar y siento que un señor grita: “chocheritó”. Yo no entendía nada. ¿Qué dice? Preguntaba yo. Y el hombre volvía a repetir: “chocheritó”. La zamba de “El cocherito”. No sé de dónde tenía un disco de Los Chalchaleros, estoy hablando del año '93, o por ahí. ¿Cómo es que me piden una zamba en un pueblo perdido en Alemania? Empecé a tocar y él a cantar.... El hombre estaba tan agradecido.... Una cosa que nadie sueña.

En otra oportunidad, en un pueblo en Francia, me pidieron que tocara “Pampero”, en francés, ¿Pampero, el tango? “Oui, Pampero”. Son momentos únicos. Momentos de alegría, de ver que conocen y aman la música nuestra, que la aman como la amo yo”.