8 de Marzo – La mujer en el Ejército Argentino

Desde los albores de la patria, la mujer es fundamental en el Ejército. Ya sea la generala Juana Azurduy, las instrumentistas quirúrgicas y enfermeras veteranas de la Guerra de Malvinas, o la soldado voluntaria recién ingresada, todas ellas reafirman el compromiso del Ejército con la igualdad y equidad de género.


La historia de la mujer en el Ejército profesional comienza en 1960 con la creación de la Escuela de Enfermeras del Ejército, en el Hospital Militar Central. En 1981, la escuela se trasladó a Campo de Mayo como Escuela del Cuerpo Auxiliar Femenino, solo para enfermeras.

Al año siguiente, con la incorporación de médicas, odontólogas y otras profesionales, pasó a denominarse Escuela del Cuerpo Profesional Femenino.

Superado ese período de acomodamiento, en 1991 se crearon la Escuela Militar de Oficiales de los Servicios para Apoyo de Combate y la Escuela de Suboficiales para Apoyo de Combate como institutos mixtos para el reclutamiento y la formación de oficiales y suboficiales profesionales.

En el año 2013 se rompieron las últimas barreras para la total integración de la mujer al Ejército, al autorizarse su ingreso a las armas de Infantería y Caballería.

En este proceso de cambio a partir del año 1997, las mujeres pueden ingresar a los institutos de formación de oficiales y suboficiales, en las armas de apoyo de combate y apoyo de fuego.

Finalmente, a partir de 2013, el personal femenino puede ingresar a todas las armas, incluyendo los elementos básicos de combate: Infantería y Caballería.

Hoy la mujer se encuentra en todos los ámbitos del quehacer cotidiano de la Fuerza, ya sea como soldado voluntaria trabajando a la par de sus compañeros varones; como suboficial jefa de Grupo o encargada de Unidad; como oficial jefa de una Sección de Infantería mecanizada, levantando puentes o como jefa de distintos organismos, sin olvidar su participación en las Operaciones Militares de Paz o en la Operaciones de Protección Civil.

Ya sea como oficial, suboficial o soldado voluntaria, en actividades operacionales, de apoyo a la comunidad o en misiones de paz, la presencia de la mujer en el Ejército está visible en todo el quehacer de la Fuerza.

En ese sentido, la subteniente Marlene Ontiveros, no solo es una de las primeras mujeres en egresar del arma de Infantería, sino que también se desempeña como jefa de Sección de la Compañía B del Regimiento de Infantería Mecanizado 12, y nos cuenta acerca de los desafíos que ha sabido superar.

¿Cómo surgió su vocación militar?
-Mi papá fue soldado conscripto y siempre nos habló sobre la vida castrense. Todos los domingos, cuando nos reuníamos a comer asado, él recordaba sus tiempos de soldado. Nos transmitió que fue una buena época de su vida, que aprendió mucho. Desde chico tuvo que trabajar y para él, pasar por la Fuerza, significó una buena formación. De ahí la vocación, de lo que mi papá nos contaba y me inculcó. Lo admiro profundamente.

Tuve la posibilidad de ir al Colegio Militar de la Nación, allí me formé y empecé a amar esta profesión.

¿Qué sintió cuando se le comunicó que ocuparía ese cargo?
-Me sorprendí mucho. Trabajar con soldados es diferente porque ya tienen una vida más formada, algunos con una familia detrás.
Entonces hay que preocuparse por la persona, no solo en aspectos que hacen al combatiente sino también aquellos personales. Siendo joven, es mucha responsabilidad tener 36 hombres a cargo. Son como mis hijos.

Por otro lado, al ser jefa de sección, también hay gente grande que está mirando a la subteniente de 25 años para ver qué hace, es una prueba constante. Yo ya estoy adaptada al Arma, pero el personal que se encuentra con un jefe que es mujer también tiene que adaptarse y yo tengo que transmitir confianza. Yo soy subteniente, militar y un soldado más, no basta con decirlo, también se debe ver.


-¿Cómo fue el primer día en su cargo?
-Excelente, fue en el terreno. Hablé con el encargado de sección, se hizo la presentación y la sección respondió bien al saludo.

Previamente me informé sobre la situación del personal para saber con quién iba a trabajar. Al pasar los días le tomé el ritmo. Eso de verlos cara a cara, formados… Yo me preparé durante mucho tiempo. Y por suerte todo resultó muy bien.

¿Cuál es su desafío como jefa de Sección?
-Instruir lo mejor posible. Que estén bien preparados para el combate y también para brindar apoyo la sociedad, sacar buenos soldados, que sean respetuosos y que amen su Patria. Que se puedan manejar sin problemas en su vida civil. Intento sacar buenos profesionales y también buenas personas. Aquellos que están instruidos son profesionales, educados y tienen confianza. Siempre guiados por los conocimientos, la fe y lo que tienen como persona, llegan lejos. El que hace bien no termina mal.

La subteniente Ontiveros junto a su sección de Infantería Mecanizada.

¿Es consciente de que les está abriendo nuevos caminos a las mujeres de la Fuerza al ser jefa de Sección?
-Son nuevos caminos. Cuando ingresé al Arma lo sabía. Una nunca deja de ser mujer. Mujeres hay en todos lados. Creo que en las otras Armas pasó lo mismo. Es costumbre. Por otro lado, está bueno trabajar con hombres. Quizá, en la Infantería, el hombre no está acostumbrado, pero es cuestión de lograrlo. Además hay que tratar de ser comprensible con ese tema.

¿Qué mensaje daría a las mujeres que les interesa la carrera militar y no se animan a incorporarse?
-Les diría que es una buena oportunidad, que aprovechen y disfruten. Son cosas nuevas. Eso sí, les tiene que gustar, tienen que tener vocación. Ser militar no es imposible, es proponérselo y atreverse, con vocación y con amor a la patria. Uno puede servir a la Patria, servir al país. No es para uno, sino para los demás.