12 de julio - Aniversario del Nacimiento de la general Juana Azurduy

Heroína de la Independencia, su historia habla de una entrega total a la causa de la libertad.


Juana Azurduy nació el 12 de julio de 1870 en Chuquisaca, hoy Bolivia, en aquel entonces una de las más importantes ciudades del Virreinato del Río de la Plata, ubicada en lo que se conocía como el Alto Perú. Ciudad de referencia cultural donde se formaron importantes nombres de la independencia en su renombrada universidad.

Su madre, Eulalia Bermudez, era natural de la zona, y su padre, Matías Azurduy, de ascendencia española, era un hacendado poseedor de considerables tierras y bienes. Ambos le dieron en su mezcla de sangre lo más rico de cada pueblo. De los aborígenes heredó el amor a la tierra, el sentirse parte de ella, el respeto por su pueblo; de la herencia española se llevó seguramente la pasión por la aventura de aquellos colonos y la obstinación en el camino a sus objetivos.

Criada de muy chica en el campo, desde sus primeros años fue una niña de a caballo. Su padre, sin hijos varones, volcó en ella todas las enseñanzas rurales, no comunes para las niñas de la época. Así salió Juana, diestra para los trabajos rudos, excelente jinete, de trato afable y seguro con indios y gauchos. De su madre aprendió el quechua, las costumbres indígenas y los secretos de la tierra.

Fue huérfana a temprana edad, antes de los 10 años. Su educación en la escuela y en el catecismo de la época, más su accidentado paso por un convento, sin duda deben haber sumado disciplina a su férreo carácter y le brindaron los conocimientos adecuados a la época.

A los 25 años contrajo matrimonio con Manuel Ascencio Padilla, vecino y amigo desde la niñez. Ambos estaban comprometidos con los más débiles y no eran partidarios de la opresión realista. Por cuestiones políticas y económicas, se veían perjudicados con las diferencias de existentes entre españoles y criollos, a causa de su sangre o linaje. Esta sensación de injusticia los hizo incursionar en las ideas revolucionarias e independentistas, en boga durante aquellos años en Sudamérica debido a los recientes movimientos en Francia.

En mayo de 1809 el matrimonio tuvo una comprometida actuación durante la Revolución de Chuquisaca y en 1810 Padilla apoyó la revuelta en Cochabamba con dos mil rebeldes; esta dos acciones los dejarían expuestos ante los realistas. Años después, luego de la derrota de las armas patriotas en Huaqui, la situación política cambió y Juana fue apresada junto a sus hijos. Haciendo gala de todas sus destrezas Juana escapa de sus captores dándole muerte a un par. El matrimonio y sus cuatro hijos huyeron a caballo. Sus bienes fueron confiscados y ellos debieron comenzar su vida de permanente huida y escondites en la selva.

Inicialmente ella quedaba al cuidado de los niños mientras su esposo operaba militarmente contra los españoles. Pero mientras quedaba sola en la selva practicaba con su sable, las boleadoras y la “huaraca”, una honda de uso tradicional en el norte, logrando ser sumamente hábil en el uso de las armas, lo que sumado a su dominio del caballo la hacía una excepcional guerrera, sorprendiendo a propios y enemigos por no ser normal en aquellos tiempos ver mujeres con semejantes destrezas.

Finalmente, ambos se unieron al Ejército del general Belgrano, a quien cayeron en gracia en forma inmediata. Juana, de casaca militar colorada, pantalones blancos y sombrero con pluma celeste y blanca, atraía a hombres y mujeres a la causa y logró reunir miles de voluntarios a las armas. Formó el batallón denominado en aquel tiempo “los Leales”, por su reconocida lealtad a los esposos Padilla. Colaboraron en el éxodo jujeño, transportaron entre montañas la artillería en Vilcapugio y sufrieron en la primera línea la derrota de Ayohuma. Después del retiro del Ejército Auxiliar del Perú, los Padilla y sus leales continuaron haciendo la guerra de guerrillas en el Norte.

La victoria que obtuvieron ambos en el combate de Tarvita, en 1814, con prisioneros y botín de armas y municiones, hizo que el general español Joaquín de la Pezuela ordenase la persecución y ejecución del matrimonio. Ella se refugió con sus hijos en el Valle de Segura con algunos leales, Allí sus cuatro hijos mueren de malaria en un breve lapso de tiempo. Luego de la muerte de sus hijos se entregó por completo a la vida militar, y entre campamentos y combates tuvo una quinta hija. Después vendrían varias acciones y en 1816, luego de la batalla de La Laguna, en Villar, las tropas de los Leales fueron atacadas y Manuel Padilla decapitado. Juana, en otro acto de valentía recuperaría la cabeza de su marido, que era exhibida en una pica como símbolo de escarmiento a los rebeldes, con un violento operativo con sus tropas.

El general Manuel Belgrano, otra vez comandante del Ejército del Norte, le hace llegar el despacho con su ascenso a teniente coronel, firmado por las autoridades de Buenos Aires. Le reconocen el derecho al uso legal de la jerarquía, el uso de uniforme militar y el mando de tropas. El prócer, en un gesto que resalta las virtudes de Juana Azurduy, le obsequia su sable. Ella siguió combatiendo a órdenes del general Martín Miguel de Güemes. Y después de algunas heridas y de la muerte del caudillo salteño se retiró de las acciones de guerra con el olvido de sus contemporáneos.

Al regresar a su ciudad natal, Chuquisaca, no pudo recuperar sus tierras, Vivió durante unos años de una pensión como coronel que le había asignado el general Simón Bolívar, pero años después los cambios políticos la dejaron sin efecto. Murió en una absoluta pobreza, un 25 de mayo de 1862, a los 81 años de edad. Fue enterrada sin funeral ni honores militares en una fosa común. Indalecio Sandi, un indígena criado por ella en sus últimos años, pudo referir décadas después el lugar de su entierro, cuando el gobierno de Bolivia decidió rescatarla del olvido y hacerle su justo homenaje. Sus restos descansan hoy en la Casa de la Libertad en Sucre, edificio emblemático de la libertad boliviana.

En Argentina se le han rendido diversos homenajes, principalmente la famosa zamba “Juana Azurduy” de Félix Luna y Ariel Ramírez la recuerda y transmite su historia a las nuevas generaciones. En el norte del país la ruta que atraviesa el Impenetrable Chaqueño lleva su nombre, al igual que varias escuelas de diversas provincias. El poder Ejecutivo Nacional decretó su ascenso post mortem a general de la Nación en el año 2009. Un imponente monumento la recuerda en la Plaza del Correo, en la ciudad autónoma de Buenos Aires.

El Ejército Argentino le rinde homenaje en el nombre histórico de una emblemática unidad de infantería: el Regimiento de Infantería de Monte 28 “General JUANA AZURDUY”. Este elemento de combate altamente capacitado para operar en el monte salteño tiene su cuartel en la ciudad de Tartagal. La general Juana Azurduy ocupa el lugar que el Ejército le otorga a sus valientes que entregaron todo por la causa de la Patria, y que mostraron en el campo de combate y en su vida, poseer los valores y virtudes del soldado argentino.