Malvinas 44 años: el hundimiento del ARA General Belgrano
En la madrugada del 2 de mayo, la Flota de Mar se preparaba para atacar a la fuerza de tareas británica, para lo cual se planeaba iniciar las acciones con un ataque aéreo lanzado desde el portaaviones ARA “25 de Mayo”, empleando seis aviones Douglas A-4Q Skyhawk, los cuales intentarían alcanzar al menos a uno de los dos portaaviones británicos
Con la intención de realizar acciones por parte del Grupo de Tareas (GT) 79.3 liderado por el crucero ARA “General Belgrano”, aproximándose desde el sur, y el GT 79.4 con las tres corbetas clase Granville lanzando sus misiles MM38 Exocet contra la flota; se preveía el lanzamiento de los aviones a las 6:00 de la mañana, la falta de viento impedía hacer el catapultaje de las aeronaves con la carga de bombas prevista, por lo que se debió retrasar la acción. A la vez, ante la posibilidad de que se llegue a un acuerdo de cese del fuego gracias a la propuesta de paz del presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, la cual había sido aceptada por la Argentina, era bien vista por el gobierno de Estados Unidos que estaba mediando en el conflicto y, según ellos, cumplía con lo requerido por Gran Bretaña, se decidió cancelar el ataque y alejar a los buques de la flota británica a la espera de una definición sobre la situación y, eventualmente, de no lograrse un acuerdo, reiniciar el avance para atacar a la flota británica.

El 1º de mayo por la mañana, el submarino británico HMS Conqueror había detectado al GT 79.3 y comenzó a seguirlo, mientras los buques se reabastecían en alta mar desde el petrolero Puerto Rosales de la empresa YPF. Tras la cancelación del ataque aéreo a la flota británica, en la mañana del 2 de mayo, el Capitán de Navío Héctor E. Bonzo, comandante del Belgrano, recibió la orden de dirigirse a un área de espera llamada “Área Julián”, cerca de Isla de los Estados, para esperar nuevas órdenes.
A la vez, en esos momentos, el secretario de estado de Estados Unidos, Alexander Haig, nombrado como mediador, se encontraba reunido con Francis Pym, titular del Foreign Office británico (Ministerio de Relaciones Exteriores); a la par que se comunicaba con Belaúnde Terry, quien estaba en contacto directo con el gobierno argentino. Haig expresó a Terry que acordaba con su propuesta y no transmitió ninguna objeción de Pym, reunido con él, por lo que se presumía, estaba de acuerdo. Pym, a su vez, estaba comunicado con el gabinete de guerra británico, presidido por la primer ministro M. Thatcher. Según estaba previsto, a la tarde la Argentina anunciaría que aceptaba el plan de paz propuesto por Perú, solamente faltaba el anuncio oficial del Reino Unido.

Mientras tanto, el Conqueror seguía detrás del crucero. El Almirante Sir Terence Lewin, jefe del Servicio de Defensa británico, pidió autorización para hundir el buque. El Almirante Sandy Woodward, al mando de la FT británica pidió que se cambien las reglas para poder atacar el Belgrano, aunque este no se encontrase dentro de la zona de exclusión ni representase un peligro para sus fuerzas. La situación que se planteaba en los tableros ingleses, era que la Argentina estaba en una ventaja estratégica, conociendo la posición de su flota, mientras que ellos no conocían la ubicación del grupo del portaaviones 25 de Mayo, y desconocían si la Argentina había embarcado en el portaaviones a los Super Etendard.
La Armada Argentina estaba en condiciones de lanzar un ataque con un alto poder de fuego sobre la FT británica, sin que ésta pueda prevenirlo con suficiente antelación. A eso se sumaba la posibilidad de un acuerdo para la negociación pacífica del problema de Malvinas, que podía dilatarse sin una solución favorable para los británicos, que habían desplegado sus buques a 13.000 kilómetros de sus bases, lo cual complicaba la posición del gobierno de M. Thatcher.

El Belgrano, como el resto de los buques de la Armada Argentina, mantenía la disposición para el combate, por si se entraba en contacto con buques británicos, a los cuales atacarían.
El ataque al crucero
Finalmente, a pesar de que estaba cerca el acuerdo con Argentina, el gobierno de M. Thatcher autorizó el torpedeamiento del crucero. A las 14:00 hora local, el HMS Conqueror recibió la orden de hundir al ARA “General Belgrano". A las 15:00 el submarino se preparó para el combate y a las 15:57 lanzó tres torpedos Mk8 de la época de la Segunda Guerra Mundial, desde una distancia de 1820 metros.

En el buque, un tercio de la tripulación se encontraba en descanso, algunos en los sollados y otros en la cantina, mientras que los artilleros se ejercitaban en la torre número 2. Navegaban a once nudos con rumbo 290º Oeste - Noroeste y estaban en una posición 55º24’ Sur, 61º32’ Oeste.

El primer torpedo impactó en la proa, entre las cuadernas 12 y 15 sobre babor y cercano a la quilla, a unos seis metros de la superficie del agua. Afectó estructuralmente la viga longitudinal, lo que provocó la pérdida de 15 a 20 metros de proa del buque. Las consecuencias de esta explosión no fueron más allá de la inundación de algunos compartimentos bajos, desde la segunda cubierta hasta la quilla, aunque afectó severamente al material, afortunadamente alcanzó a muy pocos tripulantes. Era un sector destinado en mayor porcentaje a pañoles, tanques, cajas de cadenas y cuartos de maniobras de bombas.

El segundo torpedo explotó debajo de la quilla, a la altura del mamparo divisorio entre el compartimiento de máquinas de popa y sollados, banda de babor, cuaderna 106; produciendo un rumbo de 20 metros de largo, y fue el causante del mayor número de víctimas. Sus efectos se concentraron en áreas con mayor densidad de personal, para seguir propagándose de inmediato hacia arriba, por cinco cubiertas, de las cuales dos eran blindadas. La cuaderna 106 es una posición ubicada a 60 metros de la popa y a 120 metros de la proa. La explosión afectó a parte de los camarotes y la cantina, en donde se produjeron gran cantidad de muertes, incluyendo a los dos civiles que la atendían. El fuego se propagó por toda el área y no hubo más energía eléctrica ni propulsión, mientras que el timón quedó trabado a estribor.
El tercero golpeó sin explotar al destructor ARA “Bouchard”, que luego vio al Belgrano arrojar tres bengalas blancas y se alejó con el ARA “Piedra Buena” para intentar encontrar al submarino. El último de ellos lanzó cargas de profundidad contra el Conqueror, que debió hacer maniobras evasivas a gran velocidad y escapó.

Cinco minutos después del ataque el Belgrano tenía 15 grados de escora y se hundía sin remedio, armándose grupos de voluntarios para tratar de rescatar a posibles sobrevivientes dentro del buque; inmediatamente después del ataque el equipo de Control de Averías y Lucha Contra Incendios notificó al comandante por la única línea de teléfono que quedó en servicio, el grado de daños causado por las explosiones y que era imposible repararlos. En cuanto el comandante tuvo una clara impresión de la situación a bordo, a las 16:22 ordenó el abandono. En previsión de lo que sucedería, toda la tripulación se encontraba ya en las estaciones de abandono asignadas. La nave tenía 72 balsas salvavidas, de las cuales 62 eran las necesarias y el resto eran de reserva.
El buque se escoraba hacia la banda de babor, quedando ésta a sotavento (zona donde no pega el viento) y esta sería la banda que se usaría para el abandono por estar la cubierta principal más cerca del agua. Esto a su vez significó que el buque se vaya moviendo lentamente hacia las balsas, por lo que algunas fueron cortadas por hierros retorcidos del sector donde se había desprendido la proa, provocando el naufragio de éstas y la caída de sus tripulantes al agua. A las 16:40 finalizó el abandono en completo orden, siendo los últimos en abandonarlo el suboficial Ramón Barrionuevo y el comandante, cuando el navío tenía una escora de 50 grados. A las 17:01, el alguna vez majestuoso crucero, desapareció bajo la superficie del Atlántico Sur.

En esos momentos soplaba un viento de 60 kilómetros por hora desde el sector noroeste y el mar estaba muy picado, con olas de hasta cuatro metros. El agua tenía una temperatura de tres grados, por lo que algunos de los que cayeron al mar murieron de frío poco después. Lo mismo pasó con algunos tripulantes de balsas que no estaban llenas y algunos heridos que habían logrado evacuarse. Por el contrario, en las balsas que iban sobrecargadas sobrevivieron todos porque habían podido mantener mejor el calor corporal.
El ARA “Piedra Buena” logró emitir un mensaje donde informaba que el crucero se encontraba al garete (sin control) y hundiéndose, iniciándose de inmediato las tareas de búsqueda. En la noche del 2 de mayo una tormenta se abatió sobre los náufragos con vientos de 100 kilómetros por hora, debiendo cortar el cabo que mantenía sujetas a las balsas entre sí, por lo que cada balsa debió sobrevivir la tormenta de manera individual.

De los 1093 tripulantes del ARA General Belgrano, 323 murieron por el ataque del Conqueror, en una acción de combate donde el crucero tenía pocas posibilidades de enfrentarse con éxito al submarino nuclear, dependiendo totalmente de la capacidad antisubmarina de sus escoltas. Aunque en ese momento tenía rumbo hacia el continente, el GT 79.3 se encontraba en operaciones de combate esperando una situación favorable para retomar acciones contra la flota invasora.

Resumen de la ubicación de las bajas en el momento que impactaron los torpedos:
5ta. cubierta: compartimiento de máquinas de popa y en tránsito por las adyacencias, 20 caídos.
4ta. cubierta: sollado de popa y alrededores 47 caídos; sollados de proa, 42 caídos.
3ra. cubierta: sollado de popa y alrededores: 103 caídos; estación 3 de control de averías: 6 caídos.
2da.cubierta: pañol de mar de proa: 2 caídos; sollados de cantina y adyacencias: 34 caídos; sollados de popa y alrededores: 6 caídos; comedor de popa de suboficiales 6 y camareta de suboficiales: 6 caídos.
El total de bajas causado directamente por las explosiones de los torpedos, o en los momentos inmediatamente posteriores fue de 272 hombres, incluyendo 2 civiles. El abandono se realizó en completo orden y el 86 % de la dotación lo hizo con su uniforme completo y portando su propio salvavidas, mientras que un 26% llevó abrigo adicional.
Dotación del crucero ARA “General Belgrano”
Jefes y Oficiales: 56, sobrevivientes, 53; bajas: 3.
Suboficiales Mayores y Principales: 11, sobrevivientes: 10, bajas: 1.
Suboficiales Primeros: 26, sobrevivientes: 25, bajas: 1.
Suboficiales Segundos: 76, sobrevivientes: 40, bajas: 36.
Cabos Principales: 131, sobrevivientes: 86, bajas: 45.
Cabos Primeros: 93, sobrevivientes: 65, bajas: 28.
Cabos Segundos: 235, sobrevivientes: 158, bajas: 77.
Marineros: 55, sobrevivientes: 27, bajas: 28.
Conscriptos: 408, sobrevivientes: 306, bajas: 102.
Civiles: 2, bajas: 2.
Total: 1093 tripulantes, sobrevivientes: 770, bajas: 323,