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“En mitad de tanto fuego”: un soldado enamorado en el Centro Cultural Borges

Se trata de la obra protagonizada por Victorio D'Alessandro, con dirección de Alejandro Tantanian, que pone en escena a Patroclo: personaje insoslayable de la Ilíada, de Homero. Mediante textos clásicos y contemporáneos, el monólogo construye una faceta más íntima y personal de esta figura mitológica.

No estoy aquí para contar la guerra de Troya. Esta es la historia de mi carne, allí donde coincidieron la muerte y el amor”, dice Patroclo, interpretado por el actor Victorio D'Alessandro. Este personaje mitológico de la Antigua Grecia –inmortalizado por Homero en la Ilíada– no solo es el gran compañero de Aquiles en la contienda más famosa de la literatura occidental, sino también algo más.

El actor Victorio D'Alessandro interpreta a Patroclo, uno de los grandes personajes de la literatura griega.

En mitad de tanto fuego –escrita por el dramaturgo español Alberto Conejero y dirigida por Alejandro Tantanian– pone en escena “al más amado de Aquiles”, quien se construye y expone no desde la herida del bronce –o no enteramente–, sino desde el corazón que luchó y amó en un mundo de sangre y deseo. Y lo hace a través de un monólogo lleno de poesía clásica y contemporánea que, entonces como hoy, conserva una vigencia profunda como innegable.

En ese sentido, y en medio de una escenografía que tiende al minimalismo, aparece no solo el texto de Homero, sino también fragmentos de Safo de Lesbos, Federico García Lorca, Pedro Lemebe, Anne Carson o Madeline Miller, con los que Patroclo –extendiéndose hacia la contemporaneidad– da forma a lo que tal vez nunca pudo referir, nombrar y reclamar. Así, y durante sesenta minutos, Victorio D'Alessandro habita con destreza la piel del soldado enamorado, quien conquista el espacio escénico para transformar la amargura en belleza y el abatimiento en oro.

Un amor entre ruinas

Si bien en la Ilíada Homero no se aclara específicamente que relación hay entre Patroclo y Aquiles, hay ciertos indicios para inferir que los unía una intimidad especial. Y la cuestión ya estaba presente en la propia Antigüedad: Platón, en su Banquete –y seguramente analizando aquellos indicios homéricos– lo decía sin dudar: no eran solo compañeros de armas. La muerte de Patroclo lleva a Aquiles hacia el extremo de la cólera y la venganza. Sumido en la tristeza, se niega a comer y beber durante un tiempo y manifiesta que su pena es tan grande que ni la muerte de su padre Peleo ni la de su hijo Neoptólemo le causarían más dolor. Hacia el final de la epopeya, y a pedido de Patroclo mediante un sueño, Aquiles organiza los ritos funerarios y pide que sus huesos se mezclen con los de su compañero cuando muera.

La interpretación, por supuesto, depende mucho del contexto cultural griego y de cómo se entendían las relaciones personales en distintas épocas. Aun así, lo que une a ambos personajes parece ser lo suficientemente íntimo como para que los griegos posteriores y muchos lectores modernos consideren la posición platónica. Lo cierto es que En medio de tanto fuego no solo refuerza y explora aquella relación excepcional entre ambos héroes homéricos; sino, sobre todo, la perspectiva de quien produjo la felicidad y el desconsuelo más profundos en Aquiles.

Alejandro Tantanian, director de "En mitad de tanto fuego". Foto: CEDOC.

A propósito, conversamos con el director de la obra, Alejandro Tantanian, acerca de esta pieza que está en cartelera en el Centro Cultural Borges hasta el domingo 29 de marzo, con entrada libre y gratuita.

–En su opinión, ¿qué Patroclo aparece en escena para contar la historia de su carne y no la guerra de Troya? ¿Patroclo existe por Troya o más bien por Aquiles?

–Se trata de un Patroclo imaginado por el dramaturgo, Alberto Conejero, en una suerte de Purgatorio o espacio límbico –mezcla de infierno cristiano y el averno griego antiguo–, donde está esperando con ansiedad el encuentro de Aquiles. Nosotros, como espectadores, entramos en un zona de ser ficcionalizados por la mirada del propio Patroclo y nos convertimos, rápidamente, en sus confesores. Es decir, escuchamos su confesión de amor y guerra, y su llamado desesperado de decirle que no a la guerra para intentar una vida “normal”.

–¿Que sea Patroclo y no Aquiles quien toma la palabra ayuda a leer el mito desde una perspectiva distinta? ¿Qué diferencias encuentra en la mirada de Patroclo?

–En principio se trabaja sobre el Canto XVI de la Ilíada, que es conocido como la “Patroclea”. Ahí, de algún modo, se narra aquello que está contenido en En mitad de tanto fuego. También, por otro lado, hay intertextos. Por ejemplo, la novela La canción de Aquiles, de Madeline Miller, con la que se repone mucha información sobre la infancia de Patroclo, la forma en que se conocen ambos personajes y su educación por el centauro Quirón, etc. Que sea Patroclo, entonces, es darle voz a alguien que quedó por los costados de la epopeya. Por supuesto tiene un lugar importante: se transforma en Aquiles cuando tomó sus armas y atributos para ir al campo de batalla, y ofreció su cuerpo, luego derrotado por Héctor. Pero la posibilidad de que sea Patroclo quien nos cuenta la historia le permite a Alberto Conejero un modo de encontrar una voz corrida de la centralidad.

–La obra toma también las voces de Safo, Lorca y Lemebel que se articulan con el mito griego. ¿Cómo dialogan entre sí para construir una voz única en Patroclo? ¿Qué ayudan a decir?

–Los intertextos que se plantean en la obra es un procedimiento bastante común en la dramaturgia de Conejero. Él trabaja mucho de esa manera y creo que, en este caso, le da una persistencia a ese mito de amor y guerra. Un mito leído como lo lee Conejero: no como primos –como lo hace la película hollywoodense Troya–, sino como amantes, como una historia de amor. Que existan estas citas tiene que ver también con trazar una suerte de genealogía y que esa historia esté narrada desde el momento cuando es contada por Homero –o por quienes hayan sido Homero– hasta el día de hoy.

–Patroclo se pregunta sobre su identidad antes de la guerra, pero habla después de muerto, vestido de jean y las heridas de su espalda son una canción del siglo XX. ¿El aspecto temporal se convierte en una cuestión fundamental para la puesta de la obra?

–Sí, la idea de la contemporaneidad está muy ligada al propio mito. De hecho, Conejero hace una primera acotación en la que plantea al personaje en jean y musculosa. También lo homologa a una pintura de Yannis Tsarouxis, un artista griego que pintó muchas obras con una mirada queer. Y esta idea de que Patroclo esté entre nosotros y sea, de alguna manera, un contemporáneo más permite justamente que la historia tenga esa pregnancia y toda esa fuerza, aun, en el presente. Incluso, tal vez, mucho más ahora en nuestro presente.

–En ese sentido, ¿podemos decir que la Troya mítica aún continúa generando ecos culturales y artísticos que continúan en la contemporaneidad?

–Totalmente, creo que la Troya mítica no deja de generar ecos. Esta pieza claramente está escrita a la luz –o a la sombra– de la Ilíada y nos permite seguir pensando y reflexionando cuestiones que todavía hoy nos interpelan. La cultura griega es una cultura que está en el ADN de Occidente, mucho más allá de lo que nosotros pensamos. Hay algo constitutivo en términos culturales, espirituales, emocionales que, si bien la cultura griega puede estar muy lejos en el tiempo, funciona con una potencia, con una fuerza traccionante. La obra y el montaje intentan, de algún modo, decir eso mismo: demostrar que todo eso sigue aquí entre nosotros.

Teatro en el Centro Cultural Borges

La obra En mitad de tanto fuego forma parte de la nueva programación teatral que el Centro Cultural Borges lleva adelante para la temporada 2026.
Próximas funciones:

Sábado 21 y 28; y domingo 22 y 29 a las 20 h. Centro Cultural Borges (Viamonte 525, CABA). Para consultar la cartelera de teatro completa, ingresar a este enlace.

Las entradas son gratuitas y se retiran en la Mesa de Informes (primer piso) a partir de 30 minutos antes de cada función. Se entregan hasta dos entradas por persona. El acceso a la sala es por orden de llegada. Los espectáculos comienzan puntualmente y, una vez iniciados, no se permitirá el ingreso a la sala.

Imágenes: Centro Cultural Borges.

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