La invitación es a vivir la magia del Carnaval de la Chaya, una celebración ancestral que honra a la Pachamama y que llena las calles riojanas de harina, albahaca, música y alegría.
Allí se puede conocer la leyenda del Pujllay, espíritu juguetón y festivo que simboliza la unión entre el pueblo y la naturaleza, y que cada año renace en los festejos hasta su quema final, rito que marca despedir el carnaval.
La tradición implica recorrer los barrios para ver comparsas a caballo, escuchar vidalas y coplas, y participar del tradicional topamiento y la coronación, ceremonias donde compadres y comadres sellan su amistad intercambiando coronas de masa o flores bajo arcos adornados. Sentir la harina que simboliza la abundancia de la cosecha y la albahaca, perfumando los festejos como amuleto de alegría y protección.
Descubrir un carnaval único en el país, donde la herencia diaguita convive con la espiritualidad de la tierra y el fervor popular. Vivir la Chaya es vivir La Rioja: un encuentro intenso, colorido y auténtico que invita a volver cada febrero.



