Hace 35 años, Adolfo Bioy Casares recibía el Premio Cervantes de Literatura
La Secretaría de Cultura de la Nación recuerda al gran escritor argentino, quien un día como hoy, el 15 de noviembre de 1990, obtenía el galardón más importante de la literatura castellana.
Adolfo Bioy Casares es considerado uno de los escritores más importantes de la Argentina y de Hispanoamérica. La Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Leonardo Cifelli, lo recuerda hoy, que se cumplen 35 años del día en que recibió el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes.

“Antes de leer el Quijote, en dos ocasiones tomé la pluma para escribir literariamente. En la primera lo hice para llamar la atención de una muchacha; en la segunda para imitar a Conan Doyle y a Gaston Leroux. Debo aclarar que en aquella época mis ambiciones no eran literarias. Lo que yo realmente quería era correr cien metros en nueve segundos y ser campeón de box y de tenis”, decía Bioy Casares en su discurso en la entrega del Premio Cervantes en 1990. “Cuando leí el inolvidable comienzo y todo aquel primer capítulo que nos refiere cómo era Don Quijote, dónde y con quiénes vivía, sentí una emoción muy fuerte. Había en ella un dejo de ansiedad, porque Don Quijote abandonaría esa vida apacible, para salir en busca de aventuras, y una fascinación que probablemente el despreocupado tono del relato exacerbaba”, confiaba.
Destacado en el mundo de la literatura fantástica universal, Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914. Casado con la escritora Silvina Ocampo y amigo entrañable de Jorge Luis Borges, Bioy dejó su sello personal en la narrativa argentina que, aún hoy, continúa vigente como uno de aquellos escritores más destacados del siglo XX argentino.
La invención de Morel (1940), La trama celeste (1948), El sueño de los héroes (1954), Una muñeca rusa (1991) y Una magia modesta (1997) son algunos de sus libros que le dieron nombre propio. A Borges lo conoció en 1932 y entabló una amistad personal y literaria de por vida. Junto a él, escribió obras en colaboración, utilizando varios seudónimos que adoptaron entre los dos: C. I. Lynch, B. Suárez Lynch y tal vez el más conocido, H. Bustos Domecq. Con Borges y Silvina Ocampo, publicó Antología de la literatura fantástica (1965), en la que los tres autores reunieron cuentos del género en el que Bioy Casares se destacó a lo largo de su carrera literaria.

Bioy y Borges tenían discrepancias sobre autores favoritos. Por ejemplo, Bioy Casares fue un ávido lector de la obra del español Azorín. Leyó casi toda su obra. En cambio, Borges lo detestaba. Una vez, Bioy Casares dijo: “Borges tenía una especie de superstición contra lo muy sencillo. Creo que de esa discrepancia resultó algo bueno para ambos. Él empezó a comprender que en lo muy sencillo había méritos también. Algo muy sencillo tenía que valer para hacerse apreciar. En cambio, en las cosas complejas uno podía ocultarse y hacer pasar por valioso algo que no fuera tanto”.
Además del máximo galardón a las letras hispánicas, Bioy obtuvo otros reconocimientos a su obra, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en 1975, también se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia en 1981 y como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1986.

Escribió novelas, cuentos, ensayos, memorias, cartas y más: una obra con la que recibió una gran atención, fama y prestigio durante toda su vida. Incluso, muchos de sus libros fueron llevados a la pantalla grande. Entre ellos: El crimen de Oribe (1950), basada en el cuento “El perjurio de la nieve”, realizada por Leopoldo Torre Nilson en codirección con su padre, Leopoldo Torres Ríos; El año pasado en Marienbad (1961), dirigida por Alain Resnais, con guion de Alain Robbe-Grillet, basada en La invención de Morel; El sueño de los héroes (1997), dirigida por Sergio Renán; Dormir al sol (2012), dirigida por Alejandro Chomski, y Los que aman odian (2017), dirigida por Alejandro Maci.
Adolfo Bioy Casares falleció el 8 de marzo de 1999, a los 84 años. Pero aún hoy, aquel prestigio continúa acompañando su nombre, memoria y legado.
Destacamos algunos de sus libros más notables:
La invención de Morel (1940)

“No me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”, dijo Borges en su prólogo de 1940. El protagonista es un inventor fugitivo de la justicia que se oculta en una isla misteriosamente deshabitada. Con el tiempo, descubre que no está solo. A pesar del temor a que lo encuentren, espiará a los nuevos habitantes, entre quienes conocerá a una bella mujer.
El sueño de los héroes (1954)

Ambientada en la Buenos Aires de fines de los años veinte del siglo pasado, la novela se estructura a partir de una serie de acontecimientos en la vida de su protagonista, Emilio Gauna.
La trama celeste (1948)

Relatos fantásticos en los que Bioy juega con las infinitas posibilidades del tiempo y el espacio. Allí se exponen a un asesino pasional; un hombre sometido a los caprichos de animales mutantes; una víctima perseguida por una secta del culto al perro; un hombre que traspone una puerta y retrocede dos siglos, y otro que, mediante un rito mágico, detiene el mismo tiempo.
Diario de la guerra del cerdo (1969)

Un grupo de jóvenes parece amenazar a ancianos y personas de edad avanzada, sin un aparente móvil que los impulse. Una novela en la que se da forma a una gran batalla entre distintas generaciones.
Dormir al sol (1973)

Bioy logra disfrazar las fantasías más profundas a través de una cotidianidad insospechada. El relojero Lucho Bordenave y su mujer, Diana, llevan una vida tranquila. Repentinamente, Diana es internada en el Instituto Frenopático. Un thriller lleno de suspenso con gestos satíricos.