Las formas de gobierno:
Primera Junta, Junta Grande, Triunviratos y Directorio
La Primera Junta -primer intento de organización posrevolucionaria- afrontaba un desafío: legitimar su gobierno frente a las restantes provincias. El primer paso del gobierno en este sentido fue mandar una proclama incitando a estos territorios a que juren adhesión al nuevo gobierno.
Las adhesiones de los distantes territorios del Virreinato dieron forma a la llamada Junta Grande. Como órgano representante de las ciudades del interior este podría interpretarse como un gran progreso, sin embargo, escondía detrás de ella una maniobra política enhebrada por la facción saavedrista. Mariano Moreno descubrió estas intenciones, y ante la posibilidad de cambiar el rumbo, renunció a su puesto como secretario de la junta. Luego le depararía la muerte en alta mar. La facción morenista, siguió participando activamente en la vida política revolucionaria a lo largo de la década. Los hechos revolucionarios se desencadenaban con extremada rapidez. Las formas de gobierno se sucedían presas del faccionalismo que impedía el acuerdo de los actores. El faccionalismo no fue el único escollo a resolver para la organización política y la conformación de una forma de gobierno efectiva sino también el factor provincial. En un comienzo las provincias como unidades administrativas se encontraban determinadas por el entorno citadino. La ciudad de Buenos Aires era el contexto más prominente, por su ubicación geográfica y su posición anterior como capital del virreinato. El poder de la misma se expresó en la centralización de las primeras formas de gobierno. De hecho, desde la Revolución de Mayo, los tenientes gobernadores, principales autoridades provinciales, eran designadas desde el centro porteño. Esta situación siguió replicándose en el primer y segundo Triunvirato y luego en la Asamblea del Año XIII, a partir de la designación del Directorio como nueva forma de gobierno.
La Asamblea del Año XIII
Si bien la Asamblea del Año XIII no fue exitosa en sus objetivos inmediatos -promulgar una constitución y declarar la independencia- sí hizo avances significativos hacia la construcción de una identidad nacional al designar como Himno Nacional al elaborado por Blas Parera y Vicente López y Planes. También marcó un antecedente en el recurso de la asamblea como forma de deliberación de los representantes de los pueblos. También declaró la libertad de prensa, abolió la inquisición y las torturas y suprimió los títulos de nobleza en aras de la igualdad jurídica.
Si bien la Asamblea del Año XIII declaró la “libertad de vientres”, la cual estipulaba que los hijos de esclavas nacidos a partir de ese año eran considerados libres, esta medida no abolía la esclavitud por completo. Esta no prohibía específicamente el comercio o trata de esclavos y, por tanto, los esclavos seguirían estando presentes dentro de la sociedad porteña hasta que el Congreso de Tucumán declarase finalmente la abolición. Otra de las formas de conseguir la libertad definitiva, y lograr avanzar socialmente, fue el reclutamiento militar.