Presidencia de la Nación

El poeta y el presidente

El doctor en Letras Lucas Adur reflexiona sobre los compromisos políticos de Jorge Luis Borges


Lucas Adur

Doctor en Letras y docente de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA)

Durante años, circuló la imagen de Borges como un escritor en su torre de marfil. Alguien interesado casi exclusivamente en cuestiones literarias o filosóficas y completamente desvinculado de su contexto socio-político y de los problemas de su tiempo. El propio escritor contribuyó a forjar y difundir esa imagen, especialmente luego de su consagración, en torno a los años sesenta. A través de los prólogos de sus libros, de la exclusión de muchos textos de sus llamadas Obras completas y de las intervenciones públicas de sus últimos años, Borges buscó atenuar las huellas del contexto en su escritura y construir una imagen de ciego sabio, perdido en la literatura y ajeno a los avatares de la coyuntura: “el menos histórico de los hombres”, se define en el prólogo a la edición francesa de sus obras completas, casi al final de su vida.

El trabajo de archivo –especialmente, con los textos dispersos en numerosas publicaciones que Borges excluyó de sus libros, pero también con sus entrevistas y declaraciones en los medios– nos permite desmitificar esa imagen y reponer a un sujeto atravesado por la historia, con una constante preocupación por los acontecimientos de su tiempo, que permea buena parte de su producción literaria. La vida del escritor abarca casi todo el siglo XX: nació en 1899 y murió en 1986. A lo largo de esos años, Borges tomó activamente posición en los debates de su época. Desde el joven poeta que, durante su estancia en Europa luego de la Primera Guerra Mundial, compuso odas a la Revolución Rusa; pasando por el vanguardista que transformó el campo literario argentino y fundó, a fines de los años veinte, el “Comité Yrigoyenista de Intelectuales Jóvenes”; el militante antifascista y antinazi que denunció el antisemitismo en Argentina en las décadas del 30-40; el acérrimo opositor al peronismo y partidario de la llamada “Revolución Libertadora”, en 1955; hasta el conservador que elogió las dictaduras en América Latina y, en los últimos años de su vida, celebró el restablecimiento democrático.

Es justamente en relación con este último “giro democrático” que hay que situar esta imagen que muestra a Borges con el presidente Raúl Alfonsín. Inicialmente, el escritor se había manifestado favorable al golpe de estado del 24 de marzo de 1976, al que calificó como un “gobierno de caballeros” (La Mañana de Montevideo, 24 de abril de 1976). El 20 de mayo de 1976, participó del tristemente célebre almuerzo de Videla con “los escritores” –Borges, Ernesto Sábato, Leonardo Castellani y Horacio Ratti–. Sin embargo, con el correr de los años, y especialmente a partir de 1980, el escritor fue tomando distancia de la dictadura. En agosto de ese año, Borges firmó una “Solicitada por los desaparecidos”, que se publicó en Clarín. Al momento de la Guerra de Malvinas, se manifestaba ya abiertamente en oposición a la Junta, y a favor de la celebración de elecciones democráticas.

Luego del triunfo electoral de Alfonsín, el escritor realizó una suerte de autocrítica, asegurando haberse “dejado engañar” por los militares (Gente, 15 de diciembre de 1983), y se desdijo de su famosa diatriba contra la democracia: “Escribí alguna vez que la democracia es un abuso de la estadística […]. El 30 de octubre de 1983, la democracia argentina me ha refutado espléndidamente" (Clarín, 22 de diciembre de 1983). Asistió a una sesión del Juicio a las Juntas y manifestó su horror, su total repudio y su deseo de una condena a los responsables. Participó también, junto a otras personas del ámbito de la cultura, en una reunión con el presidente electo, poco antes de su asunción, de donde proviene el retrato que acompaña esta nota.


Jorge Luis Borges reunido con el presidente Raúl Alfonsín. Archivo General de la Nación, fondo Acervo Gráfico Audiovisual y Sonor. ID: AR-AGN-AGAS01-Ddf-rg-216-346313

La relación de Borges con la política fue compleja, intensa, variable. Esta imagen es testimonio de esos avatares. Pero quizás, también, un símbolo, una cifra. El poeta y el presidente. No se miran de frente: la relación no es directa. Borges ya no puede ver. Alfonsín parece concentrado en el bastón. Como si lo sopesara. No es el bastón presidencial. Pero es otro signo de poder o un signo de otro tipo de poder. Es el bastón del poeta, del que este, poco antes, había escrito: “Pese a su autoridad y su firmeza, es curiosamente liviano” (“El bastón de laca”). Una autoridad firme y leve (¿lábil?) El presidente lo toma con una mano. El poeta lo sostiene con las dos. La política está ahí, lo aferra, parece querer tomarlo. Por el gesto del poeta no es fácil decir si entrega el bastón. O resiste.

Para Inspiraciones: pensamientos desde archivos. Bicentenario del Archivo General de la Nación.


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