Hernán Comastri
Historiador (Instituto Ravignani – UBA/CONICET)
El 5 de marzo de 1953 partía hacia la Secretaría Técnica de la Presidencia una carta proveniente de Río Cuarto, provincia de Córdoba, y dirigida al “Excelentísimo Señor Presidente de los Argentinos, General Don Juan Domingo Perón”. Los firmantes (Carlos Jorge Price, Pedro Guevara y Alfonso Sánchez) escribían para poner a consideración de los funcionarios de la repartición un invento de su autoría: “el equipo ladrillero más poderoso y económico que hasta la fecha el hombre haya conocido”, capaz de producir más de cien mil ladrillos por día.
Esta carta en particular fue una entre decenas de miles recibidas por la Secretaría desde todos los rincones del país (sumadas a varias provenientes del extranjero) a partir de fines de 1951, cuando Perón convocara públicamente a la ciudadanía a enviar ideas, pedidos y proyectos a ser evaluados y, eventualmente, incluidos en el Segundo Plan Quinquenal, en ese momento aún en proceso de redacción. La convocatoria oficial fue recibida con entusiasmo por parte de la población, que muy pronto redoblaba la apuesta del gobierno peronista: si el plazo para el envío de las misivas originalmente estaba restringido a apenas dos meses, las cartas seguirán llegando a la Secretaría hasta el último día del gobierno de Perón, y si en un principio la convocatoria había sido pensada como un insumo para la planificación socio-económica del Segundo Plan Quinquenal, pronto las iniciativas ciudadanas demostrarán tener una agenda propia de intereses y preocupaciones que en muchos casos desbordaban los límites de la planificación peronista. Así, si bien muchas de las cartas recibidas efectivamente apuntaban a pedidos de trabajo, vivienda u obra pública, muchas otras se abren a las más variadas reflexiones sobre el espiritismo, la naturaleza de los platillos voladores y las promesas de la energía atómica, promocionan invenciones y descubrimientos de todo tipo, o sueñan con ambiciosos proyectos, que van desde una nueva traza para el Río de la Plata hasta un viaje al centro de la Tierra por debajo de la Cordillera de los Andes.

Fotografía de artefacto ladrillero. Archivo General de la Nación, fondo Secretaría de Asuntos Técnicos. Código: AR-AGN-SAT01
Aunque éste no era el tipo de diálogo que los funcionarios de la Secretaría Técnica tenían en mente a la hora de lanzar el programa, como en tantas otras instancias la política del peronismo es interesante no sólo por lo que explícitamente impulsa, sino también por lo que habilita. Por las voces, ideas, intercambios y prácticas que legitima desde la acción estatal. Pero la riqueza de este programa de intercambio epistolar no se agota allí, sino que se expresa en otra de sus consecuencias imprevistas: la construcción de un archivo. Y no cualquier archivo, porque esas miles de cartas recibidas por la Secretaría Técnica de la Presidencia que hoy forman parte del acervo del Archivo General de la Nación abren, para las los historiadores y las historiadoras, una ventana a los imaginarios de las clases populares de la Argentina de mediados del siglo XX. Un punto de acceso privilegiado directo a los sueños, preocupaciones, proyectos, ambiciones y rencores de trabajadores y amas de casa, peones rurales y pequeños chacareros, jubilados y estudiantes secundarios.

Plano de artefacto ladrillero. Archivo General de la Nación, fondo Secretaría de Asuntos Técnicos. Código: AR-AGN-SAT01
Resultaría difícil demostrar que esta convocatoria del peronismo se materializó luego en medidas concretas en el marco del Segundo Plan Quinquenal, pero es indiscutible que la misma nos ha legado un archivo único: el testimonio, literalmente de primera mano, una población que muy raramente tiene oportunidad de registrar sus memorias, representaciones e ideas en forma escrita.
Price, Guevara y Sánchez ya han luchado contra la burocracia del Registro de Patentes, han dedicado más de dos años a la construcción de un prototipo en los “tiempos libres” de sus respectivos trabajos y se han vestido de traje, camisa y corbata para las fotografías que acompañan su carta a Perón. Escriben para pedir una entrevista con el presidente y para poner su invención a disposición de las obras del Segundo Plan Quinquenal en una época en que la importación de maquinaria resulta difícil en una Argentina falta de divisas; escriben “rogando se nos permita que el equipo salga con nombre JUSTICIALISTA” y también para mostrar el resultado de tantos esfuerzos, de un trabajo que había comenzado, en silencio, en los fondos de una casa cordobesa, mucho antes que cualquier convocatoria gubernamental a la inventiva popular.
Para Inspiraciones: pensamientos desde archivos. Bicentenario del Archivo General de la Nación.
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