Darío Pulfer
Historiador (Cedinpe-UNSAM / Programa Archivos en la era digital - FLACSO)
Todo comienza con un interés concreto. La noticia de la aparición e ingreso al AGN de un grupo de cartas recibidas por Perón en Puerta de Hierro nos lleva a la consulta. Estábamos trabajando sobre Cooke, buscando reconstruir su disperso y fragmentado archivo.
Al material editado por Eguren se habían sumado piezas “traspapeladas” provenientes del archivo Trípoli y otros fragmentos depositados en el CEDINPE. El ingreso del Archivo Cooke-Eguren en la BN entregaba nueva información.
El lote del “archivo intermedio” prometía. Podía contener piezas que ayudaran a completar el rompecabezas.
Nos preguntamos, ya que no era un afán de acumulación ni cuantitativo el que nos guiaba: ¿habría piezas intermedias entre las ya conocidas? ¿se habría prolongado la correspondencia más allá del registro consolidado?
Vamos a la sede del Bajo, con temores prejuiciosos: ¿podremos ver los materiales? ¿surgirá algún problema? ¿estará todo a la vista? Ingresamos. Subimos al piso correspondiente. Nos atienden amablemente y nos otorgan referencias sobre el origen y la travesía del material. Se trata de la correspondencia recibida por Perón en Madrid a partir del año 1964 y hasta fines del año 1972.
Comenzamos el “peinado” del material. Al inicio, plena atención en la revisión de las series. A medida que pasaban las piezas, cierto aletargamiento. Atención latente. Materiales conocidos fragmentariamente o previsibles. De golpe, el documento que rompe la monotonía. La pieza es separada de la serie. Se le otorga entidad propia. Se la comienza a analizar en sí. Se la vincula, se la relaciona, se la entrelaza, se la contextualiza. Comienza la construcción del acontecimiento.
Se trata de una carta de Cooke fechada el 27 de enero de 1964. Leemos. Nos resulta familiar. Contiene un error de fechado, ya que refiere al fracaso del “operativo retorno”.
El “efecto archivo” nos orienta a varias tareas.
Al volver a la propia biblioteca, verificamos la inserción del material en el rasgado volumen de tapas rojas, confirmando la presunción. La carta, efectivamente, estaba allí. Incluso, los editores arrastraron el error material de la fecha.

Carta de J. W. Cooke a J. D. Perón, fechada: 27 de enero de 1964. Archivo General de la Nación, Fondo Juan Domingo Perón en el exilio - AR-AGN-JDP01-caja 3
Imprimimos el material. Contrastamos la transcripción. Relectura detenida. Nuevos subrayados. Identificación de avisos (cinta con la declaración frente a la Cámara de Diputados por el pacto con Frondizi y envío del folleto sobre el retorno de Perón) y ejes expuestos (grave crisis del peronismo; desafío electoral de marzo de 1965; razones del fallido retorno de diciembre de 1964; críticas a la burocracia; desánimo de las masas; demandas a Perón para ejercer la conducción de manera directa, traslado a Cuba y explicitación de definiciones). Hasta la propuesta de traslado a la isla, sigue el estilo de los informes críticos producidos como delegado. A partir de allí realiza un salto de escala en la política (de lo estrictamente local a lo regional), cambia el orden de la dirección (de lo estratégico a lo táctico) e introduce el factor Cuba con las alegaciones en favor del liderazgo nacionalista de Fidel.
Leída siguiendo el sentido longitudinal del intercambio varios de esos puntos perdían fuerza a nuestros ojos. Al sacar la pieza de ese orden continuo podíamos reconocer otros elementos, otros movimientos, otros juegos en el mensaje.
Perón responde la “larga” carta de inmediato, el 8 de febrero, acogiendo informaciones y confrontando las caracterizaciones vertidas por Cooke sobre la dirigencia y descartando el traslado. Al final solicita a Cooke lo excuse frente a Gustavo Roca, por no recibirlo. De la lectura anterior podíamos inferir la intención del abogado cordobés de verlo. En el archivo, junto a la carta de Cooke, aparecía otra manuscrita, fechada en Madrid el 2 de febrero, en la que Roca se presentaba como portador de dos misivas (una del “Bebe” y otra de Amado), además de mostrar sus credenciales combativas y sus convicciones en favor de la “revolución nacional cuya columna vertebral es el peronismo”. Además decía que se reuniría con Cooke en París, para trasladarse a Cuba. La carta de Olmos no se conserva. Su contenido había sido conversado con Cooke, quien la redactó, antes de ser presentada en un plenario de la CGT, en la que no fue aprobada ni rechazada a mediados del mes de enero de 1965.
Textos conocidos, revisitados en el contexto de producción, circulación y recepción, nos ponían frente a otras preguntas: ¿cómo había llegado al acuerdo con Olmos para reclamar el traslado de Perón a Cuba? ¿porqué Cooke no se acercó a Madrid? ¿porqué no hay más cartas de Cooke en ese archivo, sabiendo que las había mandado? ¿Fueron sustraídas en el camino al archivo?
De ese modo se disparaban nuevas interrogaciones acerca de esos años de proscripción del peronismo. Volvíamos a una constatación: el período 55-66 resulta el menos estudiado de la historia de la larga trayectoria del peronismo. Los fulgores del primer peronismo como el dramatismo de los primeros setenta, dejan en zona gris un tiempo, en el que de todos modos, siguió habiendo vida política, aun en duras condiciones.
El ejercicio reafirmaba una vieja premisa de los historiadores: viejos documentos leídos en otros contextos obligan a reinterpretar el pasado o reformular las preguntas que se le realizan.
Para Inspiraciones: pensamientos desde archivos. Bicentenario del Archivo General de la Nación.
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