Mitos y creencias en torno a la niñez y el trabajo infantil


Trabajar para la prevención y erradicación del trabajo infantil implica revisar las ideas y conceptos asentados en la sociedad ya que algunos de ellos ayudan a invisibilizar la problemática.
Sobre esta base se construyen mitos y creencias que son sostenidos de generación en generación.


“Es mejor que los niños trabajen a que estén sin hacer nada.”

El ocio de los niños y las niñas es visto socialmente como algo negativo, cuando en realidad es necesario para el desarrollo de la creatividad, para el descanso y el juego; además configura un derecho esencial de la niñez.

El trabajo infantil aparece en estos casos como una herramienta de control social.

“Es mejor que un niño trabaje a que esté robando.”

El trabajo infantil aparece en esta creencia nuevamente como un instrumento de control social, de prevención de la criminalidad. Además, esta relación entre trabajo infantil y delincuencia no es cierta.

Algunas de las llamadas peores formas de trabajo infantil implican justamente la utilización de niños y niñas para cometer delitos.

“Si un niño trabaja va a estar mejor preparado para conseguir empleo cuando sea adulto.”

Esta visión cortoplacista no tiene en cuenta que, dado que los niños y las niñas se insertan en actividades de baja o nula calificación y prevalentemente mecánicas, el supuesto aprendizaje que les da el trabajo no les permite una salida efectiva del círculo de la pobreza.

El trabajo infantil interfiere el ciclo escolar obligatorio, que aporta mejores herramientas para la futura inserción social y laboral.

“El trabajo dignifica al hombre.”

El trabajo infantil empobrece, vulnera, oprime, aliena y muchas veces mata. Pensar como un aspecto positivo el trabajo en la infancia implica una vulneración de los derechos del niño y la niña. El trabajo es un valor para los adultos.

“Las niñas que realizan tareas domésticas en el hogar no están trabajando.”

Cuando conlleva la asunción de responsabilidades de adulto por parte de niñas o niños, el desempeño de tareas domésticas es una forma de trabajo infantil. Afecta los derechos fundamentales de los niños, como el derecho al ocio, al juego y a la educación.

Además contiene una fuerte connotación de género, dado que en la práctica son las niñas las que generalmente deben realizar estas tareas. El trabajo doméstico no está visibilizado como trabajo para las mujeres, está naturalizado como una tarea femenina, lo cual determina en el caso de las niñas una doble invisibilidad de la tarea.

“Los niños tienen mejores condiciones para realizar ciertos trabajos.”

Del lado de los empleadores, responsables o capataces, esta creencia justifica la incorporación de mano de obra infantil. Se entiende que los niños y las niñas tienen “dedos hábiles”, ligereza, agilidad o baja estatura y por eso son aptos para realizar algunas operaciones mecánicas correspondientes a una determinada actividad.

Estudios de la OIT refutan la idea de que los niños y/o las niñas pueden realizar determinados trabajos o que puedan ejercerlos mejor que los adultos. Las modalidades ejecutadas por los niños y las niñas, por ejemplo, la recolección de la cosecha, consisten en trabajos mecánicos que no requieren calificación alguna y los adultos podrían hacerlo mejor o por lo menos tan bien como los niños y las niñas con, además, mayor conciencia de los peligros de la actividad.

El hecho es que el interés por la mano de obra infantil responde a una lógica perversa basada en que los niños y niñas tienen una menor o ninguna remuneración, son más maleables, causan menores conflictos por ser sumisos y siguen órdenes sin contradecir, por lo que son más fácilmente explotables.