Volantes
Al pueblo
Un acto infame de opresión brutal ejecutado por nuestro tiránico gobierno contra los jefes radicales, ha privado momentáneamente al gran partido de sus cabezas superiores encadenadas para ahogar en sus labios la voz de protesta de los pueblos oprimidos.
La república iba á presenciar mañana uno de los más grandes espectáculos de la vida histórica de nuestra nación, una asamblea de todos los pueblos reunidos á manifestar su aspiración de libertad y del derecho, no para subvertir principios ni derrocar autoridades, sino para imponer al poder incontrastable y dominador por el sufragio de los pueblos, los sanos principios del libre federalismo anhelado ardientemente por todos.
Ese golpe tiene por objeto, la asfixia en su aparición al fuego del patriotismo que iba á arder mañana; la creación de la nación del esclavo al pueblo soberano.
La fuerza del espíritu no sucumbe en el rigor de salvación de los hombres que lo encarnan: las ideas deducidas en conciencia de hombres libres no mueren jamás.
Ánimo, pues, pueblos libres: la tiranía insaciable se aproxima y Nebel y Penina no son más que su primer ensayo.
Aunarán todos los pueblos sus brazos á la voz génica de la patria que sufre, para romper el yugo á sangre y esplendor.
….
Buenos Aires, 1892
Unión Cívica RADICAL
AL PUEBLO
El Comité de la capital invita a los ciudadanos que simpaticen con su programa de principios, a la gran asamblea popular que se celebrará en la plaza de Mayo el día 5 de Abril a las 5 p. m., con el objeto de pasar revista a las fuerzas del partido y protestar contra los últimos avances del oficialismo.
OSCAR LILIEDAL - PRESIDENTE
DIEGO FERNÁNDEZ ESPIRO, P. B. LUNA, CARLOS ZEMBORAIN, MANUEL A. CARRANZA - SECRETARIOS
CARTA POLÍTICA
Al Sr. Dr. D. Luis Sáenz Peña.
Buenos Aires.
Las largas y tristes noches del “Ushuaia”, la imposibilidad de conciliar el sueño sobre el duro suelo de la insalubre pocilga que usted nos había deparado por cárcel, la necesidad de dar al espíritu un alimento que negaba a nuestro cuerpo, llevaron necesariamente y fatalmente a reflexionar sobre las condiciones intelectuales y morales de quien así nos hacía purgar el horrible crimen de haber sido consecuentes con el credo político que usted mismo nos predicara hasta hace menos de año y medio.
En el orden que esos temas se agolparon a mi espíritu, en la forma que en que fluyen al pensamiento pero con la espontaneidad y con la sinceridad que brotaron de mi alma, los iré exponiendo, y ellos formarán el lema de estas cartas políticas que sólo en Dios espero lleguen a sus manos, una vez que conozco el criterio estrecho de los hombres que a usted rodean y que entienden que un Presidente de la República no debe leer sino aquello que le sea favorable.
Permítame doctor que me detenga a estudiar su fisonomía moral.
Un hombre como usted hasta ayer honrado y respetado en razón de su carácter y de su consecuencia política; ¿qué uso ha hecho de esas dos virtudes cívicas?
¿No abandonó usted acaso nuestras filas ante la perspectiva de la Presidencia? ¿No se ha entregado usted con armas y bagajes al enemigo declarado de toda su vida?
Conservo aún la impresión que me causaron sus fogosos discursos en contra del General Roca, y esta aún húmeda la pluma con que usted firmaba sus proclamas y la correspondencia del comité irigoyenista en la lucha del año 85 y del comité de la Unión Cívica en los años 90 y 91.
Conozco desde entonces mi modo de opinar sobre las personalidades de Pellegrini y Lucio López, sus amigos y sus grandes apóstoles de hoy.
Debe usted haber olvidado mucho, o muy escaso debe ser el número de los hombres que lo rodean cuando los tiene usted hoy tan cerca de su lado.
¡Hombre de carácter! y en menos de un año lo ha tenido usted más veleidades que un niño, y la República ha presenciado el hecho vergonzoso de una serie de regencias ó tutelajes. De Quintana á la Torre, de L. Torre á su hijo Roque, de su hijo Roque á Roca, de Roca á Del Valle, de Del Valle á Pellegrini y de Pellegrini… sabe Dios á quién, cómo y hasta cuándo.
¡Magistrado integérrimo! y ha aceptado usted una candidatura únicamente oficial, pactada á la luz del día por el mismo Presidente de la República, con los generales Mitre y Roca: impuesta bajo la presión de la ley del estado de sitio y mientras se hallaban presos sus antiguos amigos personales por sus recientes correligionarios políticos.
¡Hombre leal! y traiciona usted una amistad que había llegado á ser proverbial en Buenos Aires, y la sensualidad del poder ahoga en su alma los sentimientos de una amistad de cincuenta años, y llega Vd. hasta decretar el destierro del que hasta ayer, más que su amigo, llamaba Vd. su propio hermano.
Hombre de arraigadas creencias religiosas, católico sincero y ferviente como ha dado Vd. en llamarse! y no ha llevado al Ministerio del Culto, un solo ministro católico; pero en cambio ha llevado usted los liberales más caracterizados. Amancio Alcorta y Eduardo Costa, ha sacrificado Vd. para nuestra juventud estudiosa el plan de estudios más acentuadamente materialista que se haya dictado.
¡Hombre honrado! y ha encarcelado Vd. la juventud de Buenos Aires, la que precisamente predicaba y reclamaba el castigo de los ladrones del tesoro público y ha deportado ciudadanos de la talla moral de Irigoyen, Pereyra, Ocampo etc.; ¿en cambio de qué? de compartir su gobierno y su mesa con los gobernantes y los militares sostenedores del oprobioso régimen del Dr. Juárez Celman y los especuladores de los Bancos y de las arcas públicas.
¡Hombre de largas miras políticas! y en doce meses de presidencia ha tragado Vd. veintiocho ministros sin producir sino conflictos y aumentar las sombras, y todo esto para concluir dando el generalato de las fuerzas a su enemigo declarado y jurado, el general Roca, de quien á usted decir repetidas veces que era el genio maléfico de la República, y á quien había á todo trance que destruir y exterminar.
¡Hombre conservador! y con la misma mano que le he visto á usted colocar sobre el pecho del coronel Espina, la medalla con que el pueblo de la capital quiso conmemorar y agradecer á los valientes revolucionarios del año 90 la defensa de su causa, le he visto á usted firmar su sentencia de muerte.
¡Qué abismo lo han arrastrado á usted, doctor, sus pasiones y los políticos que lo rodean!
¡Hombre de sentimientos humanitarios! y mientras sus sayones llenaban las cárceles de Santa Fé con centenares de honestísimos ciudadanos, la fuerza nacional de la cual es Vd. capitán general, asaltaba, robaba, violaba y asesinaba, en la provincia de Santa Fé, sin que la autoridad nacional haya encarcelado hasta hoy, una sola de esas fieras.
No noto el cambio radical que se ha operado en Vd.?
Mientras su política anda á tientas y á ciegas, sobre personas, cosas ó ideales, en su miopía no alcanza usted á ver unido, compacto, agigantado el mismo partido que Vd. contribuyó poderosamente á fundar y en el que militó con su carácter francamente revolucionario aun contra su propio hijo nombrado en aquel entonces jefe de las fuerzas de Juárez Celman en el Rosario!
¿Qué razón ó causa política determinante ha podido motivar por su parte un odio tan declarado á los hombres y á los ideales que usted mismo tan brillantemente sustentaba?
¿O es acaso que su conciencia como en los casos de Edipo ó de Macbeth, diariamente le presenta la sombra de su credo político sacrificado por sus propias manos?
Plinio.
Al pueblo
La dictadura de Pellegrini — Desacato al Juez Federal — Atropellos de la Policía
Pasamos por una situación verdaderamente excepcional. -- La dictadura cierne sus negras alas sobre este Pueblo Argentino tan digno de una suerte mejor.
Para poner presos en uno de los buques de nuestra Armada a los principales hombres del Partido Popular y para impedir que nuestro Partido concurriera al Gran Meeting del Domingo y a los Atrios, han inventado una conspiración y se pretende motejar con toda vileza a los Radicales de Partido, de asesinos, cuando todos sabemos que es el único partido de principios que existe en la República.
No contentos con las prisiones, el Presidente de la República que es solamente uno de los poderes del Estado, ha desacatado las órdenes de otro poder cual es el Federal; ha resistido la orden del Juez Federal Dr. Virgilio M. Tedín, que ha ordenado sean presentados al Juzgado el Senador Nacional doctor Leandro N. Alem y el diputado Víctor Molina.
Cuando uno de los poderes de un Estado desconoce la autoridad de otro debidamente constituido, el primero se ha convertido en dictador y por lo tanto Traidor a la Patria. Artículo 123 de la Constitución Nacional.
Don Carlos Pellegrini se ha puesto en iguales condiciones que Balmaceda en Chile; ha desconocido a otro poder del Estado y en consecuencia es un verdadero dictador. Si gobierna es solo por la fuerza que la Nación ha puesto en sus manos, y de la que tan pésimo uso hace.
La policía de Buenos Aires, de esta que llaman la hermosa Atenas del Plata y a la que le faltan, desgraciadamente, las virtudes de Esparta, se ha convertido en una guardia pretoriana completamente ensoberbecida que desnuda sus machetes para imponer al Pueblo y culatea bestialmente a los infelices que cometen el delito de reunirse en las plazas públicas.
Tal ha sucedido ayer que hasta débiles mujeres han sido heridas en la Plaza Victoria.
Queda pues, constatado que lo de la conspiración, conjuración etc., es una solemne farsa y de la que están arrepentidos sus autores.
Que lo de asesinatos, bombas orsini etc. es una gran pillería.
Y que dado este estado, nadie, nadie absolutamente debe cejar un ápice y por el contrario debe retemplar su espíritu pues en la adversidad se forman los hombres dignos y los ciudadanos patriotas como deben ser los buenos Argentinos.
Viva la Constitución — Viva la Unión Cívica Radical — Abajo la dictadura