Presidencia de la Nación

Mensaje del presidente de la República Domingo Faustino Sarmiento

Apertura de las sesiones del Congreso Nacional
Mayo, 1874


Por última vez vengo a tener el honor de presidir el acto de la solemne apertura del Congreso Nacional, que se efectúa en medio de las bendiciones de la paz de que goza la República, y por cuya dispensación debemos rendir gracias al Creador y congratularnos y congratular a la gran mayoría del pueblo argentino, que con no pocos sacrificios ha respondido al propósito de las leyes del Congreso, y segundado eficazmente la acción del Poder Ejecutivo a quien por la Constitución está reservada su aplicación.

El progreso de las rentas ha seguido de año en año una proporción igual en su aumento a la que han alcanzado la educación del pueblo, la correspondencia epistolar, la inmigración, el consumo de papel, que es la medida del movimiento intelectual, la viabilidad y la telegrafía.

Mañana estaremos al habla con la Europa, no solo nosotros aquí en el puerto que nos pone en comunicación con ella, sino los que residen en el último rincón de la República. En ferro-carriles, líneas telegráficas y caminos carriles, nuestro país marcha a la vanguardia de esta parte de América.

La inmigración que alcanzó a la suma de treinta y nueve mil individuos entonces, fue de ochenta mil el año pasado y ofrece llegar a cien mil en el presente.

En 1868 había en los Colegios Nacionales educándose 1006 niños, y en 1873 han subido a 4000. No se recojían datos sobre la educación primaria antes de 1868.

Como la población no ha podido doblar en número en el quinquenio de que doy cuenta, es evidente que cada habitante ha doblado la suma de bienestar de que gozaba, desarrollando doble riqueza, doble inteligencia y doble actividad.

La administración actual ha tenido que distraer grandes sumas del servicio ordinario a que están destinadas las rentas para atender a gastos extraordinarios, y pagar deudas de la administración anterior. La guerra del Paraguay nos ha dejado a pagar y han sido en su totalidad satisfechos cerca de treinta millones de pesos, gasto que, aunque legítimo, ha embarazado la marcha de la presente administración. Pero debemos soportar con dignidad las obligaciones que nos impuso la necesidad de defender nuestros derechos.

Sería una complicidad culpable en el Gobierno al daros cuenta de la situación del país, si guardase silencio sobre el desafuero y procacidad consentida a que han llegado ciertas publicaciones periódicas. El lenguaje de la prensa argentina es único hoy en la tierra; y es peligrosísimo para los pueblos lanzarse incautos en caminos que no ha trillado nación alguna del mundo. El lenguaje consentido de los diarios, si bien no produce inmediatamente los resultados que intenta, los produce a la distancia, sea de tiempo o lugar, en la perturbación que causa en las ideas de los ignorantes, en las pasiones que azuza, en las nociones erróneas de libertad o de derecho que difunde.

Tan rápida ha sido la transformación de las fronteras, que ha costado dos años a la opinión persuadirse que los salvajes habían dejado de ser una amenaza seria y un peligro para la riqueza rural. Los indios están virtualmente sometidos, y se acerca el tiempo de que sus disminuidas y aisladas tribus sean traídas a reducción; pues en el estado actual de estas tribus, nuestros medios de defensa de frontera son costosísimos en relación al número de lanzas de que cada una de ellas dispone; pero necesarios e inevitables a causa de la dilatada extensión de la frontera y de la incertidumbre del punto amenazado.

DOMINGO F. SARMIENTO

Podés escuchar el discurso del expresidente Sarmiento aquí

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