La élite política revolucionaria
Entre 1806 y 1820 se dieron distintos ensayos de organización política. El proceso revolucionario iniciado luego del 25 de mayo de 1810 no logró resultados en el corto plazo, aunque sí estableció los pilares del cambio. Así, la revolución trajo aparejada la ruptura del pacto colonial y un primer experimento de autogobierno. Esta decisión no fue una separación inminente de la monarquía, sino que se maduró con posterioridad.
Un elemento fundamental para la legitimación de las nuevas formas de gobierno fue el uso y la captación del "pueblo" a través de la implementación de diversas herramientas discursivas como bandos, proclamas, decretos y periódicos. Asimismo, con igual objetivo, se impuso el uso de uniformes para las milicias, la creación de símbolos patrios (escarapela y bandera) y festividades como las fiestas mayas.
Los primeros ensayos de gobierno (Primera Junta, Junta Grande, Directorios y Triunvirato) pusieron en escena las disputas entre los sectores conservadores y los más radicalizados, un factor que se complejizaba con la polémica por el control del poder que poseía Buenos Aires. Esto condujo a la fragmentación del poder político y la derrota del centralismo porteño, en la batalla de Cepeda.