"Las tecnologías deben potenciar las habilidades de los trabajadores del tambo"




Cuando una vaca entra al tambo Chiavassa, un sensor que tiene en su oreja envía una señal a una antena y activa un sistema de control en tiempo real. Los operarios de esta empresa familiar de Carlos Pellegrini, Santa Fe, tienen computadoras en cada puesto de ordeñe con las que acceden a todos los datos de cada vaca que va pasando: número de lote, rendimiento promedio, niveles de salud y tratamientos especiales.


Se trata del primer tambo rotativo del país, también conocido como “tambo calesita”, por su forma redonda que permite que las vacas circulen continuamente en un ambiente tranquilo. Grupo Chiavassa lo incorporó en 2010 y logró superar la producción media nacional. En Argentina, una vaca promedio da 18 litros de leche diarios, mientras que las de Chiavassa llegan a 40.





El sistema da señales claras que permiten disminuir el margen de error: la luz de la jeringa habilita el ordeñe y la del balde tachado significa que esa leche no puede ir al tanque general. La pezonera también está conectada al sistema y si una vaca, por ejemplo, tiene mastitis, una infección de la ubre muy frecuente, directamente se anula la succión de leche.





Además, las vacas tienen collares que generan distintos algoritmos según sus movimientos e identifican cuando comen, se acuestan, caminan o jadean. ”Podemos diagnosticar enfermedades tres días antes de que aparezcan los síntomas porque la vaca modifica su patrón de comportamiento”, explica Cristian Chiavassa, director e hijo del fundador del tambo. Así, lograron mejorar la calidad de vida de las vacas y bajar los niveles de mortalidad del 12 al 6%.

Podemos diagnosticar enfermedades tres días antes de que aparezcan los síntomas porque la vaca modifica su patrón de comportamiento.

Cristian Chiavassa



El bienestar animal fue uno de los pilares para duplicar la producción y llegar a los 14 millones de litros de leche anuales en 2018. Las vacas son ordeñadas en un ambiente silencioso, lo que favorece la bajada de leche. Además, los Chiavassa construyeron galpones con camas de compost para el ganado y techos corredizos que permiten la ventilación natural.


“Cuando incorporamos la tecnología nunca pensamos en despedir gente. Al contrario, duplicamos la cantidad de trabajadores y los litros producidos por persona. Lo importante es generar confianza en los trabajadores y potenciar sus habilidades”, cuenta Cristian. Para eso, crearon una sala de capacitación para 30 personas donde tratan temas como la gestión del tambo y el impacto de la tecnología.