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Una historia compartida: sesenta años de la galería Ruth Benzacar en un documental

Con la participación de los realizadores Ivo Aichenbaum y Agustina Pérez Rial, las directoras de la Galería Ruth Benzacar, Orly Benzacar y Mora Bacal, junto a Gabriela Incola y Esteban Tedesco, se proyectó el corto documental “Hay tiempo” en la Casa Victoria Ocampo.

¿Cómo contar una historia de 60 años en un documental de veinte minutos? ¿Cómo reflejar una trama compleja que surge en la intimidad de una familia en el barrio de Caballito y termina en un proyecto que, sin perder esa cualidad familiar, alcanza visibilidad internacional y se convierte en la galería más importante de la Argentina?

Fue esa la tarea que tuvieron en sus manos Ivo Aichenbaum y Agustina Pérez Rial, realizadores de Hay tiempo, un corto documental que narra la historia de la galería de arte Ruth Benzacar, fundada en Buenos Aires en 1965 que se proyectó el pasado miércoles 15 de abril en la Casa Victoria Ocampo. La pieza reúne material del propio archivo de la galería y de otras fuentes documentales, como el archivo del coleccionista Gustavo Bruzzone y el de la cineasta Narcisa Hirsch.

Figuras como Antonio Berni, León Ferrari, Marta Minujín, Luis Benedit, Luis Felipe “Yuyo” Noé y Pedro Roth desfilan en fotografías, videos y recortes de prensa. La voz de Ruth y los testimonios de las continuadoras de su legado —su hija Orly y su nieta Mora, actuales directoras de la galería— dan cuenta de un proyecto que es un hito ineludible en la historia del arte argentino.

Antes de la proyección, el presidente del Fondo Nacional de las Artes, Tulio Andreussi Guzmán, dio la bienvenida al público y recordó que fue un honor para la institución haber otorgado, en 2025, el Premio Trayectoria en Gestión Cultural a Orly Benzacar.

En la charla posterior a la proyección, la emoción de Orly Benzacar reflejó la de quienes participaron del encuentro: “Estoy muy emocionada —comentó—, porque el documental es emocionante: hay un caudal afectivo, hay algo del modo en que la galería decidió desde su origen vincularse con los actores de la escena. Los que conocieron a Ruth la recuerdan así: te ponía la oreja, te daba de comer rico, tenía una actitud muy cariñosa. Así era y sigue siendo la relación con los artistas, como una familia”.

Sobre el archivo que nutre el documental, Gabriela Incola, responsable de comunicación de la galería, señaló: “No nació como un archivo institucional, sino como una colección de gestos —recortar, guardar, pegar— que se convirtió en una memoria viva que genera nuevos sentidos”.

En esa misma línea, Agustina Pérez Rial se refirió a la experiencia de construir el retrato de la galería y destacó el valor del archivo: “Por un lado —dijo—, la galería ha conservado materiales que es difícil encontrar en otras instituciones; eso le da una potencia que permite seguir investigando. Por otro, el lujo de un archivo hecho por artistas: vemos la galería a través del ojo de Pedro Roth, uno de los fotógrafos de sociales”.

Por su parte, Ivo Aichenbaum destacó el rol de la música en la realización del documental: “La decisión de usar el disco Nocturnos, de Nicolás Bacal —hijo de Orly y hermano de Mora— para los archivos fílmicos y las fotografías en blanco y negro; y luego una serie de grabaciones de principios de los 2000, de Ismael Pinkler, permite que la pieza juegue hacia el pasado y hacia el futuro, anudando espíritus generacionales muy distantes en el tiempo”.

Lejos de la formalidad de una conferencia, las intervenciones de Orly Benzacar, Mora Bacal y Esteban Tedesco, junto con la moderación de Inés Etchebarne, directora de la CVO, dieron lugar a un diálogo del que participó activamente el público, compartiendo anécdotas y recuerdos.

En ese intercambio, Mora Bacal —tercera generación de la galería, a la que se incorporó en el año 2000— compartió su mirada sobre el presente y el futuro del proyecto: “Creo que la galería, con esta capacidad de acomodarse a los tiempos que le tocaron —a todos los tiempos—, fue acompañando la profesionalización de este sistema, de este negocio. Ruth entendió muy rápido que esto era un negocio; tal vez le faltaron herramientas para hacerlo funcionar en ese sentido, y yo vengo con una observación más crítica, a ajustar algunos procesos para actualizarnos, refrescarnos y crecer”.

Luego agregó: “A futuro veo la galería con más planificación y, espero, con el mismo arrojo de siempre, porque confiamos en nuestro ojo: nos podemos dar el lujo de representar a artistas que nos interesan y nos gustan. Trabajamos en base a la confianza: de nosotros hacia nuestros artistas y de ellos hacia nosotros”.

El evento se realizó en el marco de la muestra “Colección Esteban Tedesco: el valor de lo contemporáneo”, un cruce que, como señaló Orly Benzacar, evidencia hasta qué punto el recorrido del coleccionista y el de la galería están entrelazados desde el inicio.

En ese contexto, Esteban Tedesco recordó su vínculo con la galería: “Iba muy seguido, estaba a pocas cuadras de casa. Era parte de mi rutina: tomar un café, charlar con los artistas, con Orly, con toda la gente de la galería. El grupo de artistas que representaban era —y es— buenísimo. Salía de mi mundo del consultorio y del quirófano, y me encontraba con gente totalmente ajena a ese ámbito; me divertía y, de vez en cuando, compraba alguna obra”.

El mercado del arte contemporáneo, el coleccionismo, la internacionalización, el crecimiento del proyecto, la proliferación de museos y espacios dedicados al arte contemporáneo en la Argentina, el impacto de la muerte de Ruth en su continuidad, el desarrollo de Currículum Cero, la creación de una cámara de galerías —Meridiano—, las cuatro mudanzas de la galería y la experiencia de participar en Art Basel fueron algunos de los temas que atravesaron el diálogo entre estas figuras, que, desde distintos lugares, forman parte de la escena artística de nuestro país.

Un documental de veinte minutos, una charla de casi dos horas entre los protagonistas de la galería, artistas presentes en el público —como Ana Gallardo, Marie Orensanz y Marina De Caro, entre muchos otros— y la curadora y crítica Ana Martínez Quijano dieron lugar a un encuentro en el que, a través de la historia de la galería de arte Ruth Benzacar, se recorrieron sesenta años del arte argentino.

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