[Río Negro] Bariloche: Afianzar un nuevo paradigma de consumo y pensar en lo que viene

A lo largo de 2020, la Mesa de Bariloche fue uno de los entramados más activos. Distribuyó miles de toneladas de alimentos de pequeños productores y articuló con otras Mesas como Ingeniero Jacobacci, Villa La Angostura y Fernández Oro. Carlos Irasola, uno de sus articuladores, comenta la experiencia y adelanta lo que se viene.


Carlos Irasola, uno de los articuladores de la Mesa de Bariloche, entró al mundo cooperativo por un equívoco. “Como soy veterinario y vivía en Ingeniero Jacobacci, se acercó gente de la Cooperativa Ganadera Indígena para proponerme vincularme a ellos, después supe que me contactaron porque pensaban que yo formaba parte de una cooperativa de veterinarios que los había ayudado, pero ya no existía. Así empecé, medio de casualidad. Me di cuenta rápido de que no necesitaban solo un veterinario sino alguien que pudiera darles una mano en toda la cancha. Para hacer las liquidaciones de la lana que producían no había ni papel así que usábamos las pocas hojas que teníamos hasta el último centímetro para hacer los recibos”, recuerda.
Irasola fue uno de los organizadores de la logística de la distribución de alimentos de pequeños productores de la zona en Bariloche, Villa La Angostura, Ingeniero Jacobacci y Fernández Oro. En esa tarea fue de suma importancia su carácter de representante patagónico del proyecto Alimentos Cooperativos, una de las primeras comercializadoras de la economía popular que se propuso tener presencia en todo el país. “Siempre estuvo la necesidad de encarar la comercialización de los productos populares. No le encontrábamos la vuelta y la planificación del consumo nos costaba mucho. Cuando empezaron a aparecer por todos lados grupos con la misma idea de precios justos, productos agroecológicos y cadenas cortas, se empezaron a encontrar algunos caminos. Es en ese contexto apareció Alimentos Cooperativos y cuando me invitaron en 2018 a un taller en Buenos Aires, volví con la idea de formar la red en Patagonia. Al comienzo empezamos 15 organizaciones de consumidores y productores, hay otras que se van sumando y con las que se forma un núcleo más laxo”, comenta.
“Lo que se busca es la planificación del consumo y la producción para contribuir a un cambio de los consumidores hacia alimentos de pequeños productores locales. Para eso hay un camino a recorrer porque hace falta ampliar la oferta y que los productores se vayan acomodando a las demandas. Del lado de los consumidores las cosas resultan más sencillas, pero con los productores hay más resistencias porque necesitan tener la seguridad de la venta. Tradicionalmente ellos les venden a las verdulerías, que les pagan un precio muy bajo, pero les aseguran que pueden colocar gran parte de la cosecha. Cuando ven que pueden asegurarse la venta de 200 o 300 cajones con las compras comunitarias, empiezan a confiar más en el sistema, por eso hay que profundizarlo”, señala Irasola.

Ruralidad y el futuro de las Mesas

El cambio operado a partir de las políticas neoliberales, que modificaron profundamente la actividad agrícola en la Argentina es un factor central para entender las dificultades que se presentan hoy en la región patagónica y en gran parte del país, explica Irasola: “Es muy importante que se desarrollen y organicen ese cambio de paradigma en el consumo. Los productores vienen muy golpeados y se van adecuando a lo que surge, están débiles, fragmentados. Pensemos que en la década de 1960 el 40% de la población vivía en zonas rurales, hoy ese porcentaje bajó al 7% y en nuestra región es apenas del 1,8%, hay una enorme extensión de tierra que no es explotada porque las condiciones son muy duras y los jóvenes prefieren emigrar hacia donde tienen al menos la ilusión de tener oportunidades”.
“El vínculo de la ruralidad con lo urbano se vuelve positivo cuando desde las ciudades se valora lo que se produce en el campo. Al mismo tiempo, esa valoración también responde al interés de los consumidores urbanos porque la defensa de los productores locales los beneficia porque consiguen precios justos, mejores alimentos; se dan cuenta de que es necesario asociarse para conseguir eso, que ninguna acción personal cambia la realidad”.
Para Irasola, la de las Mesas es una idea que viene a atender el problema de la dificultad que han tenido las organizaciones sociales para acceder con sus demandas al Estado. “Lo bueno es que las Mesas nos vinculan con los organismos del Estado desde dentro del propio Estado. Es un espacio de unidad porque permite la demanda colectiva al Estado, por encima de las distintas miradas o la fragmentación que pueda haber en el movimiento asociativo, las organizaciones se manejan de forma autónoma y pueden llegar a acuerdos para beneficio mutuo”, asegura.
Una muestra de esa autonomía es, según el referente de Bariloche, el armado de las organizaciones que participaron de los operativos de comercialización impulsados por la Mesa de Bariloche: “Después de los últimos operativos, los proyectos como el de Villa La Angostura caminan solos. En Bariloche también organizan sus compras comunitarias individualmente, los apoyamos y estamos para apuntalar cualquier necesidad que tengan, pero nuestra tarea sirve fundamentalmente de impulso para que la propia Red sea la primera que alimenta a la Red”.
“Hay una sintonía común, una empatía en el trabajo, y no es lo mismo ir solos que de la mano del INAES, por eso estoy ayudando en la formación de la Mesa de Ingeniero Jacobacci, porque también hay mucho por hacer y hay un marco de apoyatura que va a ayudar con el frigorífico municipal, es difícil porque el tema de la carne tiene una comercialización compleja y es un negocio muy cerrado, pero la idea es ponerlo en marcha este año. También hay otros proyectos productivos interesantes como el de lograr salir de la estacionalidad con los chivos y ampliar la comercialización durante gran parte del año para darle mayor sustentabilidad a los productores cooperativizados. Estamos trabajando muy bien con Fernando Tarzia, que está articulando y coordinando la Red desde el INAES”, se entusiasma Irasola.
¿Cómo seguirá la Mesa de Bariloche en 2021? Irasola imagina un futuro de trabajo y reflexión: “La Mesa de Bariloche está reorganizándose para revalidar su representatividad y reafirmar su identidad. Hay muchas ideas, pero lo primero es esa reorganización. Hay un vínculo cercano con otras Mesas y ya estamos reuniéndonos con gente del Valle, de Neuquén porque tenemos muchos problemas en común y sería bueno trabajarlo juntos. Hay que trascender la pandemia y prepararse para el trabajo que se viene en la pospandemia. Es bueno parar la pelota y pensar en lo que viene”.