Presidencia de la Nación

Nuova Piazza: experiencia cooperativa en el corazón de Buenos Aires

Recorremos una de empresas recuperadas que con el aporte del Estado pusieron en marcha su producción garantizando el trabajo.


El frente de vidrio deja ver un local pequeño, muy iluminado y de tonos suaves. Desde adentro se puede ver la plaza de los dos congresos, y un grupo de mesas acondicionadas para recibir comensales en pleno otoño. Nos recibe Analía, presidenta de la cooperativa Nouva Piazza, con una sonrisa de orgullo muestra los exhibidores cargados de medialunas, panes, y varios tipos de tortas. Bajamos al subsuelo donde se encuentra la cocina, un ambiente grande, cálido y bien acondicionado. Hornos a gas, uno eléctrico, sobadora, amasadora, freezer, y dos de sus compañeros preparando la producción de la tarde. Gran parte de esa maquinaria la obtuvieron por medio del programa Manos a la Obra, con excepción del horno eléctrico, que compraron gracias a la ayuda financiera de otra cooperativa.

Pero antes no era así, solo tenían algunas herramientas de cocina, retazos de la historia del local que ahora pertenece a la cooperativa. En otro tiempo supieron ser sus herramientas, en la época en que había un dueño y la modalidad de trabajo era otra.

La pandemia terminó de romper lo que ya estaba roto, y en algunos casos solo fue un peor contexto para aquellos lugares que ya se encontraban en decadencia. Tal es el caso de la Nuova Piazza, que pudo resurgir de la mano de sus empleados quienes, a fuerza de sudor, lágrimas y la ayuda del Ministerio de Desarrollo de la Nación, pudieron conformar una cooperativa y así mantener sus puestos de trabajo.

Pasamos a la oficina, muy ordenada y cálida, los hornos brindan calefacción a todo el subsuelo. Solo nos separan unos centímetros, no hay escritorio. Cuenta que durante septiembre de 2020 con un grupo de compañeros decidieron que el siete de ese mes sería el momento de dar inicio al proyecto cooperativista. En los meses previos recolectaron información sobre los pasos a seguir, se acercaron a la Dirección de Empresas Recuperadas donde se les brindó toda la información necesaria y los requisitos que debían cumplir. Así, con todo contemplado, solo quedaba tomar el lugar. Temían que la policía interviniera y los sacara a la fuerza, pero esto no sucedió y comenzaron a trabajar, esta vez con una nueva realidad, ahora lideran el lugar, deciden que hacer, a quiénes comprar y cuál será el valor de su producción.

Uno de los trabajadores de la cooperativa.

A poco de comenzar a trabajar llega el primer contratiempo, alguien denuncia una fuga de gas. Con el ambiente lleno de sospechas sobre quién podría haber realizado la denuncia, llega la cuadrilla de Metrogas, que encuentran, efectivamente, una fuga de gas en la cocina. Para evitar que cortaran el suministro en todo el edificio aceptan que les corten el gas solo a ellos para evitar generar inconvenientes a los vecinos de los departamentos que están sobre el local. Volvían al punto de partida, incapaces de producir, reflotó la angustia y el desánimo. Pero, pasaron dos cosas que lograrían dejar atrás el mal momento, por un lado, consiguieron el horno eléctrico al que pudieron acceder gracias a otra cooperativa que les prestó el dinero. Y, por otro lado, el retorno del maestro panadero, que al enterarse de la iniciativa de sus antiguos compañeros se contacta para saber si aceptaban sumarlo al proyecto.

Con el espacio recuperado y su maestro panadero sumado al proyecto, debían resolver nuevos problemas, como el salario y ampliar la capacidad productiva. Para enfrentar esos problemas contaron con la ayuda del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, que les otorgó ocho Potenciar Trabajo. Analía cuenta que son fundamentales porque sirven para cubrir parte del salario de los compañeros, y a su vez, le da la posibilidad a la cooperativa de poder crecer. También, accedieron a un convenio con el INAES con el que compraron dos camionetas que usan para abastecer de mercadería a tres hoteles de la zona.

Los productos que utilizan para producir, además de otros tantos que venden como por ejemplo quesos, fiambres, yerbas y otros son producidos por cooperativas, generando vínculos comerciales y solidarios. Esto demuestra que no hay solo una forma de hacer las cosas, la autogestión de los trabajadores es posible y no hace falta un patrón que ponga las reglas y se lleve las ganancias para montar un proyecto productivo.

Una de las integrantes de la cooperativa ofreciendo café.

La presidenta de la cooperativa cuenta que, aunque ella tiene el cargo, todas las decisiones son grupales, y que se encuentran abiertos a sumar nuevos compañeros. Un ejemplo de esto es el caso de la empleada de limpieza que durante la pandemia quedo desempleada y comenzó a trabajar en la Nuova Piazza, pasado un tiempo y con mucho esfuerzo de su parte, logro convertirse en la nueva pastelera del lugar y agradece la posibilidad brindada por la cooperativa que la invito a participar y crecer en sus capacidades profesionales.

En la actualidad ya son 17 los trabajadores y trabajadoras de la cooperativa, con ganas de ser mas, de ampliar el proyecto capacitando al personal, generando oportunidades para los trabajadores, y con la idea de abrir talleres a la comunidad para no ser solo un proyecto con fines comerciales. En el barrio los quieren y sueñan con devolver parte de ese cariño en forma de participación comunitaria.

El afecto entre compañeros se palpa en el aire, las sonrisas son moneda corriente, esos rostros son la decoración final para un proyecto cooperativista que solo piensa en fortalecerse y crecer, mostrando que otras formas de organización productiva son posibles.

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