Monitoreo de dalbulus maidis en Tucumán: fluctuación temporal y densidad relativa en distintos sustratos durante la campaña 2024/25
Nota de investigación de especialistas del INTA EEA Famaillá, publicada en la edición N°14 de la Revista Horizonte Agroalimentario.
Dalbulus maidis (DeLong y Wolcott, 1923), hemíptero de la familia Cicadellidae, originario de Centroamérica, es una especie típicamente americana que co-evolucionó con el cultivo del maíz. Su distribución actual se extiende desde el sur y centro de Estados Unidos hasta el centro de Argentina (Triplehorn y Nault, 1985; Virla y col., 2013; Alonso y col., 2023).
Los adultos son muy pequeños (3 a 4 mm de longitud) de coloración amarilla a amarillo-verdosa y presentan, en el vértice de la cabeza, dos manchas negras (máculas) rodeadas por un halo blanquecino que sirven como principal característica de diagnóstico. Los adultos poseen dimorfismo sexual, las hembras son de mayor tamaño y tienen un ovipositor esclerosado visible ventralmente como una línea oscura longitudinal que abarca varios segmentos abdominales (Larsen y col., 1993; Larsen y Nault, 1994). Las ninfas atraviesan cinco estadios ninfales antes de alcanzar el estado adulto y carecen de máculas (Virla, 2024).
Dalbulus maidis es considerada una especie monófaga, cuyo rango de hospedantes incluye plantas del género Zea (maíz y teocintles) y Tripsacum dactyloides (L.). Sin embargo, se observa un mejor desempeño en Zea mays, razón por la cual se la considera especialista de dicho cultivo (Virla, 2024).
Su distribución en Argentina está fuertemente condicionada por el clima, en particular por las temperaturas mínimas, y por la disponibilidad de maíz como hospedante. De acuerdo con Virla y col. (2013), se reconocen cuatro zonas climáticas: tropical (≥16-17 °C, presencia permanente), subtropical (15-16 °C, varias generaciones), de transición (12-15 °C, desarrollo estival) y templada u ocasional (<12 °C, presencia esporádica). Dentro de este marco climáticobiogeográfico se inscribe la ecorregión del Chaco Seco, ubicada en el noroeste argentino, dentro de la cual se pueden distinguir tres subregiones, Chaco Árido, Chaco Serrano y Chaco Semiárido, siendo este último el de mayor extensión territorial. El Chaco Semiárido abarca el oeste de Chaco y Formosa, casi la totalidad de Santiago del Estero, el este de Salta y Tucumán y una pequeña porción del noreste de Catamarca (TorrellaI y Adámol, 2025). En esta región, el maíz constituye uno de los cultivos principales, predominando los sistemas de secano, con siembras generalmente realizadas en diciembre, coincidiendo con el inicio de las precipitaciones estivales.
En concordancia con este contexto productivo, durante la campaña 2023/2024, se registró en el Noroeste Argentino (NOA) una superficie total sembrada con maíz de 472.400 ha. En la provincia de Tucumán, con aproximadamente 50.000 ha implantadas, se destacó el departamento Burruyacú, que concentró cerca del 50% de la superficie provincial, seguido por Leales (14.300 ha), Graneros (13.300 ha), Cruz Alta (11.700 ha), La Cocha (7300 ha) y Simoca (1450 ha). (European Space Agency, s.f.).
La subregión del Chaco Semiárido, se superpone en gran parte de su extensión con las zonas tropical y subtropical definidas para D. maidis. Estudios realizados por Virla y col. (2003) en la provincia de Tucumán demostraron que Dalbulus maidis desarrolla, bajo las condiciones agroclimáticas locales, al menos cinco generaciones entre los meses de noviembre y mayo. Los adultos correspondientes a la última generación sobreviven al período invernal y recolonizan los cultivos de maíz durante la primavera siguiente, asegurando así la continuidad poblacional del vector.
Los daños ocasionados por D. maidis pueden ser directos, asociados a la alimentación y oviposición generando lesiones en los tejidos y contribuyendo al estrés hídrico, o indirectos, derivados de su capacidad de transmitir patógenos. Los daños directos son relevantes sólo a altas densidades poblacionales del insecto. El daño indirecto ha adquirido particular relevancia debido a que esta especie actúa como vector de las enfermedades que provocan el “Achaparramiento del maíz”: Maize rayado fino virus (MRFV), Maize bushy stunt phytoplasma (MBSM) y Corn stunt spiroplasma (CSS) (Nault, 1980; Nault, 1983; Oliveira y col., 1998; Giménez Pecci y col., 2002; Virla y col., 2004). Si bien históricamente estas enfermedades fueron consideradas secundarias, durante la campaña 2023/24 se transformaron en un problema de alcance nacional.
Este escenario estuvo fuertemente influenciado por condiciones ambientales excepcionales. La marcada disminución de la precipitación acumulada durante el ciclo del cultivo en la región, asociada a un déficit hídrico, produjo una elevada vulnerabilidad fisiológica del maíz. A ello se sumó un invierno 2023 excepcionalmente benigno, caracterizado por anomalías térmicas positivas que favorecieron la supervivencia invernal del vector. En la Figura 5 se observa que las temperaturas medias máximas y mínimas se mantuvieron en rangos significativamente superiores a la normal climática, alcanzando valores ubicados en los percentiles más altos de la distribución empírica de frecuencias estimada para el período 1967-2025 en la EEA Famaillá del INTA. Estas condiciones térmicas extremas, junto con la reducción en la ocurrencia de heladas y una menor amplitud térmica diaria, promovieron una mayor supervivencia y potencial reproductivo del vector durante la estación fría.
Simultáneamente, el aumento de la superficie maicera y la ampliación y solapamiento de fechas de siembra (incluso hasta fines de enero o inicios de febrero) generaron una elevada disponibilidad de alimento y un “puente verde” que pudo haber favorecido la continuidad poblacional e incremento de D. maidis. La convergencia de estos factores desencadenó una epifitia de gran magnitud ocurrida durante la campaña 2023/24, que provocó pérdidas productivas que alcanzaron hasta el 80% a nivel nacional.
Para abordar la problemática planteada, el equipo de trabajo de la Estación Experimental Agropecuaria Famaillá del INTA, junto a las Agencias de Extensión Rural, implementó una red de monitoreo en puntos estratégicos de la provincia de Tucumán, orientada al conocimiento de los niveles poblacionales del vector, durante el período invierno-primaveral 2024/25, para establecer estrategias de manejo y control.
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