“Me conmueve cuando la transferencia de tecnología mejora la calidad de vida de la gente”

En una nueva producción del ciclo de videos “Tecnólogas que transforman”, donde las mujeres del INTI comparten sus trayectorias, Silvia Velázquez asegura que su actividad es casi detectivesca a la hora de diagnosticar las fallas en las edificaciones o de promover la restauración de íconos arquitectónicos. La especialista reflexiona sobre la compleja tarea de compatibilizar la maternidad con el desarrollo profesional y sobre la disparidad de género en el sector de la construcción


Silvia Velázquez es Arquitecta de la Universidad Nacional del Nordeste y especialista en construcciones del instituto, desde donde realiza actividades tan diversas como el control de calidad de los productos de la construcción, el asesoramiento para la puesta en valor de edificios patrimoniales; o la asistencia a personas sin empleo para la edificación de viviendas.

El ámbito de la construcción siempre fue familiar para la directora Técnica de Evaluación y Rehabilitación Edilicia del INTI. “Desde muy chica viví la obra de mi casa junto a mi padre, que es ingeniero en Construcciones, y junto a mi hermana lo ayudábamos. Todas las vacaciones, durante 12 años, las pasamos en Ituzaingó, en Corrientes, viendo cómo se construía Yacyretá, donde trabajaba mi papá”, recuerda la tecnóloga, quien al iniciar el secundario ya sabía que quería ser arquitecta.

Como estudiante en una escuela técnica de su provincia, Corrientes, donde la mayoría eran varones, Velázquez obtuvo el primer promedio de su camada y vivió con naturalidad durante mucho tiempo esa situación de disparidad, sin tomar conciencia acerca del imaginario machista que existe en torno a los ambientes técnicos. “Recuerdo que en un desfile de la escuela donde fui abanderada, escuché del público decir: “Mirá, en el industrial hay mujeres”. Esa fue la primera vez que advertí que no todo era tan natural como lo era para mí, que me habia criado entre obras”.

En 1998 se incorporó a la Dirección de Obras del INTI, tras presentarse a una convocatoria para 80 jóvenes profesionales. Posteriormente, ingresó al área de Construcciones, hace muchos años, me atrapó todo lo que se hacía, esa tarea detectivesca de poder evaluar e investigar en los laboratorios las causas de las fallas en las edificaciones, como fisuras o filtraciones, y proponer soluciones para su reparación”, señala.

A pesar del entusiasmo por su trabajo, la llegada de la maternidad para la experta del INTI representó una crisis en torno a su actividad. “Cuando nació mi primera hija sentí que no podía dejarla al cuidado de otra persona y pensé en dejar Construcciones. En ese momento, la contención de la institución, de todo su grupo humano, fue fundamental. Mi jefa, desde su propia experiencia, me alentó a que no dejara de lado mi desarrollo profesional. A su vez, fue decisivo contar con el Jardín de Infantes de la sede central del instituto, que me dio durante años la tranquilidad de saber que mis hijos estaban cuidados”, expresa. Tiempo después, cuando su segundo hijo tenía dos años, aceptó aplicar a una beca de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional, en convenio con INTI, para capacitarse durante dos meses en el país nipón. “Aprendí a superar estar lejos de mis hijos, y, con el apoyo de mi familia, pude compatibilizar la maternidad con mi crecimiento profesional”.

Velázquez asegura que la mayoría de los representantes técnicos en las grandes empresas de la construcción son hombres. Señala que esa disparidad se expresa incluso en la ausencia de vestimenta de trabajo para las mujeres que realizan actividades en las obras. “La mujer tiene que hacer un doble esfuerzo por demostrar sus capacidades, pero en lo personal siempre me sentí muy segura”, afirma.

Como referente del Programa Restaurar del instituto, destaca haber tenido la posibilidad de participar en la preservación de íconos arquitectónicos como el Congreso de la Nación, Casa Rosada, la Basílica de Luján, o diversas estancias argentinas. En Córdoba lideró el estudio y asesoramiento para la reparación de los edificios de la manzana jesuítica. Desde un conocimiento profundo de los materiales y su comportamiento, pudo descifrar, con su equipo de trabajo, cómo fueron construidos, si los materiales eran autóctonos o fueron traídos de otras zonas. “Es increíble, pero empezás a reconstruir parte de lo que sucedió hace más de 400 años. Por eso siempre digo que los edificios hablan y son testigos de la historia”, recalca Velázquez, quien se capacitó en restauración patrimonial en Italia y Portugal.

Otro trabajo de gran relevancia que impulsó con el equipo de Restaurar fue la preservación de la biblioteca de la estancia los Talas, en Navarro, que posee más de 50 mil ejemplares, entre los que se encuentran 6 mil manuscritos de Juan Bautista Alberdi. La experta comenta que se evaluaron las patologías constructivas para la reparación de filtraciones y se logró definir la temperatura y humedad necesarias para conservar ese valioso material histórico en base a la asistencia interdisciplinaria del INTI.

Si bien señala que desde el área de Construcciones da apoyo a todas las grandes empresas del sector, rescata su trabajo junto a los municipios para que personas que no tenían un empleo puedan desarrollar bloques de hormigón para construir viviendas. “Siempre trabajamos en grandes obras, pero estas pequeñas cosas, son grandes obras también. Me conmueve cuando la transferencia de tecnología mejora la calidad de vida de la gente”, concluye.